Suiza reorienta su ayuda exterior: ¿seguirá apostando por la democracia?
El Gobierno suizo quiere reformular su política de ayuda exterior y destinar menos recursos a la cooperación al desarrollo a largo plazo para aumentar la financiación humanitaria de emergencia. Nuestro análisis muestra que este giro podría perjudicar sus esfuerzos de promoción de la democracia.
En mayo de 2025, Suiza presentó una declaración de política exterior que iba a contracorriente de la tendencia mundial. Mientras la Administración Trump recortaba los compromisos de Estados Unidos con la promoción de la democracia en todo el mundo y Europa se mostraba reticente a cubrir ese vacío, Berna dio un paso al frente. El Ministerio de Exteriores anunció en sus primeras «directrices para la promoción de la democraciaEnlace externo» que integraría y coordinaría mejor el apoyo a la democracia en sus políticas de ayuda y diplomacia y que trataría, en la medida de lo posible, de evitar nuevos retrocesos de las libertades.
Un año después, el compromiso sigue sonando ambicioso. Pero la situación mundial también continúa cambiando rápidamente. El abandono de facto de USAID por parte de Trump —hasta 2025, el mayor financiador mundial de la democracia— dejó un agujero de 3.000 millones de dólares (2.420 millones de francos) que todavía no se ha cubierto. Otras instituciones estadounidenses, como el National Endowment for Democracy, respaldado por el Congreso, han sobrevivido, pero están sometidas a presión. Y la filantropía privada tampoco suele prestar suficiente atención a las libertades y los derechos civiles, según argumentaba recientemente un artículoEnlace externo publicado en la revista estadounidense Journal of Democracy.
El grupo de países que apoyan la democracia se reduce así a algunos Estados europeos, Australia, Canadá o Japón. Pero «aunque estos actores han mantenido buena parte de sus compromisos con la ayuda a la democracia y los valores democráticos, no han ampliado sustancialmente su implicación en favor de la democracia para estar a la altura del momento», señaló en junioEnlace externo el centro de estudios Carnegie Endowment for International Peace, con sede en Washington. Con muchos Gobiernos europeos más preocupados por su propia defensa —o por sus propias democracias—, Francia, Alemania, Países Bajos y Suecia han recortado incluso la ayuda exterior. En cuanto a la UE, todo apunta a que aumentará la financiación para el desarrollo el próximo año, pero sin un presupuesto específico para la democracia.
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Buenas intenciones, financiación incierta
¿Y Suiza? Según el centro de estudios Carnegie, es uno de los pocos ejemplos relativamente positivos: en 2025 asumió un «compromiso especialmente prioritario con el apoyo a la democracia», en gran medida gracias a las nuevas directrices. Sin embargo, persisten las dudas sobre la financiación. Al igual que otros países, Suiza lleva años recortando su ayuda exterior debido a las restricciones presupuestarias. La pregunta, según el centro de estudios Carnegie, es qué repercusión tendrán estos recortes en los fondos destinados a promover la democracia.
Un anuncio más reciente sobre el futuro de la ayuda suiza podría ofrecer algunas pistas, aunque no respuestas definitivas. El 24 de junio, el Gobierno presentó sus planes: de aquí a 2030, la ayuda se centrará más en la asistencia humanitaria de emergencia y menos en la cooperación al desarrollo, es decir, en el tipo de proyectos a largo plazo en los que suele llevarse a cabo la promoción de la democracia.
El ministro de Exteriores, Ignazio Cassis, explicó entonces a los medios que este cambio de prioridades respondía a las limitaciones presupuestarias y a las «realidades» del mundo actual: más crisis, más guerras y más necesidades de emergencia.
Por ahora, el Ministerio de Exteriores no ha dado detalles sobre lo que supondrá esta reforma para la democracia. Pese a las importantes cantidades en juego —la cooperación suiza al desarrollo se reducirá casi un 23%, unos 300 millones de francos (372 millones de dólares), de aquí a 2030, mientras que la ayuda humanitaria aumentará un 61%, unos 330 millones—, todavía es «demasiado pronto para determinar» cómo afectará a los programas de promoción de la democracia, explicó a Swissinfo. El impacto «se está evaluando actualmente».
