Los rusos se enfadan con Putin
Moscú, 19 jul (EFE).- Los rusos parecen haberse enfadado con su presidente, Vladímir Putin, ya que las encuestas demuestran un desplome en su popularidad que no se veía desde la polémica reforma de las pensiones de 2018.
El grave déficit de combustible que sacude a un país conocido como la Gasolinera de Europa debido a los ataques ucranianos contra las refinerías ha acabado con la paciencia de los rusos, que encadenan ya dos años de pandemia de coronavirus y cinco años de guerra.
Una sangría sin freno
Los rusos han aguantado estoicamente la falta de éxitos en el frente, aunque una mayoría abogue por el fin de los combates, pero el problema es que la guerra llama ahora a sus puertas.
La sangría comenzó en marzo con el bloqueo de internet. La ralentización de las redes sociales y los continuos cortes de la red móvil sacaron de quicio a muchos rusos, incluido estudiantes, empresarios y militares. El argumento esgrimido, los drones, no convenció a nadie, ya que estos han seguido atacando con éxito la retaguardia rusa.
Ahora, las interminables colas en las gasolineras han convertido la vida de muchos rusos en una pesadilla, lo que se tenía que acabar notando en los sondeos de opinión, aunque las compañías demoscópicas intentaron revertir la tendencia reduciendo a la mitad las preguntas telefónicas, donde el anonimato del encuestado le hace ser más crítico con el Kremlin.
Sea como sea, según el Fondo de Opinión Pública (FOM), la aprobación de la gestión de Putin ha caído un 5 % en una semana, desplome sin precedentes desde el comienzo de la conocida como operación militar especial.
Ese indicador se encuentra ahora en el 66 %, cuando en febrero de 2022 era del 64 %. Durante los últimos cuatro años y medio de guerra la aprobación del presidente rondó el 80 %.
El Kremlin no vivía una situación igual desde que Putin decidiera aprobar la reforma de pensiones prácticamente a escondidas, coincidiendo con el partido inaugural del Mundial de Rusia 2018. Entonces, la popularidad de Putin también pasó en menos de dos meses del 80 % al 62 %, especialmentre entre los integrantes del granero electoral del Kremlin, los mayores de 50 años.
Retorno al pasado
La actual crisis de combustible es cada vez más parecida a la que vivió el país tras la caída de la Unión Soviética en 1991. Curiosamente, Putin siempre ha comparado su gestión con la que de aquellos años de miseria, en los que la norma era la escasez de productos básicos, incluido gasolina.
De hecho, los propagandistas a sueldo del Kremlin defienden a Putin con el poco convincente argumento de que «peores tiempos hemos pasado», como cuando había que hacer colas hasta para comprar salchichón.
La realidad es que los ucranianos han logrado golpear nueve de las diez mayores refinerías del país, lo que ha provocado un déficil de más de un 30 % de déficit de combustible, según fuentes independientes.
Por ese motivo, las regiones han adoptado medidas anticrisis hasta septiembre y el Gobierno central se ha visto obligado a importar gasolina de la vecina Bielorrusia, que vendió a Moscú en junio casi 2,5 veces más de combustible que en mayo, un récord histórico desde 1991.
Todo esto ha golpeado también en las encuestas de opinión -menos del 30 % de apoyo- al partido del Kremlin, Rusia Unida, a falta de dos meses para las elecciones legislativas.
Crimea, el mayor exponente de un fracaso
Según la prensa, el precio de la gasolina ha subido un 10 % en poco más de un mes y ya ha rebasado la cifra psicológica de los 100 rublos (1,3 dólares) por litro en muchas regiones, marca que superó los 200 (2,6 dólares) en el caso de la anexionada península de Crimea, sin duda el mayor exponente del fracaso de la gestión presidencial.
«Crimnash» (Crimea es nuestra), es el neologismo que define la ideología putinista desde 2014. Con todo, la crisis que asola la península, que Kiev quiere convertir en una isla al estilo de Cuba, preocupa mucho a los rusos, antaño dispuestos a aguantar penurias en aras de la grandeza imperial del país.
Crimea sufre escasez de agua, electricidad, internet y productos básicos. Como consecuencia, algunas empresas han tenido que suspender provisionalmente sus operaciones y decenas de establecimientos -los apagones estropean los alimentos en los frigoríficos- han cerrado sus puertas. También hay escasez de turistas, justo cuando se esperaba alcanzar los siete millones de visitantes. La industria turística da por perdida la temporada de veraneo.
Los expertos consideran que el problema no es tanto económico, como sociopolítico, ya que muestra la incapacidad de Putin de cumplir sus promesas, especialmente la ansiada ‘Victoria’ ante Ucrania y el ‘Occidente Colectivo’, a lo que está supeditado todo lo demás, incluido la vida de los rusos.EFE
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