Theresa May, una equilibrista de nuevo en la cuerda floja
La primera ministra británica, Theresa May, sorteó una crisis tras otra mientras pilotaba las negociaciones del Brexit con Bruselas. Ahora, enfrentada al posible rechazo del acuerdo por su Parlamento el martes, se encuentra una vez más sobre la cuerda floja.
Varios de sus ministros la han ido abandonando por el pedregoso camino de una negociación que resultaron más difícil de lo que esperaban, entre ellos dos ministro del Brexit, Dominic Raab y David Davis, y el jefe de la diplomacia Boris Johnson, que desde entonces se convirtió en uno de sus más acérrimos rivales.
Pero esta política de 62 años, que proyecta una imagen de frialdad un poco mecánica, siguió adelante con su plan, convencida de que su acuerdo es el más equilibrado para un país muy dividido.
«La única solución que perdurará es una que responda a las preocupaciones de quienes votaron por abandonar la UE y tranquilice a quienes votaron por permanecer», dijo la semana pasada en el inicio de los debates ante una Cámara de los Comunes crecientemente hostil.
«El liderazgo consiste en tomar las decisiones correctas, no las decisiones fáciles», había dicho días antes. Y fiel a su legendaria tozudez afirmó: «¿Voy a llevar esto a cabo? ¡Sí!».
En noviembre diputados rebeldes de su Partido Conservador comenzaron a reunir cartas contra su liderazgo, pero no lograron los apoyos necesarios para lanzar una moción de censura. Sin embargo ahora, si el acuerdo es rechazado el martes, amenazan con reincidir.
– «Estoicismo y perseverancia» –
May llegó al poder en las caóticas semanas posteriores al referéndum de junio de 2016, en que los británicos votaron por salir de la Unión Europea lo que provocó la dimisión del entonces primer ministro conservador David Cameron, de quien había sido ministra del Interior durante seis años.
Pese a ser euroescéptica, se había pronunciado a favor de la permanencia en la UE, pero se implicó poco en la campaña y lo hizo insistiendo en la necesidad de limitar la inmigración, el tema favorito de los partidarios del Brexit.
En junio de 2017 convocó unas legislativas anticipadas destinadas a fortalecer su posición en las que, sin embargo, acabó perdiendo la mayoría absoluta.
Desde entonces los ataques de euroescépticos y proeuropeos de su propia formación la han hecho tambalearse en varias ocasiones pero siempre sobrevivió.
Si contra todos los pronósticos, acaba consiguiendo que los diputados den luz verde a su acuerdo «se considerará que ha cumplido su mandato a base de estoicismo y perseverancia», afirma Iain Begg, profesor de Ciencias Políticas en la London School of Economics, sobre esta mujer a quien todos reconocen una gran laboriosidad.
– «No subestimen a Theresa May» –
Theresa Brasier –su nombre de soltera– nació el 1 de octubre de 1956 en Eastbourne, ciudad costera del sureste de Reino Unido.
Tras estudiar geografía en la Universidad de Oxford, donde conoció a su esposo, Philip, y trabajar brevemente en el Banco de Inglaterra, dio sus primeros pasos en política en 1986, año en que fue elegida concejala del distrito londinense de Merton antes de convertirse en diputada en 1997.
De 2002 a 2003 fue la primera mujer en ocupar el cargo de secretaria general de su formación. Se dio a conocer con un discurso en el que llamó a los Tories, entonces muy a la derecha, a abandonar su papel de ‘nasty party’ (partido de los malos).
La propia May se describió una vez como «una mujer jodidamente difícil», y su actual ministro de Relaciones Exteriores, Jeremy Hunt, advirtió recientemente: «No subestimen a Theresa May».
Aunque sus enemigos la han acusado de tener poca altura de miras, todos coincidían en su laboriosidad.
«Es muy diligente, muy trabajadora, se sumerge en los detalles, es bastante tecnócrata, muy dura, y puede ser tozuda», explicó a la AFP el exlíder liberaldemócrata Nick Clegg, que fue viceprimer ministro del gobierno de coalición de Cameron.
«Todas estas cosas son cualidades bastante buenas en un político del gobierno», reconocía Clegg. Pero «nunca vi realmente en ella mucha imaginación, ni flexibilidad, ni instinto, ni visión».