América demanda seis veces más moscas estériles para frenar al gusano barrenador de ganado
Ciudad de México, 13 jul (EFE).- América necesita producir y liberar unos seiscientos millones de moscas estériles cada semana para contener el avance del gusano barrenador del ganado entre Panamá y Estados Unidos, seis veces más de las que genera actualmente.
El desafío afecta a América Latina, una región que produce alrededor de un 28 % de la carne bovina consumida en el mundo y entre un 7 % y un 10 % de la leche, por lo que la expansión de la plaga puede tener consecuencias para la seguridad alimentaria más allá de las zonas ganaderas afectadas.
Ante el rebrote, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) y el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) pusieron en marcha un proyecto para reforzar el control de la plaga en Centroamérica, México y Estados Unidos mediante la técnica del insecto estéril.
La estrategia consiste en criar larvas de la mosca causante de la enfermedad y someterlas a radiación para volverlas estériles, sin matarlas ni alterar las características que necesitan para competir con los ejemplares silvestres, lo que permite una ventaja frente al uso extensivo de plaguicidas.
Así, el proyecto contempla optimizar esa tecnología, capacitar a los países y acompañar su aplicación con vigilancia epidemiológica, diagnóstico veterinario, bioseguridad y trabajo directo con los productores, explicó a EFE el oficial de Ganadería Sostenible de la FAO, Andrés González Serrano.
Después de convertirse en insectos adultos, las moscas son transportadas en avionetas y liberadas en las zonas donde los estudios epidemiológicos detectan una mayor concentración de la plaga.
“Las moscas silvestres, que sí pueden reproducirse, se cruzan con las estériles, pero en ese apareamiento no se producen crías, huevos ni larvas. Como viven tan poco tiempo, así vamos reduciendo gradualmente la población”, explicó González Serrano.
La eficacia de esta estrategia quedó demostrada durante el proceso que permitió erradicar el gusano barrenador desde México hasta Panamá: la plaga había sido desplazada hacia el sur y contenida en las inmediaciones del Darién.
Sin embargo, en 2022 esa barrera dejó de ser suficiente ante una combinación de movimientos de animales sin controles sanitarios ni trazabilidad, cambios ambientales y condiciones climáticas que facilitaron el desplazamiento de la mosca.
Tres plantas para ampliar la respuesta
La instalación de Panamá, gestionada conjuntamente por ese país y Estados Unidos, produce unos cien millones de moscas estériles por semana, una cantidad que resultó suficiente mientras la plaga permaneció contenida, pero que ya no responde a la extensión actual del brote.
La planta de Metapa, en Chiapas (sur de México), ya comenzó a producir y liberar moscas, aunque deberá incrementar paulatinamente su capacidad y se sumará una instalación en Texas (EE.UU.), cuya operación permitirá acercar la producción a los territorios de mayor riesgo.
Estas plantas requieren inversiones elevadas, tecnología especializada, laboratorios con estrictas condiciones de bioseguridad y personal capacitado para garantizar que los insectos sean estériles, pero mantengan la capacidad de competir y aparearse con las moscas silvestres.
La liberación no se realiza al azar. Los servicios sanitarios utilizan muestreos, estudios epidemiológicos y registros de casos para determinar los territorios donde existe una mayor población de moscas silvestres y concentrar allí los vuelos.
González Serrano estimó que, una vez alcanzada la producción de seiscientos millones de moscas semanales, podría observarse una disminución significativa de la población del insecto y de los nuevos casos en un periodo de entre doce y dieciocho meses.
La erradicación completa, sin embargo, podría requerir varios años de trabajo sostenido, inversión pública y coordinación entre los países.
“La mosca estéril sola no nos va a salvar”
El especialista advirtió que producir más insectos constituye solo uno de los componentes de la respuesta y no sustituye el fortalecimiento de los sistemas sanitarios y veterinarios.
“La mosca estéril sola no nos va a salvar. Necesitamos reforzar la capacidad de los servicios veterinarios para diagnosticar a tiempo, tratar a tiempo y conectar con los productores”, afirmó González Serrano.
Los ganaderos constituyen la primera línea de vigilancia porque suelen ser quienes detectan las heridas. Limpiar, desinfectar y proteger rápidamente una lesión puede impedir que la mosca deposite sus huevos y que el animal se convierta en un nuevo foco de diseminación.
Uno de los puntos más vulnerables es el ombligo de los terneros recién nacidos, una herida natural que debe atenderse inmediatamente después del parto para evitar que sea colonizada por las larvas.
El especialista de la FAO destacó también la necesidad de sensibilizar a la población. Una herida con gusanos en una res, un caballo, una mascota o un animal silvestre debe notificarse a los servicios sanitarios y no considerarse un problema que desaparecerá por sí solo.
El manejo sostenible de la ganadería y la conservación de los bosques también forman parte de la estrategia, pues la reducción de la distancia entre la vida silvestre y las zonas productivas aumenta el contacto y el riesgo de transmisión de enfermedades.
La FAO considera, además, indispensable que los ministerios de Agricultura, Salud y Ambiente compartan información epidemiológica y coordinen sus acciones con los países vecinos. EFE
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La Agencia EFE contó con el apoyo de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) para la difusión de este contenido.