Rafael Márquez intentará dar rumbo a un México estancado por cuatro décadas
Arturo Salgado Gudiño
México, 6 jul (EFE).- Como ha sido desde hace cuatro décadas, México amaneció hoy con el mismo sabor de la eliminación de un Mundial, aunque con la ilusión de que Rafael Márquez, sucesor del seleccionador Javier Aguirre, será el encargado de cosechar en el 2030 los frutos que sembró el equipo del ‘Vasco’.
El exjugador del Barcelona intentará tener con este equipo un proceso completo, una aventura prácticamente desconocida en una selección que se distingue por mover a sus entrenadores al gusto de sus directivos y compromisos comerciales.
Es algo que ha caracterizado a México desde 1986; la ausencia de un proyecto que respete el trabajo que dejaron los entrenadores anteriores.
Aunque se habla de que el Mundial 2026 dejó un proceso rico en expectativas, la verdad es que estuvo lleno de inconsistencias desde que el argentino Gerardo Martino fracasó al no clasificar a la selección mexicana a la segunda ronda de Catar 2022.
Los directivos mexicanos dieron tumbos antes de recurrir a Aguirre como bombero para tener un Mundial digno.
Recurrieron al argentino Diego Cocca, contratado en febrero del 2023 y lo destituyeron apenas unos meses después. Firmaron como sustituto a Jaime Lozano, quien llevó a México a ganar el bronce en los Juegos Olímpicos de Tokio, a quien despidieron a pesar de haber ganado la Copa Oro 2023.
Ante la premura del tiempo, recurrieron a Javier Aguirre, quien ya había dirigido al Tri en los Mundiales del 2002 y 2010, con el mismo resultado; eliminación en octavos de final.
La resaca de México en esta misma instancia ante Inglaterra el pasado domingo es la misma de Rusia 2018, Brasil 2014, Sudáfrica 2010, Alemania 2006, Corea-Japón 2002, Francia 1998 y Estados Unidos 1994; con una frase raíz del fútbol mexicano: «Jugamos como nunca, perdimos como siempre».
Hablar de una generación dorada que provocará un cambio en el fútbol mexicano también está descartado. Entre los 26 convocados a esta Copa del Mundo, sólo cinco jugadores son menores de 23 años; Gilberto Mora, de 17 años; Mateo Chávez tiene 22; Brian Gutiérrez, 22; Obed Vargas, 20; y Armando González, 22.
Lo bueno en esta proyección es el trabajo que realiza el argentino Andrés Lillini, director de selecciones menores en México, quien se ha dado a la tarea de encontrar talento con raíces mexicanas alrededor del mundo.
Lo malo para el futuro de la selección son los directivos que la controlan, que tienen en los contratos millonarios en Estados Unidos para jugar ante selecciones que están por debajo del lugar 20 o 30 del mundo una gran tentación para no medir al seleccionado ante potencias como la que los eliminó en octavos de final.
Lo peor para el fútbol mexicano, que, según la tendencia de cada cuatro años, ni Márquez, ni Lillini, tienen en su poder la decisión de continuidad para mejorar y romper la barrera de los octavos de final, cuando los intereses comerciales hacen que la maquinaria de hacer dólares funciona tal cual y como todo está ahora. EFE
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