Salida de Padrino López corta influencia de Rusia sobre un chavismo que busca continuidad
Caracas, 22 mar (EFE).- La sustitución del general Vladimir Padrino López dentro de la remodelación del Gobierno de Venezuela corta la influencia de Rusia sobre el país y marca el cierre de una primera fase de estabilización del Ejecutivo de Delcy Rodríguez para lograr la continuidad del chavismo en el poder, dijeron analistas a EFE.
Casi diez semanas después del ataque militar estadounidense que llevó a la captura de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero, Rodríguez cerró, con un breve mensaje en Telegram, el período de Padrino López al frente de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), institución que dirigió por más de una década y desde la cual se consolidó como uno de los rostros más estables de la cúpula chavista.
«Fue un pilar en el sostenimiento de Maduro y uno de los responsables de que haya durado tanto tiempo en el poder», afirmó a EFE el historiador y analista político Pedro Benítez.
En su mensaje, Rodríguez se refirió a Padrino López como «el primer soldado en la defensa» del país.
Cambio inevitable
La destitución de Padrino López era una consecuencia casi inevitable tras el ataque estadounidense y, al mismo tiempo, un primer logro de Washington al limitar la influencia rusa en Venezuela, señalaron los analistas.
«La captura de Nicolás Maduro a principios de enero dejó en una situación precaria a Padrino López, dada la falta de respuesta efectiva de la FANB», explicó a EFE el abogado especialista en derecho internacional Mariano de Alba.
A esto se suman las acusaciones de EE.UU. contra el ahora exministro, a quien desde 2020 vincula con actividades de narcotráfico.
Para Benítez, esta remoción es un cierre simbólico de esta primera etapa sin Maduro, y representa una señal de reconfiguración geopolítica.
«La salida de Padrino es cortar la influencia que Rusia tenía en Venezuela, con lo cual Estados Unidos está consiguiendo uno de sus primeros objetivos: incorporar al país a su esfera de influencia», sostuvo.
Ambos analistas coinciden en que la designación del general Gustavo González López -exministro de Interior y exjefe de inteligencia y contrainteligencia militar- probablemente contó con el visto bueno de Washington, aunque no necesariamente de forma explícita.
La cohesión
Sin embargo, González López dista de ser un rostro renovador. Sancionado por EE.UU., la Unión Europea, Canadá y Suiza, su historial genera dudas sobre su posición y futuras acciones.
Un informe de 2020 de la misión de Naciones Unidas que investiga violaciones de derechos humanos en Venezuela señaló que existían «motivos razonables para creer» que González López «tuvo conocimiento, participó y contribuyó» en «graves violaciones» de derechos contra opositores desde 2014, cuando dirigía el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin).
Pese a estos antecedentes, su nombramiento responde a la necesidad de Rodríguez de consolidar «su propio círculo de apoyo militar, poniendo gente que considera que le es leal», indicó Benítez, quien subrayó que es un proceso normal para cualquier nuevo mandatario y agregó que en las circunstancias actuales tampoco hay «mucho margen de maniobra».
De Alba, por su parte, considera que González López representa una figura de consenso dentro de la cúpula chavista que se mantiene en el poder, particularmente entre la mandataria, el presidente del Parlamento, Jorge Rodríguez, y el ministro de Interior, Diosdado Cabello.
A su juicio, el nombramiento podría facilitar, aunque de forma limitada, el acercamiento con Washington. Si bien la relación bilateral se ha enfocado en intereses transaccionales -especialmente en hidrocarburos y minería-, la seguridad interna sigue siendo un eje importante en la agenda estadounidense.
«Lo más probable es que apuesten porque las FANB se mantengan cohesionadas y que con González López pueda haber oportunidades de trabajar en temas de seguridad interna y limitación del narcotráfico», explicó.
Continuidad
Con este viraje, el chavismo busca preservar su continuidad en medio de un período turbulento, coincidieron los analistas.
Para Benítez, los cambios implementados por Rodríguez responden a «enroques dentro de la propia nomenclatura chavista», una visión compartida por De Alba, quien agregó que se trata de una continuidad adaptada a una nueva correlación de fuerzas, pero sin señales de apertura hacia una transición política.
No obstante, incluso con el respaldo de Trump -que ha elogiado públicamente a la mandataria encargada-, la estabilidad no está garantizada, y es un factor determinante para uno de los objetivos centrales que han expresado ambos gobiernos en esta nueva etapa: atraer inversiones internacionales.
«En definitiva, es una señal de posible estabilidad política en el corto plazo, pero sin reducir de forma sustancial el riesgo país estructural para muchos inversionistas», concluyó De Alba. EFE
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