Marilyn Monroe, icono y visionaria: la actriz de método que cambió la industria
Mónica Rubalcava
Los Ángeles (EE.UU.), 1 jun (EFE).- Marilyn Monroe fue mucho más que el icono de glamour que la convirtió en mito global. Detrás de esa imagen, a menudo reducida al estereotipo de símbolo sexual, hubo una actriz rigurosa, formada en el método, y una figura clave en la lucha por el control creativo en Hollywood.
«Marilyn Monroe era, en sí misma, la actuación definitiva. Esa no era realmente ella. Ella era Norma Jeane Baker. La creación de ‘Marilyn Monroe’ fue la actuación suprema», dijo a EFE Emily Carman, profesora asociada de Cine y Artes Mediáticas de la Universidad Chapman.
Amy Greene, esposa del fotógrafo Milton H. Greene, uno de los colaboradores y amigos más cercanos de Monroe, relató cómo la actriz parecía transformarse instantáneamente de Norma Jeane, la mujer detrás del mito, reservada y discreta, a Marilyn Monroe, la deslumbrante estrella que cautivaba a cualquiera a su paso.
Tras una infancia marcada por la inestabilidad familiar, diversos episodios de abuso y un matrimonio temprano, Monroe comenzó a trabajar como modelo. Sin embargo, sus ambiciones la llevaron pronto a dar el salto a Hollywood.
El camino no fue sencillo, pero en cuestión de pocos años consiguió contrato con 20th Century Fox y empezó a abrirse paso en la industria con papeles secundarios que, poco a poco, consolidaron su presencia en pantalla.
Su ascenso definitivo llegó con títulos como ‘Niagara’ (1953), ‘Gentlemen Prefer Blondes’ (1953) y ‘How to Marry a Millionaire’ (1953), que la convirtieron en una de las figuras más reconocibles.
Sus papeles de rubia interesada, ingenua o tonta, sumados a la imagen pública de símbolo sexual que se consolidó tras la publicación de unas fotografías de desnudos sin su consentimiento, terminaron eclipsando durante años la complejidad de su trabajo interpretativo.
Más allá del estereotipo
«Existe un gran malentendido sobre su capacidad como actriz», explicó Carman, quien sostiene que Monroe fue una de las figuras clave en la incorporación del método en Hollywood, técnica entonces asociada principalmente a actores como Marlon Brando.
En 1954, Monroe se rebeló contra el estudio y se negó a aparecer en ‘The Girl in Pink Tights’ para distanciarse de papeles de mujer ingenua y por su inconformidad con el salario que recibía en comparación con sus coprotagonistas masculinos.
Se encontraba en el punto álgido de su carrera y tomó el riesgo de mudarse a Nueva York para estudiar con Lee Strasberg en el Actors Studio, decisión que, según Carman, «demuestra hasta qué punto estaba comprometida con su oficio».
«Fue una actriz muy seria, incluso cuando interpretaba personajes que explotaban la imagen de la rubia ingenua», añadió la experta, destacando papeles como ‘Some Like It Hot’.
Tomar el control creativo
En pleno apogeo del sistema de estudios, cuando las grandes estrellas estaban sujetas a contratos restrictivos y tenían escasa capacidad para decidir, Monroe desafió las reglas cuando en 1955 fundó Marilyn Monroe Productions junto a su amigo y fotógrafo Milton H. Greene.
Su objetivo no era únicamente mejorar sus condiciones económicas, sino también ganar el reconocimiento artístico que consideraba que la industria le negaba.
Monroe regresó a Fox bajo sus propios términos con el filme ‘Bus Stop’ (1956), con el que pudo mostrar una faceta más dramática y seria y en 1957 lanzó ‘The Prince and the Showgirl’, película independiente realizada por su propia productora que logró una nominación al BAFTA y ganó el David di Donatello a mejor actriz extranjera.
Hacia el final de su carrera Monroe encontró en ‘The Misfits’ (1961) el papel que siempre había buscado en los márgenes de Hollywood. El guion fue escrito por su entonces esposo, Arthur Miller, específicamente para ella, y le ofrecía un rol que la industria no le había dado.
«En ‘The Misfits’ ella es la autoridad moral: los hombres rinden cuentas ante ella por su explotación de la tierra, los animales y, en cierto modo, de ella misma», explicó Carman.
La película, que coprotagonizó junto a Clark Gable y Montgomery Clift, muestra a Monroe no como el estereotipo rubio, sino como una mujer con profundidad emocional y conciencia crítica.
En el marco de su centenario, la figura de Monroe ha permanecido en el tiempo como un mito, alimentado por su tormentosa vida personal, su prematura y devastadora muerte y la fascinación que su imagen sigue ejerciendo en la cultura popular.
«Creo que porque su imagen es tan ubicua a nivel global, a estas alturas, está desconectada incluso de sus películas. Por eso creo que todavía podríamos estar perdiéndonos de la verdadera profundidad y de las formas en que podemos y debemos entenderla», apunta Carman. EFE
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