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Desembarco de artistas españoles en la Bienal de Arte Contemporáneo de Lyon, en Francia

Carmen Menéndez Cobos

Lyon (Francia), 19 sep (EFE).- La 18ª Bienal de Arte Contemporáneo de Lyon, una de las grandes citas internacionales del arte contemporáneo, abre este sábado sus puertas con 120 propuestas de artistas de 42 nacionalidades, entre ellos, nueve españoles, la mayoría, mujeres.

Bajo el título ‘Pasar de un sueño a otro’, la Bienal marcará el ritmo en la ciudad francesa hasta el 13 de diciembre, con obras expuestas no solo en los museos, sino también diseminadas por espacios industriales, jardines, calles y lugares de paso de Lyon, como un aparcamiento o una estación de metro. Se esperan al menos 300.000 visitantes.

Entre los artistas españoles destaca la representación femenina: las catalanas Núria Güell, Laia Estruch, Lúa Coderch y Luz Broto y la zaragozana Lara Almarcegui, quienes han compartido con EFE sus proyectos y sus impresiones sobre su presencia en Lyon.

«Es un orgullo, es una celebración», afirma también EFE Maria Lladó, directora de Creación del Institut Ramon Llull, que ha visitado la Bienal junto a su directora, Anna Guitart, para acompañar a las cuatro artistas catalanas.

«Estar aquí juntas, coincidiendo en una sola edición, es una ocasión única para ellas, pero también para la difusión internacional de la creación contemporánea catalana», señala.

Núria Güell lleva a Lyon una reflexión sobre el dinero y el poder en el mundo del arte, que convierte al propio visitante en potencial comprador. En ‘Arte político degenerado, Epstein Lang Connection’ ha creado una galería para exponer y vender una pintura de Jeffrey Epstein, financiero estadounidense acusado de delitos sexuales, y el exministro francés de Cultura Jack Lang, pintada por el artista Renaud Suanez.

Pero la obra va mucho más allá del cuadro, pues Güell explica que informará al público de «cómo puede lavar dinero, hacer evasión fiscal y sobre todo desgravarse impuestos a través del arte contemporáneo».

«Mi intención es vender la pintura y también revelar todos los mecanismos financieros que hay detrás del arte contemporáneo, que nada tienen que ver con el discurso humanista de las artes, sino que tienen que ver solo con el dinero y el capital», señala la artista, que resume su propuesta con ironía: «Creo que es un muy buen motivo para comprar la obra porque al final salen ganado».

Laia Estruch lleva a la Bienal ‘Carrau’, tres grandes estructuras hinchables de colores vivos que invitan al visitante a entrar y salir de ellas. Las concibe como cuerpos y escenarios para experimental con el movimiento, la voz y el sonidos.

«Nos sacuden y nos hacen poner la atención en nuestro cuerpo y en el cuerpo de la obra», explica la artista, que convierte el aire en un elemento escultórico y sonoro.

También trabaja con el aire Lúa Córdich, que reconstruye en forma de esculturas hinchables fragmentos del pabellón de Barcelona diseñado por Mies van der Rohe y Lily Reich para la Exposición Internacional de 1929.

Su proyecto ‘International Style’, reproduce los muros de travertino, mármol y ónice como si fueran «fotografías llenas de aire», en una reflexión sobre la reconstrucción del pabellón, desmontado tras la exposición y reconstruido décadas después a partir de fotografías, documentos y testimonios.

En cuanto a la propuesta de Luz Broto, sale de las salas de exposición y se extiende por Lyon. ‘Ponerse en el lugar del otro’ presenta una serie de protocolos que invitan a la gente a intercambiar con desconocidos sus viviendas, objetos personales o actividades cotidianas.

Uno de los carteles de Broto, un texto enorme en la puerta de ‘Los Grandes Locos’, principal centro de exposición de la Bienal, propone dejar las llaves en una mesa y llevarse las de otras persona «para ir a dormir a su casa esta noche». «No espero que nadie lo haga», reconoce.

Al mismo espacio de exposición, una gigantesca nave situada en el sur de Lyon, la zaragozana Lara Almarcegui ha llevado 260 metros cúbicos de esquisto rojo, un residuo de la antigua industria del carbón de Saint-Étienne (sureste de Francia). Las montañas de roca expuestas remiten a las escombreras que todavía salpican el paisaje de la región y convierten el residuo de la minería en materia de obra de arte. EFE

cmc/cat/av

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