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El miedo a las minas antipersonales en el regreso a casa de los desplazados de Trípoli

Un artificiero turco busca minas en Salahedin, al sur de Trípoli, en Libia, el 15 de junio de 2020 afp_tickers

A unos centenares de metros de su casa en Trípoli, Hisham Suleiman frena su vehículo de golpe para terminar el camino a pie, temeroso de que una mina le haga volar por los aires, como le pasó a su vecino.

A parte del ruido de sus pasos, el silencio reina en Al Jalla, en la periferia sur de la capital libia, donde todavía se respira el olor de la pólvora pese al cese de los enfrentamientos.

El estado en el que se encuentra el barrio atestigua la violencia de los choques, atizados desde abril de 2019 por la ofensiva contra Trípoli dirigida por Jalifa Haftar, el hombre fuerte del este del país.

Los combates entre las tropas pro-Haftar y las del Gobierno de Acuerdo Nacional (GNA), reconocido por la ONU, se concentraron durante mucho tiempo en el sur de la capital, hasta que los primeros resultaron derrotados.

Con el fin de los combates, Hisham puede por fin volver a su casa… medio derruida. Ni siquiera hace falta empujar la portezuela para entrar en el jardín, porque ya no hay ninguna. Al parecer, un obús la destruyó.

Ante ese panorama, la alegría del regreso de Hisham no tarda en transformarse en angustia.

– «Inmenso meteorito» –

«Puse todos mis ahorros y diez años de mi vida en construir esta casa», cuenta, entristecido, el profesor de unos 50 años, hojeando uno de los pocos libros que no terminó quemado o destrozado.

«No es solo el hecho de ver mi casa destruida, sino también mi barrio desfigurado […]. Como si lo hubiera golpeado un inmenso meteorito», dice.

Pues, durante la batalla de Trípoli, Al Jalla constituyó un sector estratégico, un cruce entre Salahedin, la carretera que lleva al aeropuerto y Al Sidra, que conduce al centro de Trípoli.

Fue una de las primeras zonas en quedarse vacía de habitantes, a causa de los combates, que dejaron cientos de muertos y unos 200.000 desplazados.

Tras largos meses de ausencia, los desplazados solo sueñan con una cosa: poder volver a casa.

Pero para ello tienen que enfrentarse a un peligro traicionero: las minas antipersonales colocadas por los combatientes pro-Haftar en las casas, jardines y carreteras, según el GNA.

«Cualquier recurso a las minas terrestres prohibidas internacionalmente es inadmisible», denunció el 3 de junio la oenegé Human Rights Watch (HRW).

El martes, la misma organización reclamó una investigación «urgente» sobre posibles «crímenes de guerra» cometidos por los milicianos del mariscal Jalifa Haftar.

Las fuerzas pro-Haftar no comentaron esas acusaciones.

Hisham, por su parte, camina hacia su domicilio con conocimiento de causa.

«Asumo el riesgo de acondicionar una parte de la casa para librarme de unos alquileres que ya no puedo pagar», afirma.

En lo que va de mes, más de treinta personas han muerto y 60 han resultado heridas en la explosión de minas antipersonales, sobre todo civiles, según el Ministerio de Salud del GNA en Trípoli.

– Apuntar contra civiles –

El 26 de mayo, la Misión de Naciones Unidas en Libia (Manul) «condenó firmemente» el uso de minas antipersonales, y denunció que estas «apuntaban deliberadamente» contra los civiles.

En unos videos, que no pudieron ser autentificados, divulgados en redes sociales,aparecen combatientes pro-Haftar preparando artefactos explosivos en una casa del barrio de Salahedin.

Según el general Ahmad Bayou, jefe del equipo de artificieros del Ministerio de Interior del GNA, las tropas rivales recurrieron a multitud de métodos para esconderlas.

Varios testimonios dan cuenta de minas en el depósito de wc, cacerolas, estufas o tapadas por ladrillos.

Algunas víctimas también murieron o resultaron heridas por artefactos colocados en la carretera, cuando regresaban a casa.

A petición del GNA, cuyos recientes éxitos militares se debieron en parte al apoyo militar de Ankara, un equipo de artificieros turcos fue desplegado en Trípoli para desactivar las minas.

Según el Ministerio de Interior del GNA, se retiraron minas de cinco hectáreas, de momento, entre Salahedin y Al Sidra.

Sin embargo, «es difícil conocer la extensión exacta de las zonas al sur de Trípoli donde […] se colocaron minas», explica el general Bayou.

Entretanto, los artificieros del GNA designaron zonas de riesgo con inscripciones en las paredes y carteles, mientras que las autoridades suspendieron el regreso de los desplazados a zonas que todavía no fueron inspeccionadas.

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