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“Sé dónde está tu hijo”: así engañan los falsos marabús a familias de migrantes en Senegal

Eduardo S. Molano

Bargny (Senegal), 4 jun (EFE).- En Bargny, una localidad pesquera a treinta kilómetros de Dakar, la capital de Senegal, vive Bineta Dieng. Cada mañana, al amanecer, esta mujer de 58 años se sube a una carreta tirada por un caballo y recorre el camino hasta una ciénaga a los pies de una central de carbón.

Allí, junto a decenas de mujeres, limpia sardinas, las mezcla con trazas de cacahuete y las deja secar mientras realiza varios ciclos de ahumado.

El lugar, infestado de asnos y perros moribundos que se sumergen en la laguna para aplacar el calor asfixiante, no desentonaría entre los círculos de castigo eterno descritos por Dante. Pero ni el humo ni el calor sofocante consiguen apagar la entereza de Bineta cuando habla.

Su rostro solo se ensombrece cuando menciona la desaparición de su hija: “El 30 de octubre de 2023, mi hija Maimouna zarpó en una embarcación (rumbo a las islas Canarias). Desde entonces, está desaparecida”, relata a EFE.

Bineta no habla de muerte. A pesar de que nada se sabe del paradero del barco desde el día de su partida, para ella, su hija de 22 años no ha fallecido en aguas del Atlántico.

Porque los marabús le aseguran que sigue con vida, y que está en Marruecos detenida.

De figuras reconocidas a charlatanes

En el oeste de África, los marabús son eruditos del Islam que actúan como líderes espirituales. En Senegal, se les consulta habitualmente para buscar soluciones a problemas cotidianos, ya sean económicos, sanitarios o familiares.

En los últimos años, estos han adquirido un papel fundamental a la hora de tomar decisiones migratorias, especialmente en un contexto de alto riesgo, y quienes dejan sus países suelen llevar consigo amuletos de protección entregados por los propios marabús.

Sin embargo, los marabús han pasado de ser figuras únicas y respetadas como guías religiosos a proliferar de forma masiva en las redes sociales, donde siempre aparece un oportunista para dar respuestas a los problemas.

Bineta ha recurrido a decenas de estos falsos guías. Sus contactos le llegan a través de amigas o los encuentra al azar en las redes sociales.

Del patio de viviendas donde reside, otros catorce migrantes subieron a la misma embarcación que su hija, donde se calcula había 173 personas.

“Un marabú nos pidió a un grupo de mujeres y a mí 250.000 francos (unos 375 euros) para darnos más información sobre el paradero exacto de nuestros hijos. No teníamos ese dinero y no pudimos dárselo. Pero, si lo hubiéramos tenido, se lo habríamos dado sin dudar», asegura Bineta.

La espera infinita

Según las autoridades de Bargny (una localidad de 54.000 habitantes), entre 2023 y 2024 casi 3.000 personas emprendieron la peligrosa travesía hacia Canarias. Cerca de un centenar siguen en paradero desconocido.

Es en este vacío informativo donde operan los marabús, que aseguran a las familias que sus seres queridos siguen vivos.

«Todos los marabús a los que hemos contactado nos dicen que nuestros hijos están vivos. Que están en un lugar oscuro (…) En Marruecos”, reconoce Bineta.

«No pierdo la esperanza. La conexión entre una madre y sus hijos es algo especial. Sé que está viva», insiste.

Bineta, como el resto de sus amigas, sin embargo, no sabe —o no quiere saber— que están siendo engañadas.

Así manipulan

Para manipular a sus víctimas, los falsos marabús utilizan un método sencillo: se basan en noticias reales que magnifican y deforman bajo su interés.

Es cierto que hay detenidos senegaleses en Marruecos (cerca de 300 hasta el año pasado, según el Gobierno de Dakar), pero la mayoría son personas que intentaron cruzar desde ese país hacia Europa, no que partieron de las costas de Senegal, como en el caso de los desaparecidos de Bargny.

