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¿Cuándo una democracia deja de ser democracia?

un manifestante empujando a un agente de policía
Protesta en Caracas en abril de 2026: tras años de gobierno autoritario, Nicolás Maduro ha sido derrocado sin contemplaciones, pero no está claro cuánta democracia le seguirá a esto. Pedro Mattey / Keystone

Más allá de las fronteras de Suiza, la democracia está sometida a una presión cada vez mayor. Ahora que el declive gradual y los golpes de Estado violentos son tan habituales, no siempre está claro cuándo o dónde están los límites.

¿Hay un momento en el que una democracia deja de serlo? La regla general de Kevin Casas-Zamora, secretario general de International IDEA, afirma que «cuando ya no es posible lograr un cambio político significativo a través de las urnas». Para Casas-Zamora, eso marca la línea divisoria entre un lugar como la India, donde las elecciones siguen siendo importantes, y Venezuela, donde en los últimos años no lo han sido.

Pero ese criterio cada vez es menos fiable. Detectar el colapso democrático solía ser fácil: un golpe militar por aquí, elecciones canceladas por allá. Ahora, por lo general, la línea se ha difuminado y en el siglo XXI los golpes de Estado siguen ocurriendo; el más reciente, en noviembre de 2025 en Guinea-Bissau.

La erosión gradual de las reglas y normas democráticas se ha convertido, cada vez más, en la característica clave de lo que se conoce como «retroceso». Y esto, a diferencia de los tanques en las calles, no siempre es tan visible.

¿La concentración del poder ejecutivo en manos de Donald Trump significa que Estados Unidos ya no es una democracia libre? ¿La reforma institucional que Viktor Orbán llevó a cabo en Hungría entre 2010 y 2026 o la politización de los tribunales y los medios de comunicación bajo el Partido Ley y Justicia en Polonia despojaron a esos Estados de su condición democrática? Si es así, ¿cuando los nuevos Gobiernos toman medidas para restablecer la independencia de los jueces, los medios de comunicación o las elecciones recuperan la condición democrática? ¿O cuando —como en Hungría— un líder «iliberal» acepta la derrota en las urnas?

Como señaló Casas-Zamora en un acto coorganizado por el Ministerio de Asuntos Exteriores suizo y celebrado en 2025 en BernaEnlace externo, «es muy difícil saber cuándo se cruza el Rubicón» [límite entre Galia e Italia que ningún gobernador provincial podía cruzar al frente de sus tropas y que Julio César atravesó con sus legiones].

una multitud que ondea una bandera húngara y de la UE
Fiesta en Budapest: gente partidaria de Tisza celebra la victoria en las elecciones húngaras de abril de 2026, en las que Viktor Orbán, que ha estado dieciséis años en el poder, ha salido derrotado. Robert Hegedus / Keystone

Escalas variables entre los tipos de régimen

Estas dificultades no impiden que organismos como International IDEA —una organización de apoyo a la democracia cuyos 35 Estados miembros incluyen a Suiza— sigan investigando.

En marzo de 2026 se publicaron dos importantes informes anuales sobre el estado de la democracia en el mundo: uno de la organización estadounidense Freedom HouseEnlace externo y otro del instituto Varieties of DemocracyEnlace externo (V-Dem) de Gotemburgo. Ninguno de los dos es excesivamente optimista. Para Freedom House, «en 2025, por vigésimo año consecutivo, decayó la libertad mundial». Para V-Dem, «para el ciudadano medio del mundo, la democracia ha vuelto a los niveles de 1978».

Descubra cómo la democracia en su forma más básica —un sistema que garantiza elecciones justas a nivel mundial— ha evolucionado desde 1946:

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En el caso de países concretos, las valoraciones, no obstante, pueden variar. Ambos informes indican un fuerte descenso en 2025 en EE. UU., pero cada uno de los informes lo describe de manera diferente. Para V-Dem, la rapidez con la que la administración Trump ha concentrado el poder ejecutivo no tiene precedentes: en la sección «Regímenes del mundo» del informe, Estados Unidos incluso ha pasado de «democracia liberal» a «democracia electoral». La ONG con sede en Washington D.C. Freedom House también observa importantes problemas de libertad de expresión y corrupción en EE. UU., aunque el país sigue siendo «libre».

