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Viena recuerda a Canaletto y Bellotto, maestros de las ‘postales’ urbanas del siglo XVIII

Sara Corsellas

Viena, 24 mar (EFE).- La afición por los viajes entre los aristócratas europeos en el siglo XVIII hizo de los paisajes urbanos, las postales de entonces, un codiciado género pictórico del que Canaletto fue uno de los maestros y al que el Museo de Historia del Arte de Viena dedica ahora una exposición.

Con su dominio de la luz, la atmósfera y la precisión arquitectónica, Giovanni Antonio Canal, conocido como Canaletto (1697-1768), y su sobrino y discípulo Bernardo Bellotto (1721-1780) transformaron las calles de ciudades europeas en escenarios de la vida cotidiana que fascinaban y atraían a las clases dirigentes.

El nombre Canaletto se convirtió en sinónimo del género ‘vedutismo’ (de veduta, ‘vista’ en italiano), que recreaba minuciosamente las ciudades en cuadros que eran muy preciados como postales o recuerdos de viaje.

De hecho, Bellotto llegó a firmar cuadros con ese nombre, generando confusión sobre la autoría real.

«Esta doble identidad artística es, en cierto modo, el punto de partida de la exposición», explicó el comisario de la muestra, Mateusz Mayer, en rueda de prensa.

Bellotto se formó en el taller de su tío en Venecia, adoptando muchas de sus técnicas y motivos, pero a lo largo de su vida también desarrolló su propio estilo.

«Adoptó deliberadamente el nombre de su mentor y firmó sus obras como ‘Canaletto’ tanto por razones comerciales como para enfatizar el fuerte vínculo familiar que lo unía a él», asegura Mayer, que aclara que en la exposición, abierta hasta el 6 de septiembre, solo al tío se le denomina Canaletto, para evitar imprecisiones.

Símbolo de sofisticación

Los paisajes de Viena, Londres o Venecia de Canaletto eran muy apreciados, especialmente por los jóvenes aristócratas británicos que los adquirían durante el llamado ‘Grand Tour’, los largos viajes educativos por Europa, como símbolo de sofisticación y como recuerdo de sus experiencias europeas.

También los nobles italianos eran aficionados a ese tipo de viajes, especialmente por Roma y Venecia.

De este modo, en la década de 1730 las ‘vedute’ del artista alcanzaron precios récord en la ciudad de los canales.

«Quien poseía un cuadro de Canaletto había alcanzado el éxito social», explica Mayer, que señala que el pintor desarrolló un lenguaje visual que mostraba Venecia con una claridad y una monumentalidad hasta entonces desconocidas.

Sin embargo, con el estallido de la Guerra de Sucesión Austriaca (1740-1748), el mercado se desplomó, los viajes internacionales y la actividad se estancaron y los mecenas adinerados dejaron de aportar fondos.

Londres, Dresde y Viena

El tío y el sobrino, en un principio, recurrieron a nuevos temas para sus obras, pero pronto se dieron cuenta de que las perspectivas para sus carreras eran mejores fuera de Italia.

Canaletto se fue a Londres, donde vivió durante nueve años, y fue uno de los primeros en retratar la arquitectura, los parques y las ceremonias de la capital inglesa como símbolos de identidad nacional de una ciudad que consideró una «nueva Roma».

Belotto se instaló en Dresde, donde fue pintor de la corte, pero más tarde las guerras le obligaron a trasladarse a Viena, donde hizo diversos cuadros de la ciudad.

«Belotto parece haber recorrido las ciudades con una mentalidad más abierta, percibiendo las desigualdades sociales, pero sin criticar explícitamente el statu quo», asegura Mayer.

Entre la realidad y la utopía

«Las vistas urbanas del siglo XVIII, que a menudo se perciben como representaciones inmediatas, casi fotográficas, de la realidad, son en efecto creaciones pictóricas cuidadosamente construidas que ofrecen reveladoras perspectivas sobre los contextos sociales y políticos de la época en la que fueron creadas”, describe Mayer.

Influenciados por el trabajo como escenógrafo de su padre, Canaletto, y también su sobrino, transformaban artísticamente la realidad y la representaban según su sensibilidad artística, resume Mayer.

«Los edificios se mueven, las cimas de las colinas se agrandan, las puertas se reducen y los efectos de luz y sombra se manipulan para crear visiones coherentes e idealizadas de las ciudades», señala Mayer, quien explica que incluso representaban como terminados edificios que aún estaban en construcción.

La exposición cuenta con 32 pinturas, entre fondos propios y préstamos de instituciones como la Colección Wallace de Londres, Liechtenstein, las Colecciones Principescas Vaduz-Viena, el Museo Correr de Venecia, el Museo Nacional de Thyssen-Bornemisza o el Museo Nacional de Arte de Cataluña.

El préstamo más destacado es ‘El Bacino di San Marco desde San Giorgio Maggiore’ (1735/44), de la Colección Wallace, que ilustra el Gran Canal de Venecia. EFE

scn-as/psh

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