«Es surrealista»: la resurrección olímpica de la esquiadora brasileña Bruna Moura
Desde su cama de hospital, con múltiples fracturas tras un accidente de tráfico que le costó perderse los Juegos Olímpicos de Invierno de 2022, la esquiadora brasileña Bruna Moura se hizo una promesa: levantarse y volver a competir. Cuatro años después estará en Milán-Cortina d’Ampezzo 2026.
Cuando contaba los días para su debut olímpico en Pekín 2022, Moura viajaba como pasajera en una furgoneta desde Austria a Alemania, donde tomaría un avión hacia China.
Nunca llegó.
El vehículo chocó y el conductor falleció en el impacto. Ella fue trasladada en helicóptero a un hospital, con fracturas en tres costillas, en un brazo y en el pie izquierdo, y daños en los pulmones.
«Desde los primeros días posteriores al accidente, me decía a mí misma que iba a clasificar en 2026. No era cuestión de arrogancia, era un sueño y yo iba a luchar por eso», relata Moura, de 31 años y nacida en el estado de Sao Paulo (sureste), en una entrevista con la AFP.
«No podíamos garantizar lo que pasaría a lo largo de cuatro años, pero sí podíamos garantizar cuánto íbamos a luchar», comenta en una videollamada desde Nunspeet, población de 28.000 habitantes en Países Bajos, donde vive desde hace cuatro años.
Moura competirá por Brasil en tres pruebas del esquí cross country en estos Juegos Olímpicos: el esprint, el esprint por equipos y los 10 km.
Ningún país de Sudamérica ha ganado una medalla en la competición invernal.
– El dolor como rutina –
«La sensación que tengo es de victoria, una sensación que no tuve cuando clasifiqué a Pekín. Es totalmente diferente», cuenta, sonriente.
«Es surrealista», añade, aunque todavía siente molestias en el pie izquierdo cuando esquía.
Durante la larga rehabilitación, cosas tan simples como tomar un baño fueron un desafío.
Reapareció en las competencias en 2023, adaptando su metodología de trabajo a las secuelas del choque: «El dolor se hizo parte de la rutina».
Y el destino pareció jugar en contra. Se le diagnosticó toxoplasmosis en 2024, perdió 25% de la visión en el ojo derecho y tuvo que parar de nuevo.
La estrategia desarrollada junto a su entrenadora, la esquiadora olímpica letona Baiba Bendika, fue concentrarse en su punto fuerte, el esprint, por las dificultades físicas que enfrentaba en las pruebas de larga distancia.
«Siempre tuve mejores resultados en pruebas más cortas, siempre fui más explosiva, pero después del accidente aún tuve una mejora mucho mayor», indica Moura.
«Mi entrenadora tuvo todo en consideración. Hubo momentos en los que yo quería forzar un poco más y ella me frenó. Decía ‘No vamos a ir por ese camino'», explica.
«Cuando tienes un punto fuerte y uno débil, normalmente te centras en el débil para tratar de equilibrar todo, pero sabíamos que mi punto fuerte tenía aún mucho margen de mejora», insiste.
– Promesa cumplida –
Cada obstáculo revivía el trauma del accidente. Su psicóloga, cuenta Moura, siempre le recordaba «la promesa que había hecho aquella chica en la cama del hospital».
«Fue muy bonito», añadió.
A finales de 2025 retornó para las pruebas de clasificación y ganó su plaza en los Juegos Olímpicos.
«Durante más de la mitad de mi vida he luchado por convertirme en atleta olímpica, pero no solo quiero llegar y decir: ‘soy atleta olímpica, crucé la meta'», sostiene. «Quiero llegar entregando lo mejor por mi país, por las personas que me ayudaron, por este sueño».
Brasil tendrá en Italia su mayor delegación en la historia de los Juegos Olímpicos de Invierno, con 14 deportistas.
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