Ovidio vuelve a transformarse: el Rijksmuseum revive “las Metamorfosis” 2.000 años después
Imane Rachidi
Ámsterdam, 5 feb (EFE).- El mármol parece ceder bajo el peso del cuerpo, inmóvil y a la vez vivo: no es un truco del ojo, sino la vieja promesa del poeta romano Ovidio -que todo cambia sin desaparecer – cumpliéndose dos mil años después en el Rijksmuseum de Ámsterdam, donde la exposición Metamorfosis recorre la historia del arte como una cadena de transformaciones.
La muestra, titulada “Metamorfosis. Ovidio y las artes”, realizada en colaboración con la Galleria Borghese, reúne más de 80 obras maestras procedentes de museos y colecciones de todo el mundo, desde la Antigüedad clásica hasta el arte contemporáneo, y se mostrará desde este viernes y hasta el 25 de mayo en Ámsterdam, antes de viajar a Roma, en otra configuración.
Las salas reúnen obras de escultores y pintores de fama internacional, incluidos Bernini, Tiziano, Correggio, Tintoretto, Brancusi, Caravaggio, Rubens, Rodin, Magritte o Arcimboldo.
No es una exposición fácil de reunir, por la calidad y tiempo: “Queríamos tener las mejores piezas y, por supuesto, no puedes conseguirlas todas, y queríamos abarcar un periodo muy amplio: la exposición cubre dos milenios. Hemos trabajado desde la Antigüedad hasta hoy, y eso hace que no sea fácil”, explica a EFE el comisario Frits Scholten.
El proyecto triunfó por la respuesta de pinacotecas alrededor del mundo, incluidas españolas, y “la mayoría de los colegas fueron muy generosos y entendieron la importancia de esta exposición”, subraya.
El recorrido se abre con el propio texto de Ovidio, empezando por la difusión de las Metamorfosis tras la invención de la imprenta y sus primeras ediciones en lenguas modernas, que permitieron que el poema pasara del latín a un público mucho más amplio, y desde ahí, la exposición avanza por el caos y la creación del mundo, la irrupción de los dioses, la violencia del deseo y la fragilidad del cuerpo humano.
El visitante se encuentra con el Hermafrodito durmiente de Bernini, la Dánae de Tiziano pintada para Felipe II, el Narciso de Caravaggio o el Pigmalión de Rodin dialogando con la versión pintada de Gérôme.
Una de las escenas enfrenta el Perseo con la cabeza de Medusa en bronce, del neerlandés Hubert Gerhardt, con el modelo del famoso Perseo de Cellini, mientras que Apolo y Marsias, pintura de Luca Giordano, marca el cierre del recorrido: el castigo del sátiro que se atrevió a competir con un dios, una reflexión sobre el poder y los límites del arte.
Los mitos no aparecen como relatos cerrados, sino como materiales vivos: el de Aracne, castigada por Minerva por desafiar a una diosa y por tejer en su tapiz los abusos de los dioses, pasa a ser metáfora del propio acto de narrar; el tapiz se convierte en relato y el relato en una trama continua.
Las múltiples metamorfosis de Júpiter -toro, cisne, nube o lluvia de oro- revelan una cadena de engaños y violencias que atraviesa la historia del arte.
Medusa ocupa un lugar central, y de monstruo petrificador pasa a ser leída como víctima, castigada tras ser violada por Neptuno, por lo que la exposición muestra cómo su imagen ha sido reinterpretada una y otra vez, desde símbolo protector hasta emblema contemporáneo contra la violencia sexual.
No todos los artistas, recuerda Scholten, buscaron una lectura moral. “Muchos utilizaron temas de Ovidio para transmitir un mensaje moral, eso es cierto, pero no siempre”.
Todo dependía del contexto y “en las cortes italianas del siglo XVI, el desnudo y los temas eróticos eran muy importantes, escenas como Leda y el cisne eran muy apreciadas”, mientras, en otros casos, esos mismos motivos funcionaban como imágenes protectoras: “Se usaban en puertas de ciudades, escudos, arneses y armaduras”, señala.
Ese juego de significados explica tanto el éxito histórico de las Metamorfosis como su dificultad actual, y “estas obras fueron hechas para una élite, y hoy ese es uno de los grandes retos: no todo el mundo conoce las historias ni las ha leído”, señala el comisario. Por eso, uno de los objetivos de la muestra es pedagógico y el museo quería “llegar a un público más amplio”.
La paradoja, añade, es que una fuente de inspiración tan relevante nunca hubiera sido objeto de una gran exposición. “Nos sorprendió que algo tan importante para tantos artistas durante siglos no se hubiera abordado antes”, señala.
Quizá, sugiere, porque las obras están repartidas por museos de todo el mundo, “aisladas unas de otras, y reunirlas permite mostrar cuál era su verdadero significado y cómo se relacionan con la producción artística de su tiempo”.
Al salir de la exposición, el visitante vuelve a tener la sensación inicial: el mármol parece blando, los cuerpos aún están cambiando, y Ovidio, una vez más, no ha muerto, ha vuelto a transformarse. EFE
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