¿Cuánta agua queda en Suiza? Nadie puede decirlo
Una visita realizada a una fuente de agua vital para Suiza evidenció que se mantiene estable en la superficie pese al periodo histórico de sequía que se atraviesa. Sin embargo, el panorama de suministro del agua se está transformando de formas que Suiza apenas comienza a comprender.
En un rincón del cantón de Friburgo, al oeste de Suiza, Julie Boillat observa un manantial del que brotan alrededor de 1.100 litros de agua por minuto.
«Creo que podríamos beberla», dice Billat, hidrogeóloga de la Oficina de Medioambiente del cantón de Friburgo.
La experta y su equipo han acudido a este sito para colectar los datos necesarios para tener información que el cantón no posee actualmente: un modelo que evidencie cómo se comporta esta fuente de agua en tiempos de sequía.
Los resultados obtenidos fueron tranquilizadores. El caudal es ligeramente inferior a la media que se ha observado en el largo plazo, advierte Boillat, «pero más o menos normal para un mes de julio». En el mapa suizo de las sequías esta zona sigue apareciendo en color verde.
Sin embargo, cerca de allí, un pequeño arroyo se ha secado.
«Para mí es un testimonio visual del caudal del manantial», dice Guillaume Balmat, responsable del suministro de agua del poblado. «Hoy está seco, lo que es una señal clara de que la producción de agua de nuestra cuenca hídrica se está viendo mermada por la falta de lluvia de los últimos meses».
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¿Debe prepararse Suiza para una grave sequía este verano?
Dos fuentes de agua, pese a ser contiguas, cuentan historias muy diferentes. Existe una dicotomía en el suministro hídrico de Suiza. Las aguas subterráneas, menos abundantes y poco profundas, así como las fuentes alimentadas por los arroyuelos, sí se ven afectadas por la sequía desde el principio. En contrapartida, los grandes mantos acuíferos, que almacenan agua durante todo el invierno y la primavera, resisten mucho tiempo más. El agua que midió Boillat corresponde a la lluvia y a la nieve que se precipitaron en febrero.
Más del 80% del agua potable disponible en Suiza procede de grandes fuentes subterráneas. Cada año se extrae solo una pequeña parte del agua. Pero ni siquiera estas fuentes acuíferas más profundas, distribuidas de forma desigual a lo largo y ancho del país, tienen la garantía de seguir siendo abastecidas en abundancia. Aunque a simple vista parecen gozar de un buen estado, la realidad es que apenas ahora comienza a reunirse un conjunto de datos más completos que permitirán realizar una verdadera evaluación del estado general. Ahora mismo, las autoridades no están en capacidad de asegurar con certeza que las fuentes hídricas están en peligro, ya que nadie las vigila.
Seis sensores para analizar las aguas subterráneas
El cantón de Friburgo, que tiene una población de 300.000 personas, dispone de seis sensores, instalados durante los últimos dos años, que tienen por misión vigilar las aguas subterráneas. Cuatro de ellos han estado recopilando datos durante más de un año. Dos de ellos muestran niveles de agua que están alrededor de un metro por debajo de los registrados durante el verano del 2025, pero no existen datos suficientes todavía para sacar conclusiones en firme, advierte Boillat.
La red federal de monitorización no puede resolver esta falta de información porque cubre solo dos fuentes hídricas en todo el cantón, lo que permite tener una idea aproximada de la situación del agua, pero no arroja un panorama detallado, afirma Boillat.
Adicionalmente, los datos disponibles frecuentemente responden a una pregunta equivocada. Para evaluar las sequías, lo que debe hacer el cantón es medir el caudal total de un manantial, no solo el agua que llega hasta un embalse. Esta tarea es la que están realizando la especialista Boillat y su equipo, labor que apoyarán con la instalación de 30 sensores adicionales este año.
Los cantones suizos no están obligados a tomar estas medidas. No hay ninguna ley suiza que exija que el sistema de monitorización de un cantón se homologue con el de otro, o que exija realizar una recopilación de datos para contribuir a la estadística nacional. Las empresas de suministro de agua del país quieren que esta situación cambie. La asociación a cargo del sector está abogando por la creación de una Ley Nacional del Agua que precise qué debe medir cada quién y cómo debe hacerlo.
La brecha que hay entre el caudal total de un manantial y el volumen recogido en un embalse puede estar escondiendo problemas de suministro de largo plazo. En una gran cuenta hídrica del cantón de Friburgo, la información que se tiene es que el caudal del agua ha disminuido constantemente durante los últimos 20 años. Pese a ello, los embalses han logrado mantener un nivel adecuado. Boillat no dispone de la información necesaria para explicar por qué está fluyendo menos agua.
«¿Se debe a una menor recarga de las aguas subterráneas durante el invierno? ¿Se trata de periodos de sequía más prolongados en verano y otoño, o de fases más largas de evapotranspiración (transferencia de agua a la atmósfera)? ¿O simplemente se está registrando un cambio en la recolección o hay algún filtro obstruido? Por el momento, carecemos de respuestas».
Dudas sobre el suministro de agua en Suiza
El punto ciego que se observa en Friburgo forma parte de una tendencia general en Suiza. El país cuenta con 42 manantiales supervisados y con una amplia red de pozos. En 2026, en varias estaciones de medición nacional se ha reportado en nivel más bajo jamás observado para un mes de junio, dijo la Oficina Federal del Medioambiente a Swissinfo, y los niveles han continuado su descenso a nivel nacional durante este verano, excepcionalmente seco.
