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Nina Zimmer se despide del Museo de Bellas Artes de Berna tras una década marcada por el caso Gurlitt

Nina Zimmer, directora del Kunstmuseum de Berna
Nina Zimmer posa ante «La Montagne Sainte-Victoire», de Paul Cézanne, una de las obras de la colección Gurlitt (2018). Keystone/Lukas Lehmann

La recta final de Nina Zimmer al frente del Kunstmuseum (Museo de Bellas Artes) de Berna no ha sido fácil. Mientras el proyecto de reforma del museo acaba de sufrir un importante revés en las urnas, la directora se prepara para asumir un nuevo reto al frente de la Galería Belvedere de Viena. Antes de marcharse, hace balance de una década marcada también por el legado Gurlitt y por el debate sobre el arte expoliado por los nazis.

Al final de una década intensa y muy visible al frente del Kunstmuseum de Berna y del Zentrum Paul Klee, ambos en la capital suiza, Nina Zimmer se ha encontrado con un importante revés. El pasado 14 de junio, el 51,8 % del electorado del cantón de Berna rechazó la financiación de un amplio proyecto de renovación y ampliación del museo.

La iniciativa, valorada en unos 147 millones de francos suizos (181 millones de dólares), contemplaba sustituir la ampliación construida en 1983 —que actualmente alberga las salas de exposiciones, las oficinas y la cafetería— por un edificio independiente de piedra arenisca. El proyecto también incluía la rehabilitación integral del edificio histórico, conocido como edificio Stettler.

Lo que se sometía a votación era un crédito de 15,7 millones de francos aprobado por el Parlamento cantonal el pasado septiembre. Un grupo de oposiciónEnlace externo integrado por representantes de distintos partidos reunió las 10.000 firmas necesarias para someter la financiación a votación. Aunque reconocían la necesidad de renovar el museo, defendían una intervención mucho más modesta.

Fachada del Museo de Bellas Artes de Berna: su proyecto de renovación fue frustrado por una coalición de partidos de derecha.
Fachada del Museo de Bellas Artes de Berna. Una coalición de partidos de derechas se opuso al proyecto de renovación del edificio. Keystone / Christian Beutler

«Esperábamos un resultado diferente», reconoce Nina Zimmer. «Al mismo tiempo, respetamos la decisión de la ciudadanía. Ahora toca partir de este resultado y buscar una nueva vía para sacar adelante el proyecto».

A su juicio, el rechazo no supone el final de la iniciativa, aunque «habrá que explorar nuevas fórmulas de financiación».

La marcha de Zimmer se anunció en marzo, mucho antes del referéndum. La directora dejará Berna para ponerse al frente de la prestigiosa Galería Belvedere de Viena, un nombramiento que la fundación responsable del Kunstmuseum y del Zentrum Paul Klee calificó como «un reconocimiento a la trayectoria de Nina Zimmer».

El museo ha anunciado que su patronato revisará en profundidad el modelo de financiación antes de decidir cómo continuar con el proyecto. Mientras tanto, Zimmer seguirá ocupada durante sus últimos meses en Berna. De hecho, antes de marcharse aún debe inaugurar cuatro exposiciones.

El legado Gurlitt

Sin embargo, la misión que ha marcado su mandato ya está, al menos por ahora, concluida.

Cuando Zimmer llegó al Kunstmuseum en 2016, la institución acababa de aceptar el legado de Cornelius Gurlitt, formado por unas 1.600 obras de arte, muchas de ellas sobre papel. Gurlitt había heredado la colección de su padre, Hildebrand Gurlitt, un marchante que adquirió obras en los territorios ocupados por la Alemania nazi para el «Museo del Führer» que Adolf Hitler proyectaba construir en Linz y que nunca llegó a levantarse.

