La comunidad judía de Pittsburgh, transida por matanza en sinagoga
Un duelo silencioso envuelve a Squirrel Hill, el vecindario tradicionalmente judío de Pittsburgh, transido este domingo de dolor tras la matanza de 11 personas en una sinagoga.
«Me duele el corazón», dice Ilene Hurwitz Schwartz, de 62 años. Normalmente duerme hasta tarde los domingos, pero esta vez se despertó temprano para tomar un café con otros residentes de esta comunidad fuertemente unida, y buscar algo de consuelo luego del peor acto antisemita en la historia de Estados Unidos.
«Parece como después del 11 de septiembre (de 2001), reaviva mucho dolor», dice esta mujer que conoce muy bien la sinagoga Tree of Life (Árbol de la Vida), donde un hombre irrumpió abriendo fuego durante el shabat: su esposo, que creció en el vecindario, hizo ahí su bar mitzvah, y su hijo frecuentó su jardín de infantes.
Abriendo fuego con un rifle y tres pistolas, el atacante mató a tres mujeres y ocho hombres, e hirió a otras seis personas.
Ilene, que vive aún cerca, estaba segura que entre las víctimas identificaría a algún conocido.
Los disparos rompieron el sentimiento de seguridad que reinaba en este vecindario cercano a la Universidad de Pittsburgh, de calles bordeadas de árboles, casas individuales y pequeñas tiendas familiares, donde viven altos profesionales y estudiantes.
Aunque Squirrel Hill históricamente es hogar de una importante población judía, también se cuentan ahí cristianos y musulmanes, así como una dinámica comunidad asiática, que todos los años celebra el Año Nuevo chino. También se encuentra un centro para homosexuales.
Todas las tendencias de la comunidad judía, liberales y ortodoxas, están representadas. Y como la población de judíos en Pittsburgh se ha reducido en los últimos años, las congregaciones se han fusionado.
– «El corazón roto» –
Musulmanes y cristianos, incluso, recuerdan haber asistido a ceremonias en sinagogas para celebrar o conmemorar eventos de la vida de amigos judíos.
Los domingos, la vida vecinal se concentra en el mercado callejero. Usualmente concurrido, esta mañana estaba prácticamente desierto.
«Tengo el corazón roto», dice con voz temblorosa Alyia Paulding, de 37 años, quien, aunque ya no vive en Squirrel Hill, gerenta un puesto de jabones en el mercado.
Para Rochel Tombosay, una judía ortodoxa de 42 años y madre de ocho hijos, el tiroteo durante el shabat confirmó sus peores pesadillas sobre el antisemitismo.
«Mis hijos están asustados», dice esta mujer que regenta una organización sin fines de lucro y que vende junto con su esposo, cada semana en el mercado, sándwiches de huevo, queso y vegetales.
Este domingo ofrecerá todas sus ganancias a Tree of Life.
«Esto golpeó a nuestra familia muy fuertemente, anoche no dormimos», cuenta.
Un puesto de comida griega en el otro rincón del mercado también anunció que iba a donar la mitad de sus ganancias a la sinagoga.
– «Los locos» –
«Todos tenemos el corazón apesadumbrado. Lo puedes sentir. Siento que todo el mundo está aturdido», dice Tombosay.
Para su familia, que respeta escrupulosamente el shabat, las numerosas sirenas de policía que sonaron la mañana del sábado constituyeron las primeras alarmas. Cuando su cuñada, una bombero, se presentó en su puerta, su corazón se desplomó.
«No me gusta decir esto, pero como judíos estamos acostumbrados a esto», dice. «Nunca estás completamente seguro así que cuando la vi, en mi corazón supe que algo devastador estaba ocurriendo».
En el café, Ilene Hurwitz Schwartz, que dirige una empresa de mercadeo, recuerda haber entrevistado a sobrevivientes del Holocausto, tras sus estudios universitarios.
«No puedes evitar pensar que eso podría pasar de nuevo, y esto es como si pasara de nuevo», dice.
Hace unos años, cuando un periódico publicó una historia sobre el vecindario judío de Squirrel Hill, Ilene reaccionó nerviosa, recordando episodios de antisemitismo que ella había sufrido en otra parte de niña.
«Pensé ‘No, no, los locos sabrán ahora donde vivimos'», recuerda. El sábado esos miedos se plantaron en su comunidad.