Ofrecía una perspectiva diferente una evaluación que publicó en abril la Economist Intelligence UnitEnlace externo (EIU) en Londres. Tras haber rebajado ya en 2016 a Estados Unidos a la categoría de «democracia defectuosa», en 2025 observó un nuevo, aunque leve, descenso.

Más allá de Estados Unidos también surgen diferencias. Hungría es una «autocracia electoral» para V-Dem; «parcialmente libre», para Freedom House y una «democracia defectuosa», para la EIU. Fiji, por su parte, mejoró en la clasificación de Freedom House, pasando de «parcialmente libre» a «libre» tras los avances en materia de independencia judicial y el estado de derecho. Pero para V-Dem sigue estando en una «zona gris democrática»; y para la EIU es un «régimen híbrido».

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Debate
moderado por Benjamin von Wyl

¿Confía en la fortaleza democrática de su país?

Las democracias se enfrentan a desafíos internos y externos. ¿Cómo calificaría usted las instituciones de su país?

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Las elecciones no lo son todo

Carl Henrik Knutsen, uno de los investigadores principales de V-Dem, coincide con Casas-Zamora: no está claro cómo definir de manera precisa el fin de una democracia.

El «aspecto clave» son, probablemente, las elecciones competitivas, según Knutsen. Aunque incluso esto es difícil de definir. Muchas naciones no democráticas celebran elecciones —Rusia, por ejemplo—. Aunque, según sus palabras, hay factores más sutiles que pueden inclinar la balanza electoral, incluso cuando las votaciones no están amañadas y los partidos de la oposición no están prohibidos. ¿Una votación sigue siendo democrática si un gobernante en el poder utiliza recursos estatales para dominar la cobertura mediática y promover su campaña?

Las concepciones modernas de la democracia se han ampliado más allá de las elecciones para incluir un conjunto más amplio de derechos y libertades —de ahí el término «democracia liberal»—. Tal y como explica Knutsen, V-Dem combina diversos criterios, «como bloques de Lego», en índices como la participación y la igualdad, situando a los países en un espectro que va de más a menos democrático. A continuación, se clasifican como «democracias liberales» (31 en 2025), «democracias electorales» (56), «autocracias electorales» (57) o «autocracias cerradas» (35).

Al existir tantos indicadores democráticos, los cambios de una categoría a otra suelen reflejar una compleja combinación de factores. En la actual «recesión democrática» mundial, sin embargo, el componente liberal se ha visto sometido a una presión especial, afirma Knutsen. Esto también queda patente en Estados Unidos, donde su puntuación en los indicadores relacionados con las elecciones se mantuvo estable en 2025. Pero el deterioro de los controles legislativos sobre el ejecutivo, la independencia judicial, la protección de los derechos civiles y la libertad de prensa contribuyó al mayor descenso jamás registrado por el país en un solo año en el índice de democracia liberal.

El siguiente mapa interactivo muestra la evolución de esta forma más amplia de democracia «liberal» en todo el mundo:

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¿Están cambiando las reglas de juego de lo que se considera democracia?

Esto nos lleva a plantear si un deterioro específico de los aspectos liberales justifica los temores más generales de que la democracia en sí misma esté «llegando a su fin».

Según Philip Manow, politólogo de la Universidad de Siegen (Alemania), la ampliación de las definiciones occidentales de democracia para incluir aspectos más liberales puede haber cambiado indebidamente las reglas del juego, redefiniendo no solo lo que se considera democracia, sino también dónde parece estar fallando. ¿Es el conflicto entre los tribunales y el Gobierno en Hungría una prueba de un retroceso democrático, o forma parte de una lucha de poder normal en un sistema democrático competitivo? Para Manow, la «crisis de la democracia liberal» puede ser precisamente eso: una crisis de la democracia liberal y no de la democracia en sí misma. Así lo indicó en Unter BeobachtungEnlace externo (Bajo observación).

