La disparidad salarial entre becarios distorsiona el mercado laboral suizo
La brecha que hay entre la remuneración y prestaciones laborales que ofrecen las empresas privadas a los becarios y las que otorgan las oenegés es enorme en Suiza. Hay quienes reciben 3.500 francos suizos (4.360 dólares) mensuales, mientras otras personas trabajan sin salario o prestación alguna en las oenegés.
En un mercado laboral cada vez más competitivo, realizar prácticas profesionales se ha convertido en la norma para quienes desean incorporarse al universo laboral, aunque esto se produzca algunas veces en detrimento de la gente joven. La relación de toda una generación con el trabajo la está determinando la «lotería» de si llegan a un puesto remunerado o lo hacen en un empleo precario.
Algunas organizaciones tratan con esmero a su personal en pasantías. Thomas Villaman realiza prácticas profesionales en comunicación médica en una multinacional farmacéutica basada en Meyrin, cerca de Ginebra. Su salario mensual fluctúa entre los 2.000 y los 3.000 francos suizos mensuales. Recibe además comida gratuita, té, café y acceso a un gimnasio.
«Tengo un supervisor y un proyecto en el que trabajo. Voy a escribir un reporte, una breve tesis para mi master», dice. Su posición no busca sustituir ninguna plaza fija, sino proporcionar apoyo adicional a la empresa.
Promesas incumplidas
Pero en otra organización, la situación es completamente distinta. Nina* realiza seis meses de prácticas profesionales en una oenegé basada en Ginebra. Para ella, la experiencia se ha convertido rápidamente en una pesadilla.
«Trabajo en un lugar en donde no hay personas empleadas. Todo el trabajo es realizado por quienes estamos en prácticas profesionales. Y el responsable está totalmente ausente», dice. Así que se ha visto obligada cumplir con una elevada carga de trabajo y a realizar muchas horas extras.
Se le prometió formación, pero esta jamás ha tenido lugar. Por ello, ha decidido romper el silencio en un intento por «dejar de normalizar las prácticas no remuneradas». Las disparidades entre los dos escenarios son posibles porque Suiza carece de una legislación federal que regule las remuneraciones de la población que realiza prácticas profesionales. Las reglas actuales las definen fundamentalmente los cantones o se determinan a través de convenios colectivos.
Afectación del mercado laboral
La falta de un marco salarial a nivel nacional coloca a los jóvenes en una situación de gran vulnerabilidad. En Lausana, por ejemplo, la Federación de Asociaciones de Estudiantes ha comenzado a lanzar voces de alerta sobre el tema. La avalancha de solicitudes para realizar prácticas profesionales supera largamente el número de plazas disponibles, «así que las personas empleadoras pueden establecer los criterios que más les convengan», explicó un representante de esta organización.
El riesgo latente es provocar una guerra salarial que vaya socavando el principio de igualdad en materia de oportunidades. Para solventar sus gastos, los becarios deben recurrir a sus ahorros personales o recibir apoyo económico familiar.
Para los especialistas, el problema no es solo de carácter económico. El sociólogo Dominique Glaymann, catedrático emérito de la Universidad de Évry Val D’Essone, en Francia, teme que se produzca una «manipulación» artificial del mercado laboral helvético.
En opinión de Glaymann, la proliferación de contratos de corta duración y bajo coste está provocando serias alteraciones en el acceso al empleo. Las plazas que antes estaban destinadas a personas que iniciaban su vida laboral y tenían poca experiencia, ahora son asignadas solo a quienes realizan prácticas profesionales.
Esto crea una paradoja considerando que la intención original de las pasantías era facilitar la integración de la gente joven a la fuerza laboral.
Por otra parte, la efectividad del proceso también es cuestionable. No existen datos estadísticos que evidencien que realizar prácticas profesionales incremente realmente las probabilidades de obtener un contrato indefinido.
Sin embargo, para algunas empresas emergentes, esta fuerza laboral se ha convertido en un mecanismo de supervivencia. Es el caso de una empresa emergente de cosméticos naturales basada en Neuchâtel en donde dos becarios trabajan codo a codo con siete empleados.
Paul Liurette, director de la firma defiende esta decisión argumentando que la empresa enfrenta restricciones presupuestarias. «Un becario cuesta 2,5 veces menos, en promedio, que una persona contratada en un puesto junior », dice.
Algunos cantones francófonos, como Ginebra, Neuchâtel y el Jura ya han adoptado leyes para fijar un salario mínimo.
Pero hay excepciones en estas leyes. Por ejemplo, en Ginebra es legal trabajar para una organización internacional y no remunerar a las personas en pasantía.
Otros cantones, como el Valais y Friburgo, carecen de una normativa vigente en el tema. El cantón de Vaud, por su parte, acaba de aceptar el principio del salario mínimo, pero aún deben definirse los detalles específicos según el tipo de beca.
Artículo adaptado al español por Andrea Ornelas. Revisado por Carla Wolff.
*El nombre de la persona entrevistada fue modificado para preservar su identidad.
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