Zúrich envía un mensaje contundente sobre el suicidio asistido desde Suiza
El electorado de Zúrich aprobó que las residencias de ancianos y los hospitales permitan el suicidio asistido. Esto plantea un dilema a las instituciones de inspiración cristiana y envía un mensaje que trasciende con creces los límites del cantón, y también son un modelo que se sigue a nivel internacional.
La conclusión sigue siendo la misma: Suiza no vota en contra del derecho al suicidio asistido. En el cantón de Zúrich, una mayoría de dos tercios ha aprobado este domingo 27 de septiembre una modificación legislativa que obliga a las residencias de ancianos y a los hospitales a permitir el acceso de las organizaciones de ayuda al suicidio a sus residentes y pacientes.
Incluso si ello vulnera los principios fundamentales de estas instituciones.
La propuesta afecta a las casi 30 residencias cristianas privadas del cantón que se oponen a esta práctica. Deberán abrir sus puertas a «Exit», «Dignitas» y otras organizaciones, o trasladar su actividad a otro cantón que aún no cuente con una normativa al respecto.
La ley también supone un cambio para los médicos. Y es que ahora los hospitales del cantón de Zúrich también están obligados a admitir a los acompañantes en el proceso de muerte.
Las voces críticas habían advertido en vano de una disonancia entre los cuidados paliativos y la ayuda al suicidio en el hospital. Así lo hizo también el Gobierno cantonal de Zúrich, que por ello había rechazado el proyecto de ley.
El proceder siguiente para las residencias cristianas
¿Qué supone ahora la modificación de la ley para los centros afectados? Markus Schaaf, director del centro de carácter cristiano ‘Rämismühle en Zell’ y figura clave entre los círculos opositores a la votación pasada, no considera que el traslado sea, por el momento, el escenario más probable.
Parte de la base de que la mayoría de las instituciones afectadas intentarán adaptarse a la nueva situación jurídica y «seguir viviendo, en la medida de lo posible, su propia postura y su concepción de los valores», añade.
Hay un punto que le parece especialmente importante: «La ley obliga a una institución a tolerar el suicidio asistido por terceros externos. No nos obliga a ofrecer nosotros mismos ayuda al suicidio ni a que nuestros empleados participen en ello». Esta distinción también la habían destacado siempre los defensores de la ley. Se aplica igualmente a los hospitales.
Schaaf afirma que su institución seguirá haciendo todo lo posible para que las personas que se encuentran en situaciones difíciles reciban una atención integral, un trato humano, cuidados paliativos y —si así lo desean— apoyo espiritual. Lo único que ha cambiado es el marco jurídico. «Pero no nuestra postura fundamental respecto a la vida, la muerte y el acompañamiento de las personas al final de la vida».
Lo que les espera ahora a los hospitales de Zúrich
Los hospitales de Zúrich también deben regular a nivel operativo cómo abordar la ayuda al suicidio. Hasta ahora, solamente lo han hecho algunos centros de forma aislada. Se trata, por ejemplo, de cómo dar a conocer la posibilidad de la ayuda al suicidio en el hospital o cómo integrar a las organizaciones externas en el funcionamiento del centro.
La directora de Sanidad, Natalie Rickli, declaró el domingo por la tarde ante los medios de comunicación que no espera que se den muchos casos.
La ayuda al suicidio, incluso en los casos en los que los hospitales ya la habían autorizado, solo se ha utilizado en contadas ocasiones.
Tampoco cambiará mucho la situación en las residencias de ancianos. La mayoría de las algo más de 200 residencias de Zúrich ya han permitido el acceso a las organizaciones de ayuda al suicidio. En los demás centros, en su mayoría cristianos, según Rickli, es probable que la mayoría de residentes tampoco recurran a esta opción en el futuro.
Prevé que la ley entre en vigor la próxima primavera, siempre que no se presente ningún recurso.
El significado más profundo del resultado de la votación
Con esta votación, la población de Zúrich ha antepuesto el derecho fundamental a una muerte autodeterminada al libre ejercicio de la religión y a la libertad económica de las residencias.
En torno a estos dos sistemas de valores se habían alineado también voces opositoras, entre ellas las de los partidos cristianos como el Evangélico Popular (PEP) y la Unión Democrática Federal (UDF), cuyo electorado procede en gran parte de círculos de iglesias libres y que, en general, ven con ojos críticos el suicidio asistido, así como el partido conservador Unión Democrática de Centro (UDC), que aboga por una regulación estatal mínima.
El Partido Liberal Radical (PLR), de orientación liberal en lo económico y social, había decidido dejar libertad de voto para esta consulta, en la que se enfrentaban la libertad individual y la institucional. Todos los demás partidos, desde la izquierda y el ala ecologista, se habían pronunciado a favor de la ley, incluido el Partido El Centro, surgido del Partido Popular Demócrata-Cristiano (CVP). Esto es una muestra de lo abierta que es también la base de las Iglesias nacionales suizas respecto a la ayuda al suicidio.
