Doisneau llega a Roma con sus retratos de lo cotidiano y de Picasso, su mejor modelo
Carlos Expósito
Roma, 4 mar (EFE).- El fotógrafo francés Robert Doisneau, uno de los grandes del siglo XX, fue un especialista en capturar la vida cotidiana parisina y el amor periférico. Y además fue un gran retratista, como muestra una gran exposición en Roma que incluye dos imágenes de Pablo Picasso, a quien definió como «el mejor modelo».
Doisneau (Gentilly, Francia, 1912-1994) narró como nadie la vida corriente de París, la esencia de los obreros, la picardía infantil y el romance en la periferia, y lo hizo con una mezcla de sensibilidad e ironía que le convirtió en uno de los exponentes de la fotografía humanista francesa.
Ejemplo de ello es su obra cumbre, El beso del Hotel de Ville, que inmortalizó a una pareja besándose en las calles de París y que se convirtió en el símbolo universal del amor.
Una gran muestra en la capital italiana, que reúne más de 140 imágenes seleccionadas entre 450.000 negativos, recoge esta y algunas de sus emblemáticas instantáneas, como dos retratos de Picasso que captan a la perfección el carisma del genial pintor malagueño.
El mejor modelo
«Fue el mejor modelo que he tenido jamás. Era un actor extraordinario. Se movía con gran elegancia en el espacio. Un hombrecito muy interesante. Bastaba apenas proponerle algo, darle un elemento, y empezaba a inventar», dijo Doisneau tras fotografíar a Picasso en varias ocasiones.
En 1952, la revista Vogue encargó a Doisneau un reportaje fotográfico sobre Picasso. El resultado fue un retrato ingenioso y divertido: el pintor aparece con una camiseta de rayas horizontales, sentado a la mesa antes de comer, mientras dos panes, que evocan unos dedos alargados, sustituyen visualmente sus manos.
Este efecto, que es una muestra más de su gusto por la puesta en escena y por el juego con los modelos, se realizó gracias a que «Picasso se dejaba llevar»: «Era el personaje perfecto», asegura a EFE la responsable de la exposición, Mariangela Scaramella.
El otro retrato del pintor español, fechado en 1963, representa al artista en su estudio de la ciudad francesa de Mougins, con los brazos alzados y rodeado de lienzos apilados, en una escena que lo humaniza y revela una faceta más íntima y cotidiana de Pablo Picasso. «Se le capta, digamos, por sorpresa», sostiene Scaramella.
Además de Picasso, la exposición recoge otros retratos, caracterizados por captar la dimensión más auténtica de personajes célebres de la cultura del siglo XX, como el escultor y pintor suizo Alberto Giacometti, el poeta francés Jean Cocteau o la actriz Brigitte Bardot.
Sensibilidad, pasión e ironía
La exposición, que podrá visitarse en el Museo del Genio de Roma desde este jueves hasta el 19 de julio, recorre la obra de Doisneau a través de un itinerario que indaga entre la memoria personal, su observación de la realidad y los cambios de la capital francesa desde la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) hasta los años ochenta.
También reúne imágenes dedicadas a la infancia, uno de los ejes centrales de su obra, a través de instantáneas que capturan la espontaneidad y autenticidad de la niñez. «A él le encantaba retratar a los niños jugando en la calle, libres, sin convenciones», asegura la responsable.
Su fotografía combinó así una mirada lúdica, poética y realista, con un marcado sentido del humor y una aproximación sensible a la realidad social.
«Lo que él hace es recorrer las calles de París para inmortalizar momentos que puedan permanecer eternos. Lo hace con muchísima ironía, con gran pasión y sensibilidad, porque lo que busca es inmortalizar el mundo como a él le hubiera gustado que fuese: un mundo amable, inclinado hacia los demás», añade.
O, tal y como Doisneau defendió y recuerda la muestra: «Las fotografías que me interesan y que considero logradas son aquellas que nunca llegan a una conclusión, que no cuentan una historia hasta el final, sino que permanecen abiertas para permitir también al espectador recorrer un tramo del camino junto a la imagen». EFE
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