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China seguirá sin prestar apoyo suficiente a la demanda nacional en 2026, según analistas

Shanghái (China), 5 mar (EFE).- La meta de crecimiento que China se marca para 2026, de entre un 4,5 y un 5 %, entra dentro de lo esperado pese a ser la más baja desde 1991, aunque los expertos sí apuntan a una cierta decepción ante lo «limitado» de los estímulos y de las iniciativas para reorientar la economía hacia el consumo.

«Las políticas se mantendrán sin cambios por lo general este año. Veremos un poco más de flexibilización monetaria pero poco en materia de apoyo fiscal. Y, pese a que (las autoridades) dicen querer reequilibrar la economía hacia el consumo, las medidas concretas al respecto siguen siendo tímidas», asegura Julian Evans-Pritchard, de la consultora británica Capital Economics, en un informe.

El analista detecta «poca urgencia» en el seno del Gobierno chino a la hora de reavivar la demanda nacional, por lo que avanza que la segunda economía mundial «seguirá afrontando dificultades por el exceso de capacidad (industrial) y la debilidad de la inflación durante un tiempo».

Al inaugurar la sesión anual de la Asamblea Nacional Popular (ANP, Legislativo), la principal cita política del año en China, el primer ministro, Li Qiang, también renovó una meta del 4 % para el déficit, un techo del 2 % para la inflación y un límite del 5,5 % para el desempleo en zonas urbanas, todo ello sin cambios frente a 2025.

Los objetivos hoy divulgados dibujan «una economía que entra en una fase de expansión más lenta. (…) La sostenibilidad se está imponiendo a la velocidad como principal prioridad para el crecimiento», asegura Sarah Tan, de Moody’s Analytics, que agrega que una meta menos ambiciosa también resta a Pekín presión por acometer políticas agresivas de estímulo y le otorga «más flexibilidad».

Prudencia a corto plazo

Según las cifras oficiales, la segunda economía mundial cumplió con su objetivo al crecer un 5 % en 2025, aunque los expertos siguen apuntando a problemas como la baja demanda nacional, los riesgos de deflación, las tensiones geopolíticas, una crisis inmobiliaria que no ha tocado fondo o la falta de confianza en el seno de los consumidores y el sector privado.

«Las autoridades esperan que la inflación se recupere ligeramente este año, pero no cuentan con un impulso reflacionista considerable. (…) Es improbable que vayan a hacer todo lo posible por devolverla al 2 % tras el 0 % del año pasado», explica Evans-Pritchard.

En su opinión, el umbral de éxito que se ha marcado Pekín (devolver los precios a «niveles positivos») es «bastante bajo», incluso teniendo en cuenta que la reciente crisis en Oriente Medio podría traducirse en un repunte de la inflación por el alza de los costes energéticos.

Más allá de esto, el informe de acción gubernamental que presentó hoy Li «no apunta a muchas medidas de estímulo que sean capaces de impulsar la demanda nacional».

Tan apunta a iniciativas para activar el gasto de los hogares en el marco del plan quinquenal 2026-2030, que se aprobará en la ANP, concretamente en un aumento de las pensiones y de los cuidados a ancianos, o en apoyo al empleo para universitarios y trabajadores que emigran desde provincias menos desarrolladas.

Divergencia entre consumo e inversión

El mandatario sí avanzó rebajas de tipos de interés y de requisitos de reserva bancaria (RRR, porcentaje de fondos que un banco no puede prestar) en materia de política monetaria este año, aunque Capital Economics cree que el Banco Popular de China (BPC, banco central) «se mueve a ritmo glacial», con las tasas únicamente 10 puntos básicos por debajo de hace un año.

Evans-Pritchard anticipa unos recortes adicionales de 20 puntos básicos a lo largo de 2026.

El economista apunta también a las divergencias entre el apoyo fiscal al consumo y a la inversión: en el primer caso, habla de «decepción» por la «falta de un impulso más considerable» y reitera que Pekín apuesta por reforzar la oferta en lugar de la demanda, mientras que en el segundo indica que las políticas favorables serán «sustanciosas».

«Parece que la mayoría de los 4,4 billones de yuanes (unos 638.000 millones de dólares o 548.000 millones de euros) planeados para emisiones de bonos especiales (para administraciones locales y regionales) este año se seguirá usando para proyectos de inversión», agrega Evans-Pritchard.

«Esto probablemente no impedirá que el peso de la inversión sobre el PIB siga cayendo este año, dado el apetito cada vez menor de las empresas privadas. Pero sugiere que las autoridades aún resisten contra las fuerzas estructurales que pesan sobre la inversión, antes que ceder ante ellas y centrarse en su lugar en el consumo», sentencia. EFE

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