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Ucrania alerta del riesgo de hambruna en zona ocupada y exige a Rusia una evacuación

Rostyslav Averchuk

Leópolis (Ucrania), 21 sep (EFE).- Tras meses de intentos infructuosos de facilitar su evacuación, Ucrania ha activado las señales de alarma sobre la suerte que podrían correr las 6.000 personas que siguen atrapadas por los combates en la localidad ocupada por Rusia de Oleshki, que están, según denuncian Kiev y muchos residentes, al borde de la hambruna al no llegarles alimentos ni otros suministros básicos.

Según el ministerio de Exteriores ucraniano, Andrí Sibiga, la situación es «crítica» y está entre las prioridades de la misión ucraniana que asistirá esta semana a la Asamblea General de la ONU en Nueva York.

«Nuestra tarea es movilizar la presión internacional necesaria para crear un corredor humanitario, suministrar comida y medicina y evacuar a los civiles», ha declarado Sibiga.

Mientras, el Consejo de Iglesias de Ucrania ha pedido al Vaticano que ayude a hacer posible la evacuación.

Una catástrofe humanitaria

Situada en el margen oriental del río Dniéper, cuyo último tramo atraviesa la región de Jersón en la que está Oleshki, la localidad fue tomada por Rusia a principios de 2022 y se vio gravemente afectada por las inundaciones provocadas por la destrucción de la presa de Kajovka en junio de 2023.

Imágenes tomadas por drones militares ucranianos muestran que tanto Oleshki como la ciudad cercana de Gola Pristan y los pueblos a su alrededor han quedado prácticamente en ruinas.

Las tropas rusas utilizan los edificios que quedan como cobertura para lanzar desde allí ataques contra la capital regional, Jersón, que está en manos de Ucrania y situada al otro lado del río Dniéper. Las tropas ucranianas, por su parte, responden a los ataques para proteger la ciudad de Jersón.

Según contó a EFE Oksana Pogomí, una mujer de Jersón que mantiene contacto con las familias de Oleshki, el último intento de los voluntarios de suministrar comida a la ciudad fracasó a comienzos de este mes.

«La gente no tiene nada para comer. No tiene acceso a medicinas. No hay tiendas», declara esta voluntaria civil que compara la situación con Holodomor, la hambruna orquestada por la Unión Soviética que mató a millones de ucranianos entre 1932 y 1933.

Los residentes sobreviven sobre todo de lo que plantan y de lo que recolectan. Algunos arriesgan sus vidas tratando de llegar a otros pueblos más alejados del río en busca de comida, relata Pogomí.

«La gente está en estado de pánico y llega a ser suicida. Apenas pueden mirar a los ojos a los niños, que siempre tienen hambre; a los mayores, a los enfermos, a los inválidos», ha escrito en la red social Instagram Alla Lijman-Málish, que se ha quedado en Oleshki para salvar a los perros y los gatos abandonados y hace uso cuando puede de la débil señal de internet ucraniana que le llega de la orilla opuesta.

Aislamiento mortal

La mayoría de los que quedan son gente mayor o enferma, los que cuidan de estos vecinos dependientes o residentes que prefieren quedarse a afrontar el riesgo de pasar por los múltiples controles que los militares rusos operan en la zona, explica Pogomí, lo que hace la evacuación muy difícil.

Varios intentos de escapar se han saldado con muertes por la explosión de minas u otros artefactos.

Según Pogomí y testimonios recogidos por el Defensor del Pueblo ucraniano, Dmitró Lubinets, y por periodistas como el reportero del medio público Suspilne Iván Antipenko, el aislamiento se debe a varios factores.

La proximidad de las tropas ucranianas al otro lado del río y de las múltiples isletas en disputa ha propiciado la creación por parte de Rusia de una densa red de campos de minas y líneas defensivas alrededor del municipio que ha dejado a estos civiles atrapados allí.

Pogomí, que está en contacto con soldados ucranianos, dice también que Rusia utiliza a los civiles «como escudos humanos» ante los ataques que lanza Ucrania para neutralizar a los operadores de drones rusos que bombardean a diario a civiles en la orilla opuesta.

«A los rusos simplemente no les importa lo que les ocurre a los civiles», afirma, y asegura que las fuerzas rusas utilizan a vecinos de Oleshki como objetivos para entrenar a sus operadores de drones, algo que hacen también a mayor distancia con los de Jersón.

Las autoridades ucranianas han pedido repetidamente a Rusia que permita una evacuación segura a través del territorio que controla. La única esperanza, dice Pogomí, es que la presión internacional lleve a Moscú a aceptar esto.

«Ojalá la gente no fuera tan indiferente», dijo a EFE Lijman-Málish en un mensaje de la aplicación de mensajería Messenger enviado a EFE desde Oleshki. Muchos vecinos, agregó, están perdiendo todas sus esperanzas. EFE

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