Qingtian reúne durante el Año Nuevo chino a los hijos de su diáspora en España
Guillermo Benavides
Qingtian (China), 17 feb (EFE).- En la estación de tren de Qingtian, entre maletas cargadas de regalos y saludos que alternan mandarín y español, el Año Nuevo lunar es también el momento en que regresan al condado los hijos de la emigración china en España.
Jóvenes que crecieron en distintas ciudades de la península ibérica y que vuelven al hogar familiar para celebrar una fiesta que sienten más heredada que propia.
En este rincón montañoso de la provincia oriental china de Zhejiang, del que partieron durante décadas miles de emigrantes rumbo a España y otros puntos de Europa, la también conocida como Fiesta de la Primavera es una de las pocas ocasiones en que parte de esa diáspora vuelve a coincidir bajo el mismo techo.
No todos regresan ni lo hacen cada año, pero cuando lo hacen, las mesas reúnen a nietos con pasaporte español y a abuelos que los esperan con un muchas veces incomprensible dialecto local, entre platos tradicionales y algún embutido traído de Europa.
La familia como punto de regreso
Para Yuan, nacida y criada en Valencia, el viaje a Qingtian no responde tanto al calendario lunar como al familiar.
«¿Quién te da el plan? Mi abuela y mi padre», resume a EFE la joven en una de las más de 200 cafeterías del centro del condado, donde estos días se oye español en más de una mesa.
Es su segunda vez en Qingtian por Año Nuevo y, aunque conoce los rituales -los sobres rojos, los fuegos artificiales-, asegura que el núcleo del viaje no es la celebración en sí, sino el reencuentro con su abuela, a la que no ve con frecuencia.
En Valencia, explica, el Año Nuevo no tenía «esa sensación del festivo más importante del año».
En casa se encendía la televisión con canales chinos y la mesa mezclaba platos típicos familiares con aportaciones locales como jamón y queso, una versión doméstica y adaptada de una tradición que ahora vive de forma más intensa, aunque no necesariamente más propia, en Qingtian.
Aquí, añade, no todo es la imagen de calles abarrotadas o casas llenas. Parte de su familia vive repartida entre España y otros países, y el regreso no siempre coincide para todos.
La Fiesta de la Primavera funciona más como punto de encuentro posible que como reunión garantizada.
Un puente entre dos hogares
Si Yuan representa el regreso puntual de una segunda generación criada en España, la señora Qiu encarna el ciclo completo de ida y vuelta.
Nacida y criada en Qingtian, emigró joven a España, donde formó su familia en Toledo, y regresó años después al hogar de su niñez para cuidar a su padre.
Desde su casa en el centro del condado, estos días realiza videollamadas con su hija y sus nietas, que permanecen en España y apenas han vivido esta festividad en el pueblo.
En la pantalla del teléfono, las niñas saludan a su bisabuelo mientras al otro lado de la mesa se ultiman los preparativos de la cena.
«Hay cosas buenas en España, y hay cosas buenas en Qingtian», resume a EFE al comparar las celebraciones en ambos hogares.
Para ella, el Año Nuevo es un punto de conexión entre generaciones separadas por miles de kilómetros, una tradición que ahora se mantiene tanto en la mesa familiar como a través de la pantalla del móvil.
La fiesta heredada y la distancia
Jixia nació en Qingtian, pero se mudó con sus padres a Barcelona cuando tenía 12 años. Ahora vive en Pekín y ha aprovechado el viaje de su hermano, recién casado y de luna de miel por Asia, para regresar por primera vez en muchos años al condado.
«Son días laborables en España, apenas puedes disfrutarlos», explica a EFE sobre cómo vivía la festividad en Barcelona, donde el calendario oficial no se detenía y la celebración quedaba reducida al ámbito doméstico.
Sus recuerdos de infancia en Qingtian están asociados al color rojo y al ruido de los petardos.
«Recuerdo vestir de rojo y lanzar fuegos artificiales. Hasta una vez se me quemó parte del vestido», cuenta. «Pero ahora, cero interés».
Por la noche, mientras muchos jóvenes que crecieron en distintas ciudades españolas lanzan fuegos artificiales sobre el puente que conecta las dos orillas del río Ou, Jixia observa la escena con una mezcla de familiaridad y distancia.
La fiesta que marcó una parte de su infancia, y que desde este martes da comienzo a su particular Año del Caballo, ya no ocupa el mismo lugar en su vida adulta, aunque el regreso le permite volver, al menos por unos días, al paisaje del que partió. EFE
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