El norte de Israel, bajo amenaza de Irán y de la milicia libanesa Hizbulá
Núria Garrido Gómez
Haifa (Israel), 3 mar (EFE).- En la ciudad de Haifa, la más grande del norte de Israel, los vecinos miran más al cielo que en el resto del país por la doble amenaza que afrontan desde hace unos días: los ataques por parte de Irán y también los de sus vecinos, la milicia libanesa Hizbulá.
«¿Ves ese punto de allá? Eso es exactamente la frontera con Líbano, a unos 30 kilómetros de aquí. Los cazas israelíes que estamos escuchando seguramente se dirijan hacia allí», explica a EFE Sam, un vecino israelí de 81 años, desde un mirador con vistas privilegiadas a la urbe.
Con los bombardeos de Israel y Estados Unidos contra Irán -que comenzaron durante la mañana del sábado- esta ciudad norteña se ha mantenido en alerta por la llegada de misiles balísticos del régimen de los ayatolás.
Desde el lunes, además, sus residentes tienen que lidiar con los ataques de Hizbulá, que ya estuvo atacando el norte de Israel desde el inicio de la ofensiva israelí en Gaza en octubre de 2023 hasta noviembre de 2024, cuando firmó una tregua con Israel. Desde dicha tregua, el Ejército israelí ha continuado bombardeando el sur del país vecino.
El grupo libanés justificó su suma a esta guerra regional «como venganza» tras confirmarse la muerte del líder iraní Alí Jameneí por parte del Ejército israelí.
Menos tiempo para ir a refugio
Lo cierto es que a este jubilado poco le inquieta que puedan llegar en cualquier momento del día misiles balísticos de Irán o ataques de Hizbulá en forma de drones o proyectiles contra Haifa, no solo porque dice que está acostumbrado, sino porque ha vivido varias guerras en sus propias carnes a lo largo de su vida.
«Si suenan las alarmas, te recomiendo encarecidamente que vayas al refugio más cercano. Yo, a mi edad y con todo lo que he vivido, no necesito refugiarme. Luché en la guerra de los Seís Días (1967), en la del Yom Kipur (1973) y en la primera de Israel contra el Líbano (1982)», cuenta.
Y, como si las hubiera invocado, tan solo unos minutos después de hacer esta afirmación se activan las alarmas antiaéreas en Haifa.
«Tras las sirenas que sonaron en el norte y centro de Israel, se identificaron varios proyectiles que cruzaron desde el Líbano hacia territorio israelí. La mayoría de los proyectiles fueron interceptados, y otro cayó en una zona abierta», aclaró poco después el Ejercito israelí en un mensaje.
En este caso, al estar el norte del país tan cerca de Líbano, Israel no dispone de suficiente tiempo para enviar un primer mensaje con más antelación, como ocurre cuando el Ejército detecta el lanzamiento de misiles desde Irán, por lo que en esta zona suenan directamente las alarmas cuando llegan los ataques, o a veces ni siquiera eso.
Los vecinos tienen entre uno y dos minutos para correr al refugio.
El regreso de Hizbulá
«Está claro que los iraníes han animado a Hizbulá para que nos vuelvan a atacar», indica Sam sobre el hecho de que la milicia chií se haya querido sumar a esta nueva guerra regional.
Y es que, si bien la milicia libanesa días antes del inicio de esta guerra aseguró en algunos medios de comunicación que no iba a participar en una ofensiva contra Israel si este bombardeaba Irán -tal y como ocurrió en junio-, la realidad se ha desarrollado de otra forma.
Este doble peligro se plasma en las calles de Haifa, donde apenas se ve a gente paseando y donde la mayoría de los comercios están cerrados. Solo algunos, como el puesto de perritos calientes de Amir, sigue abierto algunas horas del día.
«Tengo que trabajar. No tengo miedo y confío en la defensa antiaérea de mi país. El Gobierno libanés debe encargarse de que Hizbulá desaparezca. Si no, pues se encargará Israel. Es un suicidio para los libaneses que ahora nos estén atacando», cuenta mientras prepara los pedidos que sus clientes le hacen por internet.
Este martes, Israel ha incrementado sus ataques contra Beirut mientras el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, volvió a insistir en que atacará «aún con más fuerza» a Irán y también a la milicia chií libanesa. EFE
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