Los nombres del casco histórico de Panamá, entre leyendas urbanas y la memoria nacional
Rogelio Adonican Osorio
Ciudad de Panamá, 7 abr (EFE).- Entre calles de nombres enigmáticos, avenidas marcadas por hitos históricos y espacios públicos cargados de simbolismo, el centro histórico de Ciudad de Panamá revela una identidad forjada tanto por hechos documentados como por relatos donde conviven mito y construcción de identidad nacional.
Entre esos espacios está la llamada ‘bajada del Ñopo’, una pendiente que conecta la avenida B con el antiguo mercado público.
Según el investigador de la historia Vladimir Berrio, se conoce que a finales del siglo XIX vivía allí un comerciante español de rasgos muy claros —rubio y de ojos azules— al que los lugareños llamaban «ñopo», término usado en Panamá para referirse a personas con esas características físicas.
El tendero, cuya existencia no figura en registros oficiales, habría mantenido una pequeña tienda donde regalaba dulces —según algunas versiones, en forma de pez— a los niños que acudían a comprar. Así surgió, de acuerdo con Berrio, la expresión «la ñapa del ñopo», asociada al pequeño obsequio adicional que acompañaba la compra.
Sal Si Puedes
Muy cerca de allí se encuentra la célebre calle Sal Si Puedes, cuyo nombre durante mucho tiempo se atribuyó al ambiente de excesos —juego, alcohol y prostitución— que caracterizó la zona en el siglo XIX, especialmente tras la llegada de trabajadores extranjeros durante la construcción del ferrocarril de Panamá.
Librada María Batista, comerciante que llegó a esta calle hace 44 años, explicó a EFE que el lugar «era la entrada al arrabal donde estaban todos los vicios y todo tipo de negocios, ilícitos y no ilícitos».
Según su testimonio, quienes ingresaban desde la avenida Central hacia el arrabal «les pasaba de todo, y muchos no salían, ya fuera porque se quedaban atrapados en los vicios o porque sufrían algún percance que les impedía salir».
No obstante, estudios históricos, a los que se refiere Berrio, señalan que el nombre podría ser anterior a esa reputación.
«Existen planos del siglo XVII que ya registran la denominación, lo que sugiere un origen más antiguo. Algunos historiadores apuntan a que podría estar relacionado con el trazado irregular de las calles extramuros, donde orientarse y encontrar la salida no era tarea sencilla», dice.
Santa Ana y el Café Coca Cola
Otro punto clave de esta geografía histórica es el parque de Santa Ana, considerado desde el siglo XVII el centro del arrabal, es decir, la zona extramuros donde se asentaban las clases populares.
Tras la independencia de España en 1821, este espacio se convirtió en escenario de movilización política y social. Allí se gestaron movimientos vinculados a la separación de Colombia y se registraron protestas en 1903 tras el fusilamiento del líder indígena Victoriano Lorenzo.
En 1925, durante el Movimiento Inquilinario, tropas estadounidenses ocuparon el área, reflejando las tensiones sociales de la época.
Hoy, el parque sigue siendo un punto de encuentro tradicional, conocido popularmente como el ‘parque de los viejitos’, y mantiene su cercanía con la iglesia de Santa Ana y la zona de Sal Si Puedes.
A pocos pasos del parque se encuentra el emblemático Café Coca Cola, considerado el más antiguo de la ciudad, fundado en 1875.
Este establecimiento, de estilo retro, es también el único en el mundo autorizado por la compañía Coca-Cola para utilizar oficialmente su nombre, recuerda Berrio.
Según relatos históricos, señala, en sus inicios fue «uno de los pocos negocios privados que utilizaba el nombre de una marca registrada», denominación que logró mantener pese a intentos posteriores de modificación por parte de los dueños de la marca.
¿Y los «aburridos»?
El llamado Parque de los Aburridos, ubicado en el barrio de El Chorrillo, es otro espacio cargado de anécdotas. Este pequeño recinto, oficialmente denominado parque Antonio Gordón —en honor a un beisbolista local—, es un punto de encuentro habitual para decenas de panameños, en su mayoría adultos mayores aficionados al dominó.
Según un visitante habitual, el apodo surgió cuando un transeúnte comentó al pasar: «Mira dónde están todos los aburridos», y el nombre quedó arraigado en la memoria popular.
En la actualidad, el parque ha bajado su afluencia de público, debido a que es considerado «área roja» y «ya las personas mayores, ya muy poco vienen» a pasar el rato.
Más allá del juego y la convivencia, según melómanos, el lugar también ha servido de inspiración cultural.
El cantautor Rubén Blades y Willie Colón lo evocaron en su álbum de 1981 ‘Canciones del solar de los aburridos’, donde incluyeron temas como ‘Madame Kalalú’, ‘Ligia Elena’ y ‘Tiburón’, en homenaje a este espacio emblemático.EFE
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