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Proteger la salud mental de lo corresponsales de guerra, una asignatura pendiente

Madrid, 17 abr (EFE).- Proteger y garantizar la salud mental de los corresponsales de guerra es una asignatura pendiente ante la que expertos y periodistas proponen medidas como formarlos antes, durante y después de la cobertura, contar con protocolos de acogidas o romper el tabú que supone hablar de este tema en las redacciones.

Según un estudio de la Universidad del País Vasco, más de la mitad de los periodistas españoles en guerra presentan sintomatología de estrés postraumático y tres de cada diez han recibido un diagnóstico.

Un número de diagnósticos «especialmente preocupante» si se tiene en cuenta que este porcentaje oscila entre el 3% y el 8 % en la población general y entre el 10% y el 20 % en el caso de los militares, según explicó a EFE la catedrática de la área de Psicología social de la Universidad de Burgos, Silvia Ubillos.

No obstante, a ninguno de los cuatro periodistas entrevistados para este reportaje -dos actualmente en zonas de conflicto- les ha extrañado estas cifras.

Vivir en alerta permanente

«Te acabas acostumbrando al nivel de conflicto y no es que no te parezca algo excepcional, porque lo es, pero lo acabas asumiendo como parte de tu día a día», resume el corresponsal de EFE en Irán, Jaime León.

León explicó que se ha acostumbrado a los controles en la ciudad, a no contar con «prácticamente ninguna» medida de seguridad como refugios antiaéreos o a no poder descansar, con el agotamiento físico y mental que ello conlleva.

Aún así, cuando se le pregunta cómo está, contesta: «Estoy cansado, estoy estresado, soy consciente de que psicológicamente probablemente esto afecte de alguna manera, pero sobre todo estoy muy ocupado».

Desde la otra parte del conflicto, el corresponsal de EFE en Israel Guillermo Azábal coincide con su compañero en cómo vive la cobertura y cuenta que, en su caso, tuvo que parar unos días por una bajada de defensas fruto de la situación de estrés crónico.

«Las dos o tres primeras semanas tu cuerpo, tu metabolismo y hasta tu forma de conectarte con el día a día están muy pendiente de la guerra, pero también se va adaptando», aseguró.

En estas circunstancias, al que fuera reportero gráfico de RTVE Miguel Ángel de la Fuente le ayudaba meterse en el mundo de la cámara y si lo estaba haciendo bien, mientras que parte de la manera que tenía la periodista Rosa Meneses de canalizar el dolor cuando cubría estos conflictos era dándole sentido a la profesión.

En palabras de Ubillos, los periodistas que cubren conflictos están continuamente rememorando lo vivido y en vigilancia constante, «porque el cuerpo se pone en modo supervisión, supervivencia» y está continuamente atento a lo que pasa alrededor, «con todo el desgaste que eso supone».

Unos síntomas que, además, «se normalizan» y ahí está el problema, según la psicóloga, quien defiende que existen «tratamientos, terapias para recuperarse del trauma y que te ayudan a continuar con tu profesión».

Un protocolo de acogida

Para que los periodistas cuenten con un mejor bienestar psicológico, Meneses cree que es necesario una mejor formación y mayor asistencia «antes, durante y después de la cobertura».

Un diagnóstico que comparte la coautora del informe Leire Iturregui, quien considera que los medios deberían contar con un protocolo de acogida con un procedimiento sobre cómo recibirlos.

Junto con estos protocolos, Iturregui cree que habría que sumar una formación que incluyera las cuestiones psicológicas y que, sobre todo, este tema dejara de ser tabú dentro de las redacciones y las empresas periodísticas tomaran conciencia de preservar el derecho de los trabajadores a garantizar su seguridad.

«No podemos dejar que estos periodistas, que se van a los peores lugares del mundo a contar lo que ocurre para que nosotros, opinión pública, estemos al tanto, asuman el coste no solo físico, sino también psicológico de ese trabajo y lo asuman de manera individual», afirmó la experta.

Acabar con la precariedad

También ayudaría dejar atrás el mito del periodista de guerra como persona resiliente, dura y capaz de soportarlo todo, algo que, en palabras de Azábal, «hace mucho daño» porque les impide transmitir unas debilidades que todos tienen.

Y acabar con la precariedad, que según Iturregui, es la principal amenaza para la seguridad de los periodistas. También en la psicológica.

A esto Azábal, que ha cubierto como autónomo, pone un matiz: no es lo mismo hacerlo para un medio anglosajón, que para medios hispanos, en donde «estás mucho más expuesto» debido a lo que se paga: «Es que no es ni precario, es indecente».

Porque, tal y como resume Ubillos, para entender la guerra necesitamos a quienes la muestran. Y para que ellos sigan haciéndolo, «debemos cuidar a quienes tienen el valor de ir allí para contárnoslo». EFE

mnc/jlp

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