No es difícil imaginar efectos negativos. El apoyo suizo a la democracia suele estar integrado en proyectos de cooperación al desarrollo: por ejemplo, mediante el respaldo a la independencia parlamentaria en Macedonia, la gobernanza descentralizada en Kosovo o la alfabetización de mujeres en países árabes. En 2024 se destinaron unos 250 millones de francos a este tipo de iniciativas, alrededor del 10% del presupuesto total de la cooperación internacional suiza. Si los recursos se desplazan hacia la ayuda humanitaria, el margen disponible se reduce.
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Retirada de América Latina
Las nuevas prioridades geográficas tampoco parecen favorecer a las regiones sometidas a presiones autoritarias. Berna, por ejemplo, pondrá finalmente fin a toda su cooperación al desarrollo en América Latina. «Suiza no puede estar en todas partes», afirmó Cassis en junio.
La decisión llega, sin embargo, cuando el continente lleva décadas haciendo frente a tendencias antidemocráticas y contrasta con las reiteradas referencias a la importancia de la democracia en la Estrategia para las Américas 2026-2029 del Gobierno suizo.
También podría tener consecuencias una reorganización de la gestión de la ayuda. Hasta ahora, algunos proyectos estaban gestionados por el Ministerio de Exteriores y otros por la Secretaría de Estado de Economía (SECO), con cierto solapamiento entre ambos. En el futuro se aplicará el principio de «un país, un departamento»: Exteriores se ocupará de las regiones de bajos ingresos, como África, mientras que SECO asumirá la responsabilidad sobre la UE, los Balcanes Occidentales y algunos países de Asia.
La justificación es que determinadas regiones se prestan ahora más al enfoque de SECO, centrado en el comercio y la inversión, que a la cooperación al desarrollo. Pero ¿qué supondrá eso para proyectos centrados en la gobernanza en lugares como Kosovo, que quizá no generen beneficios económicos tangibles?
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Apagar incendios y prevenirlos
Con todo, no toda la promoción suiza de la democracia depende de la ayuda al desarrollo. Las directrices de 2025 contemplan otro enfoque: la «diplomacia para la democracia», es decir, utilizar el diálogo bilateral y multilateral para presentar la democracia como un modelo atractivo.
En este ámbito, también es difícil prever qué partidas presupuestarias se verán afectadas, pero podrían llegar nuevos recortes. El Gobierno prevé ahorrar 11 millones de francos anuales de aquí a 2030 en el ámbito de la «paz y la seguridad». Eso podría afectar a la división de Paz y Derechos Humanos del Ministerio de Exteriores, precisamente la encargada de la «diplomacia para la democracia».
Mientras tanto, el giro general de la política de ayuda —que supondrá la pérdida de 100 puestos de trabajo, principalmente fuera de Suiza— ha suscitado críticas. El Partido Socialista denunció un «arrasamiento de la cooperación al desarrollo». Unas 27 fundaciones, entre ellas algunas financiadas por figuras como el tenista Roger Federer o por la reaseguradora Swiss Re, instaron al Gobierno a reconsiderar sus planes por temor a que perjudiquen los valores suizos, además de la estabilidad y la seguridad internacionales.
Alliance Sud, la organización que agrupa a las ONG suizas de ayuda al desarrollo, comparó el nuevo enfoque humanitario con reforzar los servicios de bomberos a costa de descuidar la prevención de incendios.
Una lógica similar subyace a la promoción suiza de la democracia. También en este ámbito el objetivo se centra menos en promoverla a largo plazo que en protegerla a corto plazo. «En el contexto del retroceso democrático mundial, nuestro objetivo nunca ha sido ni puede ser ampliar el mundo democrático. Tenemos que protegerlo», afirmó el año pasadoEnlace externo Tim Enderlin, del Ministerio de Exteriores, al presentar las directrices.
Que esto refleje una falta de ambición o una respuesta pragmática a un mundo cada vez más hostil depende, en parte, de la perspectiva política. Lo que está claro, sin embargo, es que incluso el objetivo más modesto de apuntalar la democracia necesita financiación. Y, dado que en el futuro habrá menos recursos para la cooperación al desarrollo en general, queda por ver hasta qué punto la promoción de la democracia seguirá siendo una prioridad.
Artículo editado por Benjamin von Wyl. Adaptado al español por Carla Wolff.
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