The Swiss voice in the world since 1935
Historias principales
Swiss democracy

Francia mira entre orgullo y vergüenza el fin de sus ensayos nucleares en Polinesia

Luis Miguel Pascual

París, 26 ene (EFE).- El 27 de enero de 1996 tuvo lugar el último ensayo nuclear francés en los atolones de Polinesia, un experimento que 30 años después el país observa con el orgullo de haber podido dotarse de un arma atómica que le sienta en la mesa de los elegidos y la vergüenza de haberlo hecho a costa de dañar a la población local.

El aniversario pasa de puntillas por la actualidad de un país, que unos días antes vio como su presidente actual, Emmanuel Macron, situaba la disuasión nuclear como el elemento central de la defensa del país en un momento geopolítico complejo.

«No es el momento más propicio para obtener el reconocimiento simbólico que aguarda la población polinesia por el daño que sufrieron», asegura a EFE el profesor de la universidad de Orleans Alexis Vrignon, que ha consagrado varias obras a esos ensayos nucleares y sus consecuencias.

En total, entre 1966 y 1996 Francia procedió a 210 ensayos, 193 de ellos en Polinesia, que le permitieron poner a punto un armamento atómico eficaz, pero que provocaron una gran contaminación nuclear en ese archipiélago del Pacífico.

No hay estudios oficiales sobre su impacto real en la población local, pero algunas estimaciones apuntan a un riesgo de contraer un cáncer cinco veces superior a la metrópoli y cifran en 170.000 las personas contaminadas.

Deseoso de convertirse en una potencia internacional, lo que exigía tener la bomba atómica, el general Charles de Gaulle comenzó los ensayos nucleares en el desierto argelino, entonces territorio francés, en 1960.

Dos años más tarde, la colonia accedió a la independencia, por lo que era necesario buscar otro lugar para seguir perfeccionando las armas atómicas.

Varios escenarios estuvieron sobre la mesa del Estado Mayor galo. Los Alpes o Córcega cumplían ciertas condiciones, pero acarreaban un enorme coste político: la población local se oponía de forma radical.

En las islas Kerguelen, un territorio francés al sur del Índico y totalmente desierto, no habría protestas populares, pero las condiciones climáticas no eran aptas para estos experimentos.

Emergió la opción de Polinesia como la más adecuada y «el interés nacional acabó con toda oposición de la población».

«Pensaban que era un desierto acuático cuando en realidad albergaba poblados. Nadie lo tuvo en cuenta. Se dijeron cosas que no eran ciertas, que los ensayos nucleares no tenían ninguna incidencia en las personas ni en el medio ambiente», señala el historiador.

Seguía así la misma línea de otras potencias atómicas, como el Reino Unido, que también habían optado por territorios coloniales para poner a punto sus armas atómicas.

En un territorio mayor que Europa apenas vivían unos 70.000 habitantes, muy dispersos, por lo que su oposición apenas fue visible. Francia miró para otro lado.

«La clase política local protestó. También algunos países vecinos, como Nueva Zelanda y Australia. Pero el interés nacional se impuso», señala el autor de obras como ‘Bombas en Polinesia, los ensayos nucleares franceses en el Pacífico’ (2022).

Los atolones de Mururoa y Fangataufa, muy alejados de la capital, Papete, que alberga el grueso de la población polinesia, fueron el escenario de los ejercicios.

Se levantaron hangares para proteger a los habitantes más próximos, sin tener en cuenta que la radiación contaminaba de otras formas, como el agua de lluvia que los locales suelen almacenar en depósitos abiertos.

Ensayos subterráneos

En los años 70 el descontento fue creciente y en 1975 el Gobierno accedió a renunciar a los ensayos aéreos y efectuarlos subterráneos.

En 1992, el socialista François Mitterrand impuso una moratoria sobre esas pruebas, pero nada más llegar al poder el conservador Jacques Chirac anunció una nueva serie de pruebas que el Ejército considera «imprescindibles» para completar su programa nuclear.

Pese a la oposición creciente y violenta, con manifestaciones en Polinesia y en otras ciudades, se efectuaron otros seis ensayos, el primero de ellos el 8 de septiembre de 1995 de una potencia de ocho kilotones, algo más de la mitad de la bomba lanzada sobre Hisoshima medio siglo antes.

Los siguientes llegaron a los 120 kilotones y dotaron al Ejército francés de cabezas nucleares y de la capacidad de equipar con ellas a sus submarinos.

Hubo que esperar a 2010 para que Francia aprobara una ley que reconociera los daños médicos sufridos por la población, aunque las indemnizaciones fueron lentas y casi inexistentes hasta una reforma que los agilizó en 2018.

El socialista François Hollande se comprometió en 2016 a levantar un memorial de los afectados, pero el proyecto duerme en los despachos oficiales.

La senadora polinesia Mareana Reid-Arbelot batalla, casi en el olvido, para sacar adelante una comisión parlamentaria que desemboque en una nueva ley para indemnizar a las víctimas.

«En Polinesia nos enseñan la historia de Francia. Pero en Francia no enseñan la manera en la que Francia se dotó del arma nuclear», asegura la legisladora. EFE

lmpg/cat/jgb

Los preferidos del público

Los más discutidos

SWI swissinfo.ch - sucursal de la Sociedad Suiza de Radio y Televisión SRG SSR

SWI swissinfo.ch - sucursal de la Sociedad Suiza de Radio y Televisión SRG SSR