Ni la escuela de Irán ni la matanza de Bucha: la nueva propaganda para negar masacres
Jorge Ocaña
Madrid, 18 mar (EFE).- La propaganda bélica desplegada alrededor de la masacre en la escuela femenina de Minab repite los patrones de la que se utilizó hace cuatro años contra la muerte de civiles en Bucha: desinformación personalizada y global para negar una masacre.
Ambos casos, que ocurrieron en conflictos con distintos trasfondos y diferentes actores implicados, tienen en común que, una vez se hicieron públicos, una potente maquinaria de propaganda se activó en redes sociales para convencer al mayor número posible de usuarios de que estos hechos no habían ocurrido.
Aunque se trate de un recurso que siempre ha existido, las redes sociales han transformado la forma de hacer propaganda bélica con mensajes desinformadores más personalizados que llegan a un público más global y que pueden llegar a ser más dañinos, según expertos consultados por EFE.
Una maquinaria que se renueva
Tras el bombardeo de Guernica el 26 de abril de 1937 por la aviación alemana e italiana, el bando franquista difundió en la prensa de la época que la destrucción se debió a la «barbarie marxista» y a incendios provocados por nacionalistas vascos, una falsedad que fue rápidamente desmentida por la prensa internacional y las propias fuerzas alemanas, que admitieron el ataque durante los juicios de Núremberg.
En aquel momento, la mentira se propagó a una audiencia masiva y heterogénea, mientras que en la actualidad la propaganda está diseñada para «una mente concreta», un perfil de usuario que consume un tipo de «ecosistema dentro de la red», explica a EFE Eva Moya, experta en análisis de inteligencia en redes sociales.
«Antes [el mensaje] se dirigía a una masa de gente muy grande para ver a quién se convencía. Ahora con las nuevas tecnologías, tienes una capacidad de elaborar un discurso tan a medida que prácticamente se están dirigiendo a ti con tu nombre y apellidos», explica.
A ello se suma que las redes sociales permiten emitir una gran cantidad de mensajes propagandísticos «de manera muy rápida» que lleguen a una audiencia mucho más amplia que antiguamente, apunta Javier Borrás, analista del CIDOB.
Aun así, matiza que el hecho de que existan más canales que hace años dificulta crear un «mensaje único». «En redes sociales, siempre encontrarás hechos e imágenes que refuercen tus preconcepciones sobre un conflicto. Ante un crimen de guerra, siempre encontrarás un contenido ‘factual’ o audiovisual que lo ratificará o desmentirá», subraya.
Así funcionó la propaganda en Bucha y Minab
En abril de 2022 se conoció que soldados rusos habían asesinado a decenas de civiles en la ciudad ucraniana de Bucha. Al poco de trascender la noticia, autoridades del Kremlin e internautas afines acusaron a Ucrania de haber escenificado las muertes después de la retirada de las tropas rusas.
Imágenes satelitales confirmaron que los cuerpos estaban ahí antes de que el Ejército de Rusia se replegara, lo que dio pie a que las redes sociales se inundaran de versiones alternativas. La más viral, aquella que afirmaba sin pruebas que los cuerpos eran de militares rusos asesinados a manos del Ejército ucraniano. Cuatro años después, perfiles con miles de seguidores denominan a ese episodio el «montaje de Bucha».
Del mismo modo, después de que Irán denunciara el bombardeo de una escuela en la ciudad de Minab el primer día de la ofensiva de Estados Unidos e Israel, en redes se alimentó la narrativa de que el ataque nunca había ocurrido. Como argumentos, muchos usuarios aludieron a que la IA de X, Grok, acusaba a medios de difundir unas imágenes de un bombardeo en Kabul en 2021 como si fueran el ataque a una escuela.
Las imágenes, no obstante, eran reales y a lo largo de los días se acumularon otras muchas evidencias (vídeos, testimonios, imágenes de satélites) que confirmaban el bombardeo. Entonces, en redes se propagó la falsedad de que Irán había admitido ser el autor del ataque.
Miente, que algo queda
Esta gran aluvión de versiones y contenidos no solo logra manipular al público para que crea una versión, también puede empujar a la gente a que no se crea nada, alerta Javier Borrás.
«Esto a veces encaja con los objetivos del propagandista: a veces, no le importa tanto que opines de cierta manera de un conflicto, sino que su objetivo es que tires la toalla y ya no le prestes atención», sentencia este experto.
No obstante, y pese a las similitudes a la hora de negar las matanzas que dieron lugar al inicio de ambas guerras, Eva Moya, quien también es directora de ciberseguridad en la tecnológica Atos, apunta que la guerra de Irán abre otro nuevo escenario en la forma en que se difunde la propaganda bélica en la esfera digital.
Según esta analista, es la primera vez que observa en las redes a actores de todas las ideologías y capas sociales comentando, difundiendo y consumiendo propaganda de un conflicto.
«Con esto hemos llegado también a otro nivel que nunca habíamos visto. Se están abriendo nuevas perspectivas del análisis de las redes respecto a la difusión de la propaganda», sentencia. EFE
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