“Solo Zelenski sería comparable a Churchill y De Gaulle”, afirma historiador británico
Fernando Prieto Arellano
Madrid, 1 jun (EFE).- En las circunstancias actuales, “solo el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, sería comparable” a Winston Churchill o a Charles De Gaulle, afirma el historiador británico Richard Vinen, en cuya última obra analiza la figura y la vida de ambos personajes, a los que califica de “los últimos titanes”.
En “Los últimos titanes. Churchill y De Gaulle” (recientemente publicada en español por Crítica), Vinen utiliza el modelo clásico de las “vidas paralelas” de Plutarco para presentar una biografía de dos personajes fundamentales, no solo para el triunfo aliado en la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) sino para entender también la forja de la Europa actual y del modelo de democracia que ha llegado a nuestros días.
En entrevista con EFE, Vinen considera que ese modelo de liderazgo incontestable que Churchill y De Gaulle encarnaban no se puede encontrar hoy en Europa y tan solo Zelenski, por la fuerza de las circunstancias de la guerra, podría responder a un esquema parecido al que ellos se enfrentaron entre mayo y junio de 1940, cuando Francia cae en poder de la Alemania nazi y Gran Bretaña se ve completamente sola ante lo que parece una inminente invasión.
“Los políticos son producto de su tiempo, y Churchill y De Gaulle surgieron de circunstancias muy particulares. Cabe añadir que las dotes de liderazgo de Churchill se ajustaban a las de 1940, cuando su país luchaba por su supervivencia. Su estilo no siempre se adaptaba a circunstancias menos dramáticas, especialmente al período de posguerra”, afirma Vinen.
“De Gaulle, en cambio, era más flexible y, de hecho, adaptó su estilo de liderazgo para ser un líder exitoso en tiempos de paz, pero incluso entonces, se benefició de circunstancias muy particulares: el rápido crecimiento económico y el singular momento de equilibrio en la Guerra Fría”, destaca el historiador británico y profesor en el King’s College de Londres.
En opinión de Vinen, “Europa ha tenido una historia relativamente tranquila durante la mayor parte del periodo posterior a 1945; durante la mayor parte de este tiempo, se ha enriquecido y se ha democratizado, sobre todo en Occidente, durante la década de 1970, y en el este, a finales de la de 1980”.
Sin embargo, “puede que las circunstancias estén cambiando y que la amenaza de (el presidente ruso, Vladimir) Putin obligue a Europa a redescubrir las férreas virtudes de la guerra”, afirma.
Vinen sostiene en este ensayo que tanto Churchill (quien fue primer ministro del Reino Unido entre el 10 de mayo de 1940 y el 26 de julio de 1945 y luego entre el 26 de octubre de 1951 y el 6 de abril de 1955) como De Gaulle (fundador de la V República francesa, de la que fue presidente entre 1959 y 1969) se consideraban a sí mismos como una especie de “hombre del destino”.
“Churchill afirma haber descrito a De Gaulle, en uno de sus primeros encuentros, como «el hombre del destino»”, señala Vinen, quien dice que, sin embargo, prefiere la frase que De Gaulle usa para referirse a Churchill, “y que bien podría haber usado para sí mismo: «el gran artista de una gran historia»”.
“Por supuesto -afirma Vinen-, ambos responden a las circunstancias, que los limitan y, a la vez, les ofrecen oportunidades. Resulta difícil imaginar que la clase dirigente británica hubiera recurrido a Churchill de no haber sido por la grave amenaza que afrontaba Gran Bretaña en mayo de 1940. Del mismo modo, nadie, y menos aún el propio De Gaulle, esperaba que, a mediados de la década de 1950, volviera al poder. Solo la crisis de Argelia en 1958 le permitió hacerlo”.
Y ambos “titanes”, tras haber consumado una tarea colosal, tienen un final parecido en los términos pero bastante diferente en las formas y, sobre todo, en los hechos, si bien los dos terminan dimitiendo de sus cargos; en 1955 Churchill, incapaz de adaptarse a la política “convencional” y hastiado por las intrigas del propio Partido Conservador, y De Gaulle en 1969, arrollado por la avalancha social (y sociológica) que supuso el “mayo francés” de 1968, cuyas motivaciones nunca llegó a entender cabalmente.
“Churchill estaba desesperado por aferrarse al cargo y quedó desconsolado cuando finalmente dimitió. Los últimos diez años de su vida (falleció el 24 de enero de 1965) fueron tristes”, recuerda Vinen.
“De Gaulle no tenía por qué dimitir en 1969. Podría haber servido hasta el final de su segundo mandato presidencial en 1972, aunque parece haber anticipado (incluso antes de que comenzara dicho mandato) que no viviría lo suficiente para verlo terminado (falleció el 9 de noviembre de 1970). Se contentó con alejarse del poder, pues creo que sentía que había logrado todo lo que podía lograr”, sostiene. EFE
fpa/rcf