Una mujer contempla obras del legado de Gurlitt durante la inauguración de la exposición «Gurlitt – Taking Stock» (2022). Las obras documentan el saqueo y el comercio de obras de arte durante la época nazi y pretenden aportar respuestas sobre la investigación de la procedencia y los retos que plantea el tratamiento de los resultados de dicha investigación.
Una visitante contempla varias obras del legado Gurlitt durante la presentación de la exposición «Gurlitt. Hacer balance» (2022). La muestra recorre el expolio y el comercio de obras de arte durante el régimen nazi y analiza el papel de la investigación de procedencia para esclarecer su origen, así como los retos que plantea este proceso. Keystone / Anthony Anex

En 2012, cuando Cornelius Gurlitt aún vivía, las autoridades aduaneras alemanas registraron su apartamento de Múnich e incautaron más de 1.200 obras de arte. Otras permanecían en su residencia de Salzburgo. Cuando el hallazgo salió a la luz un año después, provocó un enorme escándalo internacional y desencadenó una avalancha de reclamaciones por parte de los herederos de coleccionistas judíos despojados de sus bienes por el régimen nazi.

A su muerte, en 2014, Gurlitt legó todo su patrimonio al Kunstmuseum de Berna. En aquel momento, el patronato describió la herencia como «extraordinaria», aunque reconoció que también suponía «una enorme responsabilidad y planteaba cuestiones especialmente delicadas y complejas».

Para Zimmer, aquel desafío fue precisamente uno de los principales atractivos del puesto.

Fotografía de 1925 del historiador de arte Hildebrand Gurlitt. Su hijo, Cornelius Gurlitt, declaró a la revista alemana *Der Spiegel* (17 de noviembre de 2013) que quería proteger la colección, reunida por su difunto padre, Hildebrand.
Fotografía de 1925 del historiador del arte Hildebrand Gurlitt. En una entrevista concedida a la revista alemana Der Spiegel el 17 de noviembre de 2013, su hijo Cornelius aseguró que quería proteger la colección que había reunido su padre. Kunstsammlungen Zwickau / Keystone

«Presenté mi candidatura sabiendo perfectamente que existía el legado Gurlitt», explicaba durante una entrevista en el museo. «Era un tema que me interesaba especialmente y uno de los motivos por los que decidí optar al cargo. Era un reto que quería asumir».

La parte más complicada, recuerda, fue tener que gestionar al mismo tiempo todos los aspectos relacionados con el legado mientras el museo permanecía bajo «una enorme presión mediática desde el primer segundo».

«Todo debía hacerse con enorme rigor y reflexión, pero al mismo tiempo había que comunicarlo de inmediato. Era fundamental actuar con transparencia, aunque no siempre resultaba fácil».

Una de sus primeras tareas fue coordinarse con las autoridades alemanas y con los investigadores que ya estudiaban la procedencia de las obras; organizar el traslado de la colección desde los depósitos de Alemania y Austria hasta Berna; catalogarla; crear una página web y una base de datos; y preparar las primeras exposiciones. Muchas obras, además, tuvieron que ser restauradas porque habían sufrido daños debido a las deficientes condiciones en las que se conservaban.

El Kunstmuseum también se convirtió en el primer museo suizo en crear un departamento específico dedicado a la investigación de procedencia de las obras.

Un desafío, pero también una oportunidad

Al mismo tiempo, el futuro del legado Gurlitt alimentaba un intenso debate público, en el que se cruzaban opiniones muy diversas desde los ámbitos político y cultural.

«La enorme atención mediática fue un desafío, pero también una oportunidad», afirma Zimmer. «El hecho de que el debate ocupara tanto espacio público nos permitió abordar todas esas cuestiones, dialogar con posiciones políticas muy diferentes y convencer a la opinión pública de que el camino elegido por el Kunstmuseum de Berna era el adecuado. Finalmente, esa postura acabó siendo ampliamente aceptada».

Desde entonces, el museo ha alcanzado acuerdos con los herederos de varios coleccionistas judíos sobre distintas obras de la colección. Además, su gestión ha influido de forma decisiva en la manera en que Suiza afronta la cuestión del arte expoliado por los nazis conservado en colecciones públicas.

La nueva Comisión para el Patrimonio Cultural Históricamente Problemático, creada por el Gobierno Federal, comenzó a trabajar el pasado 1 de marzo. Al mismo tiempo, numerosos museos suizos han creado departamentos especializados en investigación de procedencia.

