Sin rastro del español García Calatayud, a cuatro años de detención por rusos en Ucrania
Rostyslav Averchuk
Leópolis (Ucrania), 12 feb (EFE).- El español de 78 años Mariano García Calatayud sigue desaparecido casi cuatro años después de su detención por fuerzas rusas durante la ocupación de la ciudad ucraniana de Jersón, mientras sus amigos ucranianos siguen esforzándose por descubrir la verdad sobre su paradero.
«Si Mario estuviera libre y con buena salud habría contactado hace mucho con su familia o con la embajada española», dijo a EFE su pareja, la ucraniana Tetiana Marina.
Como muchos habitantes de Jersón, la ciudad del sur de Ucrania que estuvo ocupada durante ocho meses antes de que las tropas ucranianas la liberaran en noviembre de 2022, Marina ya no vive allí, un lugar que sufre a diario ataques con drones y artillería por parte de los rusos.
Aún así sus antiguos vecinos recuerdan a García Calatayud, que recibía el sobrenombre cariñoso de «Súper Mario», y le preguntan por novedades o piden información sobre él a personas liberadas por los rusos.
Un hombre de principios
García Calatayud, un empleado municipal jubilado oriundo de la Comunidad Valenciana, tenía 66 años cuando se mudó a Ucrania en 2014, un país al que según él mismo quería agradecer la acogida de miles de «niños de la guerra» españoles en 1936.
Con donativos y con sus propios ahorros, entregó ayuda humanitaria -medicamentos, alimentos y ropa- a zonas de Ucrania oriental afectadas por la intervención rusa en el Donbás.
«Me siento mal cuando alguien necesita ayuda y no le puedo ayudar», dijo en 2017 en una entrevista con medios locales.
«En Jersón todos le conocían y respetaban», afirma Marina, que le describe como alguien «sociable y carismático».
Cuando las fuerzas rusas penetraron en Jersón en febrero de 2022 procedentes de Crimea, miles de personas salieron a la calle a protestar contra la ocupación. García Calatayud se unió a estas manifestaciones, en las que hacía ondear una bandera española junto con las enseñas ucranianas, desoyendo las peticiones de Marina y de su familia en España que le encarecían que se pusiera a salvo.
Esto llamó la atención de los servicios de seguridad rusos, que poco después empezaron a detener uno por uno a los manifestantes más activos. El 19 de marzo de 2022, el español desapareció cuando había salido a hacer la compra.
Desde entonces han llegado informaciones esporádicas, principalmente gracias a testimonios de detenidos liberados y de algunas pocas respuestas oficiales a las docenas de peticiones de abogados.
En cautiverio
El periodista Oleg Baturin, que estuvo detenido fugazmente en una prisión improvisada en Jersón, describió a un español que gritaba a los guardias y que hacía a diario ejercicio en una celda abarrotada.
«Al principio los rusos le presentaron como a un combatiente capturado y probablemente esperaban sacarle una confesión pública con fines propagandísticos, pero no es la clase de persona que cede fácilmente», dice Marina.
Poco después García Calatayud fue transferido a un centro de detención preventiva en Simferópol, Crimea, con cientos de otros civiles cautivos. Marina asegura, en base a los testimonios de varios detenidos, que allí fue sometido a descargas eléctricas, golpeado con porras y mordido por un perro de los guardias.
Los detenidos estaban desnutridos y sólo podían lavarse una vez al mes con agua fría. Sin tener permitido sentarse durante el día y bajo vigilancia constante de cámaras de seguridad, su salud se deterioró y probablemente sufrió un infarto en 2022.
Marina destaca que durante todo este tiempo, su pareja estuvo detenida sin ninguna acusación formal y totalmente aislada de su familia y sus abogados.
En busca de un rastro
La última información oficial, recibida en diciembre de 2023, aseguraba que el español había pasado en junio de Crimea a la parte ocupada de la región de Jersón.
«Rusia solo quiere crear la impresión de que fue liberado, pero sabemos que en el momento del traslado todavía estaba detenido», dice Marina.
Desde entonces, el rastro de García Calatayud se ha enfriado. Algunas pistas que apuntaban a Donetsk o a Moscú han resultado carecer de fundamento.
Las autoridades ucranianas y españolas, así como varias organizaciones internacionales y abogados están trabajando para localizarle, pero aún así el Estado ruso no da respuestas concretas.
Marina afirma que el prolongado silencio es muy preocupante, en vista de la carga que el estrés y las condiciones insalubres pueden suponer para un anciano que ya ha sufrido un infarto.
Piensa que Rusia teme a las posibles repercusiones si fuera liberado.
«Desgraciadamente, el mundo parece haberse acostumbrado a nuestra tragedia y presta poca atención a los testimonios ucranianos», afirma. «Si un superviviente como Mario apareciese para hablar al mundo hispanohablante de los crímenes cometidos por los rusos, podría convertirse en un problema para ellos». EFE
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