The Swiss voice in the world since 1935
Historias principales
Swiss democracy

Esta vez, muchos desplazados libaneses ya tenían un plan B

Noemí Jabois

Beirut, 4 mar (EFE).- Cuando este lunes arrancó la ofensiva aérea israelí contra el Líbano, Mohammad ya tenía a donde huir con su familia, un piso de alquiler que había estado pagando a medias con sus hermanos desde el final de la última guerra hace más de un año, para no tener que verse jamás en situaciones como las de entonces.

Muchos vecinos de los suburbios sur de Beirut, entre otras zonas muy golpeadas por el conflicto de 2024, decidieron alquilar segundas residencias en regiones más seguras o incluso mudarse directamente a ellas, pues en 15 meses de alto el fuego la estabilidad nunca llegó a regresar del todo al Líbano.

«Cuando acabó la guerra vi que la situación aún estaba mal, no estaba bien. Quedé con mis otros hermanos con los que compartimos el pago del alquiler y no lo dejamos por si acaso pasaba cualquier cosa, de forma que pudiéramos subir todos ahí arriba», explica a EFE Mohammad.

«Ya aprendimos de la otra vez, porque fuimos humillados. La vez pasada estuvimos dando vueltas en las escuelas y sufrimos humillación», lamenta este desplazado de 52 años.

Un plan B

En ambas ocasiones, las autoridades libanesas habilitaron cientos de colegios como albergues, pero muchos desplazados se quejan de las precarias condiciones o tienen que recorrer varias áreas hasta encontrar un aula aún disponible.

Para Mohammad, la odisea de 2024 incluyó malvivir brevemente en uno de estos albergues, ser acogido en la casa de unos conocidos y luchar contra propietarios que se aprovecharon de la situación para poner precios desorbitados a los alquileres.

«No había lugares para dormir como Dios manda. Nos quedamos tres o cuatro días en un colegio, pero no aguantamos más», recuerda.

Por ello, agradece haber podido llegar a una vivienda con todo preparado cuando la madrugada del lunes se volvieron a despertar «aterrorizados» entre las bombas y tuvieron que salir corriendo de casa con lo puesto.

Sin embargo, el vecino espera poder volver pronto a su vida, su trabajo y su casa de verdad «ahí abajo», comenta, prefiriendo no revelar dónde es exactamente «ahí abajo».

Los ataques se concentran sobre todo en las zonas de influencia del grupo chií Hizbulá: el sur y el este del país, y el extrarradio capitalino.

Con la última gran campaña israelí en septiembre de 2024, 1,2 millones de personas tuvieron que abandonar sus hogares en la pequeña nación mediterránea, mientras que en esta ocasión las autoridades han contabilizado hasta ahora casi 84.000 desplazados.

«No vamos a dejar que se repita lo de no estar preparados, no solo ahora o esta temporada, ya para siempre», sentencia a EFE Hamza (nombre ficticio), otro de los afectados con plan B.

En su caso, durante la última guerra se refugiaron en una casa antigua que necesitaba desesperadamente una reforma o incluso ser derribada para construirla de cero, y que venía con un terreno comprado por su hermano en las montañas.

Estaba completamente vacía, llena de polvo y la primera noche ni siquiera tenían colchones para dormir.

«Cuando empezó la guerra la vez pasada no tuvimos otra opción que subir aquí. Aunque estuviera en ruinas es mejor que las escuelas, así que subimos y empezamos a limpiar», relata el hombre.

Así pasaron los más de dos meses que se prolongó el punto álgido del último conflicto, pero después del alto el fuego decidieron arreglarlo todo y comprar muebles para que la vivienda estuviera preparada de cara a futuras eventualidades, cuenta Hamza.

Una noche para olvidar

Tanto Mohammad como Hamza conocen a muchos vecinos que mantenían alquileres en zonas más seguras por miedo a que pasara lo de esta semana, mientras que otros como Yara (nombre ficticio) con la suerte de poseer una segunda vivienda de algún tipo, se afanaron en ponerlas a punto por si las moscas.

La joven decidió amueblar una casa que tiene fuera del Dahye, pese a que incluso esa área alternativa fue objetivo de ataques en 2024.

En aquella ocasión, todavía no era madre, pero esta vez el conflicto la sorprendió con un bebé que hizo su huida un infierno.

«Cuando hay un niño de por medio es diferente. Hasta ahora estoy muy colapsada, no puedo entender o explicarme qué ha pasado. Estaba de pie en la habitación, pegándome a mí misma y gritando, y llorando y dando vueltas en casa», explica a EFE.

El atasco era tal este lunes que les llevó 15 minutos solo poder salir del garaje y casi tres horas alcanzar su segunda vivienda, obligándola a amamantar a su hijo y a cambiarle los pañales en el coche.

«Solo quería que saliéramos de allí, el tráfico no se movía y mi cabeza seguía pensando que iban a bombardear en ese momento y estábamos dentro en Dahye», concluyó. EFE

njd/mra

(foto)

Los preferidos del público

Los más discutidos

SWI swissinfo.ch - Sociedad Suiza de Radio y Televisión SRG SSR

SWI swissinfo.ch - Sociedad Suiza de Radio y Televisión SRG SSR