Los marabús, no obstante, están dispuestos a hacer creer a quien quiera escucharlos que cualquier desaparecido está, en realidad, detenido en Marruecos.

De hecho, de las más de treinta familias contactadas por EFE —cuyos seres queridos partieron de Bargny en diferentes embarcaciones entre 2023 y 2025, y de los que no se tiene noticia—, todas afirman que algún marabú les ha asegurado que sus desaparecidos se encuentran en el país norteafricano.

Vulnerables frente a la desinformación

La facilidad con la que estos falsos marabús engañan a las familias se debe, en parte, a que muchos de sus miembros leen y escriben con dificultad, especialmente en francés. Esto los sitúa en una posición de extrema vulnerabilidad frente a la desinformación.

«Hoy en día, muchos marabús se encuentran, sobre todo, en redes sociales como TikTok o Facebook. Publican mensajes en los que aseguran poder curar, realizar invocaciones o consultas, y dejan su número de teléfono para contacto”, asegura a EFE Bakou Mbaye, líder de la comunidad «lebou», etnia a la que pertenece gran parte de los residentes en esta zona de la costa senegalesa.

En Senegal, la falta de alfabetización mediática, o la capacidad de analizar, evaluar y crear mensajes en distintos formatos, se agrava por la superposición de barreras lingüísticas y educativas. En el país conviven más de 20 lenguas nacionales —como el «wolof», el «pulaar» o el «serer»— junto al francés como idioma oficial.

Esto, sumado a la elevada tasa de analfabetismo (que afecta a casi la mitad de la población mayor de 15 años en Senegal, según el Banco Mundial) dificulta la capacidad de los ciudadanos para identificar desinformación.

Mbaye, conocido localmente como «lamane» (o ministro de Tierras), diferencia entre distintos guías espirituales y critica el uso indiscriminado —y la corrupción— del término «marabú», utilizado para denominar desde sacerdotes animistas hasta sanadores locales y adivinos.

«En nuestra comunidad, cuando tu hijo se va y pasan semanas o meses sin noticias (…) la inquietud crece y no sabes qué hacer. Entonces, recurres al marabú para pedir ayuda: para saber si tu hijo está vivo, si ha llegado a España o a Europa», lamenta Mbaye, refiriéndose a quienes él llama «charlatanes».

Animismo y creencias tradicionales

Ndeye Yacine ha sido víctima de estas estafas. Dos de sus sobrinos, Babacar, de 24 años, y Maimouna, de 14, desaparecieron en la misma embarcación de la hija de Bineta. Al ser la matriarca de la familia, ella se encarga de la mayor parte del pago a los marabús.

“(Los marabús) piden mucho dinero. Cuando fui con las madres, me decían que tenían que dar 50.000 o 55.000 francos (entre 75 y 82 euros) para hacer rituales y lograr que los niños regresaran. Yo tenía la esperanza de dar ese dinero para, al menos, aliviar un poco el dolor. Pero, hasta ahora, nada”, lamenta Yacine.

Bineta lleva días alejada de estos fraudes, pero no por decisión propia, sino porque su teléfono se ha averiado y ha perdido su único vínculo con estos guías espirituales.

«Necesito arreglar el teléfono. Sin él, no puedo seguir buscando a mi hija. En cuanto lo repare, volveré a llamar a los marabús», repite llena de desesperación.

Atrapadas entre el silencio y la esperanza de una noticia que nunca llega, en Bargny decenas de familias siguen esperando señales de sus hijos. Quizás mañana un marabú les traiga buenas nuevas. Sin herramientas para verificar la información, no les quedará más remedio que creer sus palabras. EFE

es/dgp/sh/rml

(foto) (vídeo)

(Con esta crónica, EFE publica la octava entrega de la serie multimedia ‘Noticias falsas, víctimas reales’, que da voz a damnificados por la desinformación de todo el mundo)

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