Nina Zimmer posa junto al cuadro de Henri Matisse «La blusa azul». Cuando Georges F. Keller comenzó a donar cuadros de maestros como Matisse y Dalí al Kunstmuseum Bern, su reputación estaba más que consolidada. Este ciudadano suizo-brasileño había sido un respetado marchante de arte que donó 116 obras al museo desde la década de 1950 hasta su muerte en 1981. Sin embargo, el investigador de procedencia del museo encontró un documento de archivo que vinculaba a Keller con Etienne Bignou, un hombre considerado hoy en día un marchante «sospechoso» por haber comerciado con obras de arte con alemanes en el París ocupado por los nazis.
Nina Zimmer posa junto a «La blusa azul», de Henri Matisse. Cuando Georges F. Keller comenzó a donar al Kunstmuseum de Berna obras de grandes maestros como Matisse o Dalí, nadie cuestionaba su reputación. Este marchante de arte suizo-brasileño legó al museo 116 obras entre la década de 1950 y su fallecimiento, en 1981. Sin embargo, un equipo de investigación de procedencia del museo encontró un documento de archivo que vinculaba a Keller con Étienne Bignou, un marchante considerado hoy una figura de riesgo por haber comerciado con obras de arte junto a alemanes en el París ocupado por los nazis. Fabrice Coffrini / AFP

«En todo este debate sobre el arte expoliado por los nazis hay un antes y un después del caso Gurlitt», sostiene Zimmer. «Cambió completamente este ámbito. Lo más importante es que hoy se trata de una cuestión plenamente asumida y forma parte del debate público. Un museo ya no puede permitirse mantenerse al margen».

Con la investigación sobre el legado Gurlitt prácticamente concluida, el equipo de investigación de procedencia del Kunstmuseum centra ahora sus esfuerzos en el resto de la colección.

«Queda un pequeño grupo de obras, de escasa relevancia, sobre las que todavía hay que tomar decisiones y seguir investigando», explica.

«En cuanto aparezcan nuevas pruebas, reabriremos los expedientes. La investigación sobre la procedencia nunca termina definitivamente. Siguen apareciendo documentos en archivos privados que permiten revisar casos que creíamos cerrados. En el caso Gurlitt, eso ya forma parte de la rutina».

«Un nuevo capítulo en mi vida»

La cuestión del arte expoliado por los nazis seguirá acompañando a Zimmer en Viena. La Galería Belvedere ha restituido más de 60 obrasEnlace externo a los herederos de coleccionistas judíos, entre ellas la célebre La dama de oro, de Gustav Klimt, cuya historia inspiró la película homónima protagonizada por Helen Mirren en 2015.

«En Austria la situación es muy distinta porque existe una ley de restitución y unas estructuras nacionales ya consolidadas», explica. «En Suiza no había ni ese marco legal ni esas instituciones, así que tuvimos que desarrollar nuestros propios mecanismos en Berna. Tengo muchas ganas de conocer a mis nuevos compañeros y su forma de trabajar».

La Galería Belvedere, que custodia algunas de las obras maestras más importantes de Klimt, entre ellas el célebre El beso, recibió el año pasado dos millones de visitantes, unas diez veces más que el Kunstmuseum y el Zentrum Paul Klee juntos.

Galería Belvedere de Viena, el nuevo hogar de Nina Zimmer.
Galería Belvedere de Viena es el nuevo hogar de Nina Zimmer. Wolfgang Weinhaeupl / Keystone

El ministro de Cultura de Austria, Andreas Babler, destacó que la candidatura de Zimmer convenció al comité de selección gracias a «sus muchos años de experiencia al frente de museos y su capacidad para gestionar con solvencia estructuras complejas y una gran diversidad de interlocutores».

«Para mí se abre un nuevo capítulo vital: dirigir este extraordinario museo, cuya colección tiene una importancia enorme para todo el país», afirma Zimmer.

Entre los aspectos que más le atraen menciona la tradición innovadora del Belvedere en el ámbito digital y la diversidad de su público.

Sin embargo, después de dos décadas en Suiza —país del que, siendo originaria de Múnich, ha adquirido la nacionalidad— reconoce que echará muchas cosas de menos.

«Admiro el sistema político suizo y la colaboración entre las instituciones públicas y privadas en el ámbito cultural», concluye. «Suiza cuenta con una sólida tradición de fundaciones filantrópicas, una sensibilidad muy arraigada hacia la estética y la modernidad, y un interés muy amplio por la cultura».

Artículo editado por Virginie Mangin; y adaptado al español por Carla Wolff.

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