Un estudio con ratones revela que los daños de los azúcares artificiales pasan a los hijos
Redacción Ciencia, 10 abr (EFE).- Un estudio en ratones ha revelado que consumir edulcorantes artificiales tan comunes como la sucralosa y la stevia tiene efectos negativos sobre los genes que pueden transmitirse a la descendencia.
La investigación, realizada por la Universidad de Chile y publicada este viernes en la revista Frontiers in Nutrition, ha descubierto que estos sustitutos del azúcar natural alteran la microbiota intestinal y modifican la expresión de los genes vinculados con el metabolismo y la inflamación.
Aunque hacen falta nuevos estudios para confirmar que estos resultados se pueden replicar en humanos, los autores aconsejan moderar el consumo de estos aditivos mientras se estudian en profundidad sus efectos biológicos a largo plazo en el organismo.
Un estudio con ratones
Los edulcorantes artificiales son sustitutos sintéticos del azúcar mucho más dulces y sin apenas calorías, por lo que suelen utilizarse para perder peso o controlar la diabetes.
Sin embargo, «nos pareció intrigante que pese al creciente consumo de estos aditivos, la prevalencia de la obesidad y los trastornos metabólicos como la resistencia a la insulina no ha disminuido», comenta Francisca Concha Celume, investigadora de la Universidad de Chile y autora principal del trabajo.
Para averiguar de qué manera influyen los edulcorantes en el metabolismo, el equipo dividió a 47 ratones -machos y hembras- en tres grupos, uno recibió agua sola, otro agua con sucralosa, y el tercero agua con stevia, en una cantidad comparable a la que tomaría un humano en una dieta normal.
Los ratones fueron criados durante dos generaciones consecutivas que solo recibieron agua y que fueron sometidas a una prueba de tolerancia oral a la glucosa para evaluar la resistencia a la insulina (indicador de la diabetes).
También tomaron muestras fecales para buscar cambios en el microbioma intestinal y la concentración de ácidos grasos de cadena corta, y analizaron la expresión de cinco genes involucrados con la inflamación, la función de la barrera intestinal y el metabolismo en el hígado y los intestinos.
Los resultados
El equipo observó que los edulcorantes producían efectos diferentes, que cambiaban con el tiempo.
En los animales de la primera generación, solo los hijos macho de los ratones que tomaron sucralosa mostraron signos de intolerancia a la glucosa.
Pero en la segunda generación, observaron que el efecto persistió y se diversificó, de modo que los nietos del grupo de machos que consumió sucralosa y las nietas descendientes de las hembras que consumieron stevia registraron niveles elevados de azúcar en sangre en ayunas.
La explicación parece estar en el microbioma. Al analizar las muestras fecales, descubrieron que los dos grupos de ratones que tomaron edulcorantes tenían microbiomas fecales más diversos pero con menor concentración de ácidos grasos de cadena corta, unas moléculas producidas por las bacterias que son esenciales para regular la inflamación y la barrera intestinal.
Pero los efectos de la sucralosa fueron más persistentes. Este edulcorante no solo alteró la flora intestinal favoreciendo la aparición de bacterias patógenas sino que aumentó la expresión de los genes vinculados a la inflamación y atenuó la de los genes vinculados al metabolismo saludable en las dos generaciones siguientes a la del consumo.
Y aunque la stevia también mostró efectos sobre la expresión génica, fueron menores y solo se transmitieron a una generación.
«Al comparar las generaciones, estos efectos fueron generalmente más fuertes en la primera generación y tendieron a disminuir en la segunda» y en general, «los efectos vinculados a la sucralosa fueron más consistentes y persistentes a través de las generaciones», concluye Concha Celume.
A pesar de estos resultados, los ratones del estudio no desarrollaron diabetes de forma espontánea sino que mostraron «señales biológicas tempranas» que podrían hacerlos más susceptibles a sufrir alteraciones metabólicas si se combinan con otras condiciones «como una dieta alta en grasas», apunta.
No obstante, el equipo subraya que, aunque la investigación identifica asociaciones en modelos animales, el impacto de los edulcorantes no nutritivos en los ratones no reflejará exactamente su impacto en los humanos.
El objetivo del estudio «no es crear alarma», sino resaltar la necesidad de seguir investigando los efectos biológicos a largo plazo de los edulcorantes artificiales, concluye la investigadora. EFE
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