Y esto —dice Manow— no es solo una disputa académica. Según declaró el Parlamento Europeo en 2022, haciéndose eco de V-Dem, Hungría ya no era una democracia plena, sino más bien una «autocracia electoral». Los europarlamentarios afirmaron: «Se celebran elecciones, pero falta el respeto por las normas y estándares democráticos». Asimismo, instaron a la Comisión Europea a utilizar la presión presupuestaria para impulsar reformas en Budapest. Este es un claro ejemplo de cómo las clasificaciones pueden influir en la política y la financiación del mundo real.

¿De las instituciones a los resultados?

Otra cuestión es si el propio concepto de democracia corre el riesgo de extenderse hasta tal punto que se vuelva demasiado fácil —o políticamente divisivo— hablar de su «fin».

Eva Maria Belser, profesora de Derecho Constitucional en la Universidad de Friburgo, aboga por una concepción de la democracia «amplia», que incluya los derechos humanos y el estado de derecho, además de las elecciones. Sin embargo, se muestra cautelosa ante las divisiones rígidas entre democracias «auténticas» y otras. Belser, que representa a Suiza en el consejo asesor de International IDEA, argumenta que las críticas a las violaciones de derechos son necesarias. Pero tras un siglo XX fracturado, «no necesitamos una división global entre sistemas democráticos y no democráticos».

Para Belser, la cuestión más importante no es cuándo termina la democracia, sino por qué y por qué cada vez menos personas parecen dispuestas a defenderla. Y sugiere que responder a eso requiere mirar más allá de las instituciones y fijarse en los resultados.

Las preocupaciones de la mayoría de la gente son tangibles: los salarios, la vivienda, la educación, las perspectivas de futuro para sus hijos. Según este criterio, «tenemos que aceptar el hecho de que los sistemas democráticos han sido una decepción en muchos lugares», apunta Belser.

El año pasado, pedimos su opinión sobre la democracia y sus retos:

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Una oportunidad para reconsiderar la diversidad

Aunque tampoco está nada claro que una visión más orientada a los resultados haga que las cosas sean menos confusas.

De hecho, algunos Estados que distan mucho de ser libres se atribuyen el término «democracia». Corea del Norte, por ejemplo, lo incluye en su nombre oficial. Otros, entre ellos China —un Estado autoritario, según todos los informes más destacados—, se oponen a lo que consideran criterios occidentales excluyentes. El ministro de Asuntos Exteriores de China, Wang Yi, en 2021, argumentó que una verdadera democracia es aquella que «satisface las necesidades del pueblo y le proporciona una sensación suficiente de participación, satisfacción y beneficio», y no aquella que cumple una lista de requisitos liberales.

reunión política en China
La Asamblea Popular Nacional, el órgano supremo del poder estatal en China, se reunió en Pekín en marzo de 2026. Ichiro Ohara / AFP

Este enfoque, llevado a su conclusión lógica, sin embargo, podría volverse demasiado fluido: una democracia basada en el rendimiento económico, por ejemplo, en teoría, podría quedar descalificada ante cada recesión.

Para Belser, algunos pilares siguen siendo esenciales, incluidos los derechos fundamentales. «Poder expresarse libremente y que nos escuchen forma parte de la dignidad humana; creo que eso es universal», afirma. En lo que respecta a la democracia en general, dada la enorme amplitud de interpretación que tiene un sistema de gobierno «del pueblo, por el pueblo y para el pueblo», es probable que siempre haya diversidad. Belser opina que los retos actuales a los que se enfrenta la democracia liberal podrían ser una oportunidad «para sentarnos juntos, hablar y mejorar nuestra comprensión de lo que es, podría ser y debería ser la democracia», y dónde están sus límites.

Editado por Benjamin von Wyl. Adaptado del inglés por Lupe Calvo. Versión en español revisada por Carla Wolff.

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