El francés Sebastián Castella corta una oreja en Cinco Villas, en el centro de México
Ciudad de México, 31 may (EFE).- El francés Sebastián Castella y el mexicano Diego San Román cortaron cada uno una oreja en corrida celebrada este domingo en la Plaza de Cinco Villas, en la localidad de Santiago de Cuautlalpan, en el central Estado de México, en tanto que el nacional Octavio García, El Payo, no obtuvo apéndices.
La plaza llenó su capacidad, de 2.500 localidades, pese al clamor en Cinco Villas, los toros de la ganadería de Los Encinos fueron de pobre presentación y descastados en general.
La tarde inició con un toro que fue devuelto, tras un percance contra un burladero, el animal era para Castella, quien luego obtuvo tres toros para triunfar, al haber solicitado uno de regalo.
Fueron cuatro animales rumbo al desolladero y una oreja para el artista multidisciplinar.
El apéndice pertenecía a un ejemplar anovillado, un cárdeno bragado, feo de lámina, este fue picado hacia la puerta de caballos y algo más inclinado a la querencia que a la contraquerencia.
En el segundo tercio, el toro sufrió un aparatoso percance al estrellarse contra un burladero lo que provocó su desplome. Sin la devolución del animal, se continuó con la lidia.
Contra todo pronóstico, el toro se sostuvo en pie durante buena parte de la faena. Embistió con continuidad y recorrido, aunque muy justo de fuerzas, se le notó noble, obediente y falto de transmisión.
Castella construyó una faena basada principalmente en la mano derecha sin terminar de imponerse sobre la condición del toro, por el lado izquierdo, también hubo opciones en los compases finales.
La estocada trasera y atravesada fueron suficientes para obtener una oreja.
Aunque el cuarto lució una estampa notable, pues la lámina resultó ser un engaño. Débil, descastado y con la cara siempre a media altura, el toro se fue apagando hasta quedarse prácticamente sin recorrido.
Castella firmó una faena tediosa, y es que, pese a que sonó un aviso, reiteró la labor que terminó por prolongarse. Tras escuchar una segunda advertencia, el francés acabó con el toro de estocada.
El originario del estado de Querétaro, Diego San Román, paseó un trofeo que colgaba del animal de mayor fondo de la tarde.
El queretano recibió al toro con verónicas de mano alta y lo condujo al caballo por las chicuelinas, ya con la franela dio inicio a la faena por la derecha llevando al toro hacia los medios con buen aire.
Lo más destacado llegó al natural, citando de frente para ligar los muletazos en series compactas, conforme fue avanzando la labor el toro iba acortando el recorrido hasta llegar al habitual arrimón final y dejó una estocada caída para lograr la oreja.
El segundo del sorteo tuvo una condición tan áspera que acabó con la monotonía de la corrida, un cárdeno, flaco y descarado de pitones, desarrolló sentido y buscó siempre el pecho del torero con violentos gañafones.
Con esta res, el torero mexicano no se la jugó y tomó pronto el estoque, mientras que El Payo dejó ver aún más las carencias del lote con un animal pequeño, deslucido y apagado.
El Payo mostró destellos de su estilo de toreo, pues con la muleta alternó detalles como molinetes de frente e invertidos, con algunos derechazos de resultona factura, siempre administrados desde una distancia prudente.
La espada volvió a convertirse en un obstáculo insalvable al realizar varios pinchazos, descabellos y un aviso que desembocaron en el silencio. EFE
bi/abz/jrh
(foto)