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Una salina centenaria ucraniana desafía la guerra rusa con un auge productivo y turismo

Rostyslav Averchuk

Drogóbich (Ucrania), 14 jul (EFE).- La histórica salina ucraniana, una de las más antiguas de Europa, está ampliando su producción y atrayendo a miles de turistas a pesar de la guerra con Rusia.

Nubes de vapor se elevan desde grandes sartenes poco profundas en el interior de un edificio de ladrillo y madera en la ciudad occidental de Drogóbich antes de escapar por las chimeneas.

La salmuera extraída de un pozo de 50 metros de profundidad, revestido con troncos de madera, hierve sobre el fuego, mientras los trabajadores echan leña en los hornos situados debajo de las sartenes y rastrillan la sal cristalizada que se forma a medida que el agua se evapora.

«Básicamente, utilizamos la misma tecnología que en el siglo XIII», explicó a EFE la hidrogeóloga Oksana Bunda junto al pozo, en funcionamiento desde 1473.

«Tuvimos que pasar a la leña cuando ya no pudimos permitirnos el gas debido a las tensiones con Rusia», agregó.

Un legado medieval

Mencionada en una carta papal ya en 1390, Drogóbich llegaba a exportar sal comprimida en forma de conos -una imagen que aparece en el escudo de la ciudad- hasta Italia.

De los cientos de salinas locales, esta es la última que ha sobrevivido tras siglos de cambios tecnológicos y económicos.

«La sal siempre ha sido de una calidad excepcional», afirmó Bunda, que lleva 40 años trabajando aquí, mientras muestra los cristales de un blanco puro.

Sin embargo, su coste de producción relativamente elevado ha dificultado durante mucho tiempo su competitividad frente a la extracción de sal gema.

Al igual que muchas empresas ucranianas, la salina se encontró al borde del colapso después de que Rusia utilizara las subidas del precio del gas como herramienta de presión política sobre Ucrania a lo largo de las décadas de 2000 y 2010.

La producción sufrió un desplome y muchos de sus edificios fueron abandonados, pero la situación cambió drásticamente después de que las fuerzas rusas tomaran una de las minas de sal más grandes de Europa en Soledar, cerca de Bajmut, en la región oriental de Donetsk, y en 2023, la salina de Drogóbich se convirtió de repente en el único productor ucraniano de sal.

Guerra y renacimiento

Las grandes cadenas minoristas recurrieron a la pequeña salina para cubrir el enorme vacío dejado en el mercado.

A pesar del tiempo y los costes necesarios para ampliar la producción, la demanda ha impulsado a la empresa a multiplicar su producción varias veces, hasta alcanzar las 780 toneladas al año, explicó a EFE el director de la firma, Oleg Petrenko.

Con su capacidad limitada, la salina sólo puede cubrir alrededor del 1 % de la demanda nacional por lo que la mayor parte de la demanda ucraniana ahora se cubre con importaciones.

Pero Petrenko -que luchó en las filas del ejército ucraniano en el este antes de regresar para supervisar la modernización de las instalaciones- afirmó que los esfuerzos deliberados por abrir el lugar a los turistas han aumentado su visibilidad y han mantenido la demanda.

A pesar de la guerra, entre 15.000 y 20.000 visitantes acuden cada año para ver el proceso de producción tradicional.

Se están ampliando las instalaciones y se baraja incluso la posibilidad de volver a utilizar gas, cuyos precios se han estabilizado, mientras que la leña es cada vez más cara.

La empresa, que utiliza aparatos eléctricos para deshumidificar la sal antes de envasarla, también sobrevivió gracias a los generadores in situ al duro invierno pasado, marcado por cortes masivos de electricidad por los ataques rusos al sistema energético.

Durante las pausas en la producción, la salmuera altamente salina -comparable al agua del mar Muerto- se almacena en depósitos de madera centenarios donde se somete a una filtración natural, y donde pequeñas estalactitas de sal dan fe de su antigüedad.

Incertidumbre y esperanzas sobre el futuro

El futuro de la empresa estatal sigue siendo incierto por la incertidumbre que genera la guerra y los cambios en la normativa gubernamental, mientras busca la inversión necesaria para restaurar los frágiles edificios históricos y financiar una mayor producción y actividades adicionales para los visitantes.

Sin embargo, Petrenko cree que el lugar tiene un enorme potencial. «No hay ningún producto similar con tanta historia en Europa», dijo.

Situadas junto a la iglesia de madera de San Jorge, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, las salinas podrían formar parte de una «Ruta de la Sal» que conectaría lugares históricos similares en Polonia, Alemania y otros países.

«La clave es garantizar que se siga produciendo sal aquí, tal y como se ha hecho durante siglos», subraya Petrenko. EFE

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(foto)(vídeo)

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