Al analizar registros de más largo plazo, el panorama es menos homogéneo. La Oficina Federal de Medioambiente observa la coexistencia de tendencias opuestas: las estaciones alimentadas por manantiales en la zona de los Prealpes septentrionales registran una caía sostenida que responde a la reducción en la capa de nieve. En tanto, los niveles de algunas estaciones de valles fluviales están creciendo, ya que la nieve se derrite y añade más agua fluvial a los mantos acuíferos de los valles, y lo hace también a mayor velocidad. Estas tendencias opuestas solo son observables en el reducido número de estaciones que cuentan con registros suficientemente amplios como para hacer evidente lo anterior. Pero en el resto de los lugares, nadie puede afirmar en qué dirección se comportan los activos hídricos.
A la luz de los datos dispersos disponibles, el cambio climático está redistribuyendo las aguas subterráneas suizas, alejándolas de los lugares pequeños y de gran altitud, que hasta ahora habían sido alimentados por los manantiales, para redirigirlas hacia los amplios mantos acuíferos de los valles.
Es probable que esta nueva tendencia se presente en cualquier otro sitio en donde el agua descienda de las montañas, lo mismo en Austria y el norte de Italia que en los Andes o el Himalaya. La nieve y el hielo suizos alimentan los ríos Rin y Ródano. Una gran parte del continente europeos se abastece de agua, riega sus campos y transporta mercancías gracias al agua que se origina en los Alpes.
Las lluvias futuras no solucionarán el problema
Suiza está sumida en una sequía histórica provocada por las concurrentes olas de calor y la falta de precipitaciones.
«Un reto en épocas de calor y sequía es el fuerte repunte en la demanda de agua potable, lo que intensifica los efectos de la falta de recarga procedente de las precipitaciones», dice Boillat.
El 6 de agosto, la plataforma federal contra la sequía ubicó a Suiza en el nivel de riesgo más elevado, un momento que coincidió con que las previsiones climatológicas no anticipaban lluvias sostenidas. Los niveles de las aguas subterráneas y el caudal de los manantiales siguen siendo bajos y, preponderantemente, mantienen una trayectoria descendente. Una tormenta eléctrica puede hacer que un acuífero de reacción rápida suba brevemente, según el boletín, pero no lo suficiente como para que registre un incremento de largo plazo. Los acuíferos profundos requieren meses de precipitaciones por arriba de la media para poder recuperarse, refiere la Oficina Federal de Medioambiente.
Las precipitaciones invernales son pues fundamentales. Alrededor del 40% de la escorrentía que reporta Suiza cada año es procedente de los deshielos. El inverno pasado registró nevadas por debajo del promedio, así que la reserva de agua que alimenta a los ríos y acuíferos a principios del verano no logró niveles adecuados. Un buen invierno es capaz de contrarrestar los efectos de un verano muy seco, pero varios años consecutivos de sequía suponen que los acuíferos jamás vuelvan a reponerse completamente.
Las inquietudes del cantón
Boillat asegura que una sola primavera con lluvia escasa no es un gran peligro, pues los municipios suizos están interconectados. Pero sí es inquietante que los problemas se acumulen. Por ejemplo, la contaminación podría provocar que alguna de las fuentes quedara inutilizable, al tiempo que alguna otra podría secarse.
A Balmat le preocupa que exista un ciclo sostenido de mayor drenaje de las aguas y de menos recarga. De acuerdo con la autoridad meteorológica suiza MeteoSwiss, sigue precipitándose la misma cantidad de lluvia que antes a lo largo de un año natural. «Pero tengo la impresión de que las precipitaciones se están desplazando a lo largo de las estaciones. Hay más en otoño, o son más intensas, mientras que los periodos de sequía en verano se están alargando. Esto es nuestro problema». Por lo tanto, aunque la lluvia sigue cayendo, lo hace en menor cantidad cuando las fuentes hídricas más lo requieren.
Las previsiones cantonales confirman la tendencia y agrega complicaciones: a medida que las temperaturas repuntan, las temporadas de se alargan, lo que lleva a que las plantas consuman más agua durante periodos más prolongados.
La existencia de veranos más cálidos y largos también supone que una mayor parte de la lluvia que cae se consuma rápidamente o se pierda antes de que pueda filtrarse lo suficientemente profundo hasta alcanzar los acuíferos.
Es posible que esta situación se agrave, afirma Boillat, porque habrá periodos de sequía más frecuentes y prolongados. Y eso es algo para lo cual los municipios y cantones suizos ya comenzaron a prepararse, especialmente conectando fuentes acuíferas entre sí.
Si bien Suiza no se está quedando sin agua, apenas ha empezado a revisar qué partes del país dependen de las reservas prestadas o que están disminuyendo, y qué pueblos están dependiendo de esas reservas compartidas. Conforme cambien los patrones de las precipitaciones debido al cambio climático, cada vez será más importante identificar claramente si los suministros de agua se están agotando -y de qué forma lo están haciendo- o si solo se están desplazando de un lugar a otro.
Artículo editado por Gabe Bullard y adaptado al español por Andrea Ornelas. Revisado por Carla Wolff.
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