El papa pide a los cardenales un apoyo «fuerte, explícito y público» al abrir consistorio
Ciudad del Vaticano, 26 jun (EFE).- El papa León XIV inauguró este viernes su segundo consistorio extraordinario con un llamamiento a la unidad y la corresponsabilidad en la Iglesia, al pedir de forma expresa a los cardenales un respaldo «fuerte, explícito y público» para el ejercicio de su pontificado.
Ante el Colegio Cardenalicio, reunido este fin de semana en el Vaticano, el pontífice recordó el primer consistorio extraordinario, celebrado el pasado enero, y reiteró su intención de convertir este encuentro en una cita anual para fortalecer la colegialidad y favorecer el diálogo entre los purpurados.
«Sigo pensando que esta es una de las responsabilidades más importantes confiadas al colegio cardenalicio», afirmó León XIV durante su intervención, tras haber iniciado la jornada con una misa en la Basílica de San Pedro.
Durante su intervención, León XIV pidió «una ayuda particular» a los purpurados: «El ministerio que el Señor me ha confiado no puede ser vivido solo. Este necesita de vuestra experiencia, de vuestra sabiduría pastoral, de vuestro conocimiento de las Iglesias y de los pueblos que os están confiados».
León XIV explicó que cuenta con ellos para discernir «lo que el Espíritu dice hoy a la Iglesia», y reclamó un respaldo claro a su pontificado.
«Necesito vuestro apoyo fuerte, explícito y público. Necesito sentirme sostenido por vosotros como hermanos», afirmó.
Asimismo, pidió que ese acompañamiento no se limite a los trabajos del consistorio, sino que continúe en el servicio cotidiano a la comunión de la Iglesia universal.
«Ayudadme a escuchar lo que emerge en las Iglesias, a reconocer los signos de esperanza que a menudo crecen en el silencio, pero también a no ignorar las fatigas, las incomprensiones y las resistencias que pueden ralentizar el camino», añadió.
La Iglesia ante los conflictos
Durante las sesiones de este viernes y el sábado, cardenales de todo el mundo analizarán el impacto de las tensiones y conflictos internacionales sobre las comunidades católicas, así como las iniciativas que la Iglesia puede impulsar para favorecer la reconciliación, la convivencia y la paz.
En este contexto, el papa instó a los purpurados a «detenerse ante la realidad» y adoptar una mirada de fe basada en la escucha mutua antes de actuar.
«Ninguno de nosotros es ajeno a las muchas formas de conflicto, de opresión y de fractura que atraviesan hoy nuestras sociedades», señaló, vinculando este escenario a su primera encíclica, ‘Magnifica Humanitas’.
El pontífice explicó que desea conocer cómo ha sido acogido este documento en las distintas Iglesias locales y qué aportaciones puede ofrecer la institución a la «construcción del bien común», en un contexto de creciente fragmentación social.
Citando la encíclica, defendió que el ejercicio de las responsabilidades debe regirse por criterios de «transparencia, evaluación y corresponsabilidad», al recordar que «el bien común no nace espontáneamente, sino que exige responsabilidades compartidas».
Una defensa de la sinodalidad
León XIV dedicó parte de su discurso a reivindicar la sinodalidad -es decir, el estilo y modo de ser de la Iglesia Católica- como el camino para afrontar de forma conjunta las decisiones eclesiales y responder a los desafíos del mundo actual.
«A veces ha sido interpretada como una disminución de la autoridad. En realidad, nos ayuda a comprender más profundamente el significado de la autoridad misma, que existe para custodiar la comunión, favorecer la participación de todos y orientar el camino común de la Iglesia», afirmó.
El pontífice subrayó además que el consistorio no está concebido para debatir sobre «la vida interna de la Iglesia», sino para afrontar los retos de la evangelización en el mundo actual.
Recordó también que tanto él como los participantes no son «custodios de intereses particulares, sino discípulos y testigos del Reino de Dios», una idea que ya había expresado en su primer consistorio extraordinario.
Al concluir su intervención, el pontífice reclamó a los cardenales «libertad, franqueza y lealtad» en los trabajos del consistorio y los animó a participar activamente en las dinámicas de grupo, un método que, admitió, «no es el habitual» en este tipo de reuniones.
«Naturalmente, quedará espacio también para las intervenciones personales. Y, como siempre, cada uno podrá hacerme llegar libremente observaciones o reflexiones reservadas. Pero os pido entrar con confianza en este ejercicio eclesial», concluyó. EFE
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