Nan Goldin se corona en el Grand Palais con un desafío a los límites de la foto y el cine
Antonio Torres del Cerro
París, 17 mar (EFE).- El Grand Palais de París pone el broche de oro a la gran retrospectiva europea de la estadounidense Nan Goldin. La exhibición, que se abre mañana miércoles al público, consagra a una artista icónica que, a sus 72 años, difumina las fronteras entre la fotografía y el séptimo arte.
Bajo el título ‘This Will Not End Well’ (‘Esto no acabará bien’), la muestra se instala hasta el 21 de junio en las imponentes salas del Gran Palais.
Sin embargo, el espectador no encontrará allí los muros blancos y luminosos habituales de una pinacoteca. La exposición sumerge al visitante en una penumbra casi total, recreando la atmósfera de una ‘cámara oscura’ donde seis instalaciones inmersivas proyectan las secuencias de diapositivas que componen la revolucionaria obra de Goldin.
Tras su paso por Estocolmo, Ámsterdam, Berlín y Milán, la fotógrafa ha elegido París como punto final de su gira europea.
Se trata de una elección cargada de simbolismo para una artista que siempre ha mantenido un idilio especial con la capital francesa, donde fue condecorada en 2006 con la medalla de la Orden de las Artes y las Letras.
Una sinfonía de imágenes y sonidos
«Nan ha estado creando series de diapositivas durante toda su carrera», explica a EFE el comisario principal de la muestra, Fredrik Liew.
En esta retrospectiva, la leyenda del ‘underground’ va un paso más allá: las proyecciones no son meros pases de fotos, sino piezas cinematográficas acompañadas de bandas sonoras y, en algunos casos, de una narración íntima de la propia autora. Son, según la propia Goldin, «películas compuestas de fotografías», una confesión de quien nunca aspiró a ser fotógrafa, sino cineasta.
El recorrido transita por obras recientes como ‘Stendhal Syndrome’ (2024), inspirada en los mitos de ‘Las metamorfosis’ de Ovidio para explorar el desvanecimiento ante la belleza abrumadora del arte; o ‘Sirens’ (2019-2020), una inmersión en el éxtasis de las drogas.
Este último es un tema recurrente y doloroso que Goldin rescata también en ‘Memory Lost’, un viaje claustrofóbico por el síndrome de abstinencia que ella misma sufrió tras su adicción a los opioides.
La balada de una generación
Pero el corazón de la muestra sigue siendo ‘The Ballad of Sexual Dependency’ (1981-2022).
Durante 45 minutos, la pieza maestra de Goldin despliega su crudeza y melancolía al ritmo de la ‘chanson française’ de Charles Aznavour, el post-punk de Iggy Pop y el jazz de Chet Baker.
En esta serie, la cámara de Goldin retrata a los amigos que perdió durante la epidemia del sida en los años 80 del siglo pasado, en medio de ambientes marginales, el desorden de los cuartos de hotel y la intensidad de los clubes nocturnos.
Sus imágenes de cuerpos desnudos, rostros contorsionados y miradas procaces conviven con un respeto profundo hacia el colectivo LGTBIQ+ y las ‘drag queens’ que poblaron el Nueva York en el que creció.
El compromiso innegociable
La artista no compareció físicamente al estreno parisino, pero envió un mensaje de voz durante la presentación.
En él, Goldin reafirmó su compromiso político al anunciar su próximo proyecto sobre el conflicto en Gaza.
«Estoy preparando una película hecha con directos efímeros de Instagram filmados por periodistas, muchos de ellos ya asesinados», explicó la artista, advirtiendo de que el material sigue en proceso porque «el genocidio continúa». EFE
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