Colonos crean nuevo punto turístico en Cisjordania: una poza con agua robada a palestinos
Patricia Martínez Sastre
Fasayil (Cisjordania), 17 jul (EFE).- «Cuando veas un aparcamiento de tierra y banderas israelíes a la izquierda, sabrás que has llegado», escribe en TikTok un bloguero israelí junto a un vídeo, que suma más de 62.000 visualizaciones, en el que aparece una especie de poza con agua verde y familias bañándose.
Desde hace un mes, este enclave situado en territorio palestino -en el Valle del Jordán en Cisjordania ocupada- se ha convertido en una atracción turística para colonos, soldados israelíes y judíos religiosos, después de que los primeros desviaran agua hacia este sitio arqueológico, aún sin excavar, y sin permiso de las autoridades.
«Ahora necesitamos que este lugar se llene de una fuerte presencia israelí para viajar, disfrutar y proteger nuestro país», continúa el bloguero Elhanan Benistyel sobre este enclave bautizado por los colonos como ‘Poza de Herodes’.
Un pueblo sin agua
Lo que Benistyel no menciona -y probablemente tampoco sepa- es que el agua que ahora llena esta poza se utilizaba para irrigar tierras agrícolas palestinas.
«El agua viene del manantial de Ras al Ain a través de tuberías. Las ovejas bebían de ella, la gente bebía (…) pero luego llegaron los colonos», explica a EFE el líder comunitario de Fasayil, un grupúsculo de aldeas situadas a apenas un kilómetro de esta poza.
Este palestino, que no da su nombre por haber sufrido represalias tras hablar con la prensa en el pasado, asegura que después del 7 de octubre de 2023 nuevos colonos israelíes se asentaron en las colinas y otros puntos del Valle del Jordán. «Levantaron caravanas y se apoderaron de toda la tierra», detalla.
Hace un mes, los colonos llegaron a las tuberías que daban de beber a los palestinos y su ganado, las cortaron y transfirieron el agua a la piscina.
«Llevamos unos 20 días sin agua del manantial. Sí tenemos agua de pozo, pero no alcanza para todo el pueblo», explica.
A sus 67 años, asegura que el millar de vecinos que vive en estas aldeas nunca había tenido problemas con los israelíes del asentamiento colindante agrícola de Petzael, fundado en 1975. Pero la situación es muy diferente con los adolescentes israelíes, más violentos, de las nuevas colonias.
Anexión a golpe de arqueología
Judíos religiosos acuden a esta poza atraídos por la creencia, difundida incluso por ministros supremacistas como Bezalel Smotrich, de que la construyó el rey Herodes hace 2.000 años. Sin embargo, de acuerdo con el arqueólogo Alon Arad, de la organización Emek Shaveh que lucha contra la politización que Israel hace de los yacimientos, esa asociación es «mitológica, inventada».
«Es parte de una tendencia más amplia de instrumentalizar el patrimonio cultural y los sitios arqueológicos para promover la anexión (de Cisjordania), creando un mapa de lugares conectados con la herencia judía, sea o no cierto, eso es lo de menos», explica Arad a EFE.
Arad dice que Israel no puede, legalmente, excavar en territorio ocupado y que por ello datar la poza es imposible: podría pertenecer tanto a la época romana hace 2.000 años como a la otomana, 300 años atrás.
El COGAT, el brazo del Ejército israelí que gestiona los asuntos civiles en los territorios ocupados, aseguró a EFE que el agua se utilizaba legalmente para irrigación agrícola, y añadió que habían sido informados de «daños a la infraestructura hídrica» y su conexión al estanque «sin la autorización ni la coordinación requeridas».
Sin embargo, lejos de remediarlo y de arrestar a los israelíes que dañaron las tuberías, los ministros israelíes supremacistas de Patrimonio, Amichai Eliyahu y de Educación, el colono Zvi Sukkot, visitaron la poza el pasado 19 de junio y saltaron a ella con ropa, según vídeos que registran el momento.
Dos días después, el ministro de Finanzas, el colono Bezalel Smotrich, anunció una partida de más de 800.000 euros para el mantenimiento y renovación de este área como «una piscina regulada y segura», según adelantó el Canal 14 israelí. El Ministerio no respondió a EFE sobre esta inversión.
«Blanquear» la ocupación
El israelí Asaf, soldado que sirve en el norte del país y originario del kibutz nacional-religioso Hafetz Haim, explica que ha venido a la poza, por primera vez, con un grupo de amigos.
«A los israelíes nos gusta esto, movernos por todo el país», dice preguntado sobre cómo se siente estando a tan solo 14 kilómetros del pueblo palestino de Jericó.
Cerca de él hay dos hermanos ultraortodoxos: uno que vive en Brooklyn (Nueva York) y otro que estudia el Talmud en Jerusalén desde hace años. «¿Entonces los agricultores no pueden usar el agua ahora? Interesante… si está perjudicando a los agricultores, no sé…», dice a EFE uno de ellos, que desconocía el origen del flujo de agua.
«No sé», repite al enterarse de que los afectados son agricultores palestinos, no israelíes.
El arqueólogo Arad es más preciso: «Todo cambió en el momento en que aparecieron los nuevos asentamientos alrededor de Jericó (…) Y la piscina es un intento de blanquear esa agresión y violencia. Es exactamente eso… ¿quién no querría tener una piscina en medio del desierto?». EFE
mfh-pms/jgb
(foto) (vídeo)