La Hungría de Orbán (2010-2026): del control institucional al aislamiento europeo
Budapest, 8 abr (EFE).- Viktor Orbán llega a las elecciones de este domingo en Hungría tras 16 años consecutivos en el poder con mayorías absolutas, al frente de un sistema político centralizado y personalista que ha ido tensando cada vez más su relación con la Unión Europea (UE).
A continuación, los principales acontecimientos de sus cuatro mandatos desde 2010.
2010–2014: El control institucional
Tras gobernar por primera vez entre 1998 y 2022, Orbán volvió al poder en 2010 con una mayoría parlamentaria de dos tercios que le permitió impulsar reformas de rango constitucional y realizar así una profunda transformación del sistema político de Hungría.
Junto a su entonces ministro de Economía, György Matolcsy, aplicó una estrategia económica «no ortodoxa», rompió con el FMI e introdujo impuestos extraordinarios a la banca y a las multinacionales.
En 2011 se aprobó una nueva Constitución, basada en valores cristianos tradicionales, de gran tinte nacionalista y que define el matrimonio como la unión entre un hombre y una mujer.
Ese mismo año se aprobó una normativa sobre medios, conocida como «ley mordaza», que limitó la libertad de prensa, y otra que redibujó los distritos electorales del país para favorecer al gobernante partido Fidesz.
Ya en el primer mandato, la formación de Orbán empezó a «colonizar» todas las instituciones del Estado, desde la presidencia hasta el Tribunal Constitucional con gente fiel al partido.
Los primeros cuatro años de Orbán en el poder estuvieron marcados por crecientes críticas internacionales, sobre todo de la Comisión Europea, por el deterioro de la democracia.
2014–2018: La democracia «iliberal»
En 2014 Orbán formuló en un discurso su concepto de la «democracia iliberal», señalando como referentes a países como Rusia, China o Turquía, y que generó fuertes críticas en la Unión Europea (UE).
El Gobierno impulsó la política de «apertura hacia el Este», orientada a reforzar las relaciones con esas potencias iliberales, en un intento de diversificar alianzas y reducir la dependencia de Occidente.
Desde la crisis migratoria de 2015, el Ejecutivo impulsó una política de rechazo total a la inmigración, con el refuerzo de controles fronterizos, la construcción de vallas y un discurso centrado en la defensa de la soberanía.
Después de consolidar el control sobre el Estado, Orbán centró entonces su estrategia en debilitar a la sociedad civil que criticaba sus acciones.
Entre estas medidas se incluyó la polémica «Lex CEU», diseñada para impedir el funcionamiento de la reconocida ‘Universidad Centroeuropea’ (CEU), fundada por George Soros, un inversor húngaro estadounidense conocido por su defensa de los valores liberales. La CEU acabó mudándose a Viena debido a las presiones del Gobierno.
En 2017, el Ejecutivo de Orbán impulsó una ley que aumentaba el control sobre las ONG que recibían dinero del extranjero, una norma de inspiración rusa que fue anulada por la Justicia europea cuatro años después.
2018–2022: El distanciamiento de la UE
Durante el tercer mandato, el Gobierno profundizó el control de instituciones y reforzó su influencia sobre distintos ámbitos de la sociedad civil, en un contexto de creciente polarización.
Durante la pandemia de la Covid-19, Hungría se desmarcó de la estrategia común de la UE al apostar por la adquisición de vacunas rusas y chinas, poco populares entre los húngaros, y que evidenció una política exterior cada vez más autónoma respecto a Bruselas.
En 2021 se aprobó la controvertida «ley de defensa de los menores», criticada dentro y fuera del país por sus restricciones a los derechos del colectivo LGTBI y por equiparar contenidos relacionados con la diversidad sexual con la pederastia.
Orbán también lanzó en este período medidas para incentivar el aumento de la natalidad y frenar la caída de población. Pese a estas políticas, la población se ha reducido entre 2010 y 2025 en unas 400.000 personas, alrededor del 4 %.
En 2022, tras la invasión rusa de Ucrania, Orbán mantuvo una posición diferenciada dentro de la UE al rechazar el envío de armamento a Kiev, subrayando las crecientes divergencias con sus socios europeos.
2022–2026: Aislamiento europeo y tensiones con Ucrania
La UE congeló más de 20.000 millones de euros en fondos europeos a Hungría entre 2022 y 2023 por preocupaciones sobre el Estado de derecho, al tiempo que el papel de Orbán como aliado del líder ruso, Vladimir Putin, en medio de la guerra de Ucrania generó incomprensión en las capitales comunitarias.
Hungría retrasó la adhesión de Finlandia y Suecia a la OTAN durante meses, mientras creaba la llamada ‘Oficina de Defensa de la Soberanía Nacional’, que investiga supuestos intentos de injerencia, lo que generó nuevos choques con Bruselas.
En 2024, durante la presidencia húngara del Consejo de la UE, Orbán protagonizó una polémica «misión de paz» a Kiev, Moscú y Pekín sin coordinación con sus socios, lo que despertó duras críticas.
Ese mismo año emergió como rival político Péter Magyar, un disidente de su formación que lidera desde hace meses las encuestas de intención de voto antes de las elecciones.
En 2025 y 2026 los enfrentamientos con Kiev por distintos aspectos, como el corte del petróleo ruso, se intensificaron, mientras que la cercanía a Moscú es evidente. EFE
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