¿Quién era realmente ‘la chica del fusil’? «Una feminista que nunca disparó contra nadie»
Rosa Díaz
Madrid, 21 abr (EFE).- ‘La chica del fúsil’, icono de la defensa de la República española contra el golpe militar de Franco, se llamaba Marina Ginestà, un nombre providencial, según su hija, porque suena parecido a Marianne, símbolo de la República francesa.
Isabelle Werck acude a la entrevista con EFE en Madrid llevando bajo el brazo el libro que ha publicado sobre su madre. En la portada la emblemática fotografía de su madre con 17 años, el pelo corto y la mirada triunfante tres días después de que las milicias lograran detener en Barcelona la primera embestida de los sublevados en 1936.
A Marina Ginestà que murió en 2014 con 94 años, le gustaba esta imagen, según su hija, porque le parecía que representaba muy bien el espíritu del momento, pero «le molestaba un poco el fusil» que lleva al hombro, porque no era suyo y «ella no disparó nunca contra nadie».
El fusil se lo prestó el fotógrafo Hans Guttmann, un conocido profesional alemán que durante la Guerra Civil española hizo excelentes retratos de muchas personas anónimas del bando republicano.
La famosa fotografía la hizo en la azotea del Hotel Colón de Barcelona, que había sido abandonado por los clientes y convertido en centro de reclutamiento y sede de las Juventudes Socialistas Unificadas de Cataluña, en las que militaba Marina.
Desafiando al machismo
Werck califica el mono miliciano que luce su madre y el fusil que lleva de «disfraz», pero no le desagrada porque «es un recurso artístico que hace resaltar la auténtica personalidad» de su madre y le da un aire «insolente» que «desafía a todo el machismo hispánico».
De todas maneras, reconoce que ha dado lugar a «mitos irreales», tanto del lado republicano, que la ven como «una heroína que murió en la batalla», como de la derecha nostálgica de la dictadura que la ve como «una terrorista».
Marina Ginestà no era ni una cosa ni la otra, por eso su hija ha querido «contar la historia real» en un libro titulado ‘Marina Ginestà. La chica del fusil’, que esta semana ha presentado en Madrid.
Como refleja la fotografía, Marina era «dinámica, muy alegre, un poquito pícara y le gustaba la vida», pero también era una joven comprometida con la causa republicana, que durante la guerra trabajó muy cerca del frente como traductora y periodista.
Vivencias traumáticas
Tras la victoria de las tropas del general Franco fue detenida y estuvo a punto de ser fusilada, pero logró escapar y cruzó la frontera de Francia junto con su pareja del momento, que murió en la huida.
Estos traumáticos acontecimientos no fueron revelados por Marina a su hija hasta muchos años después: «Me parece que los refugiados que han vivido cosas tan duras callan y tardan en contárselas a sus hijos», según Werck.
Su madre llegó malherida a Francia, después se exilió a República Dominicana y Venezuela, desde donde volvió a Europa para casarse con un joven diplomático belga, que tras varios destinos en América y Europa, en 1972 fue nombrado cónsul en Barcelona, donde estuvo hasta 1976.
«La historia familiar también es Historia»
Marina, que había abandonado España a pie, volvió como esposa del cónsul belga y pudo «saborear la revancha».
«Creo que la historia familiar también es Historia y tiene su importancia, por eso he querido contarla», defiende Isabelle Werck.
En este tipo de relatos humanos de la Guerra Civil a través de personas anónimas como Marina Ginestà -que fue anónima hasta que la fotografía fue rescatada y la identidad de la modelo fue dada a conocer por la Agencia EFE en 2006- emergen aspectos de la Historia que no siempre quedar recogidos en los libros.
Como por ejemplo el machismo que soportaban las mujeres del siglo XX, no sólo en la España franquistas, sino también en las filas republicanas.
A Marina, su hermano comunista la abofeteó por «andar con hombres», su primer marido -oficial republicano durante la guerra civil- la obligaba a estar siempre en casa con su hijo cuando él llegaba del trabajo, y sus compañeros de militancia la arrinconaban durante las conversaciones políticas durante el exilio y la trataban como a una criada.
«Eran muy partidarios de la democracia y la libertad, pero con las mujeres hay que constatar que no», señala la escritora.
«Ella me contaba estas cosas con rabia, porque era feminista y muy consciente de la injusticia», añade Werk que ha querido hacer la presentación de su obra en Mujeres, una librería de Madrid especializada en obras feministas de Madrid.
«No sé si la fotografía es feminista, pero mi madre seguro que lo era», concluye. EFE
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