Desde el punto de vista jurídico, la primacía de la autodeterminación ya está protegida. El Tribunal FederalEnlace externo ya se había pronunciado al respecto hace diez años, a raíz de un recurso contra una revisión legislativa en el cantón de Neuchâtel. En aquel momento, dictaminó que la tolerancia de la ayuda al suicidio vulneraba la libertad de culto y de conciencia de los centros de acogida, pero que ello no constituía una vulneración grave; el derecho a la autodeterminación prevalecía.
Con la decisión de Zúrich, queda el camino libre para que las organizaciones de ayuda al suicidio exijan las mismas normas en otros cantones o a nivel nacional. Fueron Exit y Dignitas, las dos grandes organizaciones de ayuda al suicidio, las que impulsaron la revisión en Zúrich mediante una iniciativa popular.
Necesidad de debate
Suiza, conocida internacionalmente como el «país del suicidio», se acerca con la normativa de Zúrich a países avanzados que, en algunos aspectos, la han superado en lo que respecta a la ayuda al suicidio.
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Por qué la ayuda al suicidio es normal en Suiza
Es el caso, por ejemplo, de Canadá, donde el acompañamiento en la muerte en el hospital se lleva a cabo desde hace ya diez años. Allí, sin embargo —a diferencia de lo que ocurrirá en el futuro en Zúrich—, está plenamente integrado en el funcionamiento del hospital y lo lleva a cabo el personal médico, lo que también suscita críticas recurrentes en Canadá.
Para Suiza, la decisión de Zúrich supone el primer paso en mucho tiempo. Las normas sobre la ayuda al suicidio, que no han cambiado desde la promulgación del primer Código Penal suizo en 1942, siguen siendo progresistas en muchos aspectos. Por ejemplo, permiten la ayuda al suicidio incluso para personas sin una enfermedad terminal, siempre que exista el deseo de morir y la capacidad de discernimiento, y que las propias personas afectadas actúen por sí mismas. Sin embargo, hasta ahora ha fracasado cualquier intento de actualización en una ley específica.
Un debate que se avecina en Suiza es el relativo a la ayuda para morir en casos de demencia. Países como los Países Bajos permiten a las personas con demencia documentar su voluntad de morir. La inyección letal la administra entonces el personal médico.
En Suiza, en cambio, esta ayuda activa y directa al suicidio, conocida como eutanasia, es punible. El suicidio debe llevarlo a cabo la propia persona y el acompañamiento en la muerte presupone la capacidad de discernimiento de quien desea morir.
Esto somete a una presión para actuar en el caso de pacientes con diagnóstico de demencia que desean poner fin a su vida de forma autónoma. Se enfrentan a la difícil pregunta: ¿cuánto tiempo puedo esperar aún? La misma pregunta afecta —en lo que respecta a la regulación— también a Suiza.
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Atención: Suiza no permite la eutanasia
Es importante reiterar que esta votación pasada no es un asunto relativo a la eutanasia, que sigue prohibida en toda Suiza, sino al acceso al suicidio asistido en instituciones como residencias y hospitales.
Es una precisión importante porque en el debate público ambos conceptos suelen confundirse, pero jurídicamente son cosas distintas.
- Eutanasia: el médico provoca directamente la muerte a petición de la persona.
- Suicidio asistido: la persona provoca su propia muerte con ayuda externa.
En Suiza, el suicidio asistido está regulado de forma liberal. Solo es punible cuando se persiguen motivos egoístas por parte de las personas que dan el apoyo. En este país de aproximadamente 9 millones de habitantes, estas son las cifras oficiales de esta práctica, en el caso de personas con residencia en Suiza:
América Latina y España: avances en la ayuda médica para morir
España Desde 2021, España permite la eutanasia y el suicidio médicamente asistido para personas con enfermedades graves e incurables o padecimientos crónicos e imposibilitantes que causen un sufrimiento intolerable. La ley sigue en vigor y el debate reciente se ha centrado en la aplicación práctica de este derecho y en los recursos judiciales que han retrasado algunos procedimientos.
Varios países latinoamericanos han avanzado en la regulación de estos procedimientos:
Colombia fue pionera en la región. La eutanasia está permitida desde hace años y el suicidio médicamente asistido fue despenalizado en 2022, aunque sigue pendiente una regulación más detallada.
Ecuador despenalizó la eutanasia en 2024 mediante una sentencia de la Corte Constitucional para personas con enfermedades graves e incurables o lesiones irreversibles que provoquen sufrimiento intenso.
Uruguay aprobó en 2025 una ley que regula la eutanasia, convirtiéndose en uno de los pocos países de la región en reconocer expresamente este derecho.
Perú permitió de forma excepcional la eutanasia en un caso, mediante una decisión judicial, pero no cuenta con una ley general que la autorice.
Chile debate actualmente un proyecto de ley sobre eutanasia y asistencia médica para morir, que continúa su tramitación parlamentaria.
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Adaptación informativa, Patricia Islas
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