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Viktor Orbán: de joven promesa liberal a referente de la derecha populista internacional

Marcelo Nagy

Budapest, 8 abr (EFE).- Desde su irrupción en la escena pública en 1989, el primer ministro ultranacionalista de Hungría, Viktor Orbán, que este domingo busca su cuarta reelección consecutiva, ha sido una de las figuras más determinantes y controvertidas de la política de su país y de Europa.

El entonces joven liberal, quien tuvo el valor de exigir en público la retirada de las tropas soviéticas de la entonces Hungría comunista, se transformó con el paso de los años en el líder de la derecha populista internacional.

Desde 2010, gobierna el país centroeuropeo con mayorías de dos tercios y ha impulsado lo que él mismo denomina una «democracia iliberal».

Orbán fundó en 1988 el Fidesz, partido con el que entró en el Parlamento de Hungría tras las primeras elecciones democráticas de 1990.

Tras una primera etapa como primer ministro entre 1998 y 2002, regresó al poder en 2010 con una mayoría cualificada que le permitió aprobar una nueva Constitución y una batería de reformas.

Según sus críticos, estas medidas han debilitado la separación de poderes, limitado la libertad de prensa y reforzado el control del Ejecutivo sobre instituciones clave.

Desde entonces, el Fidesz ha ganado otras tres elecciones (2014, 2018 y 2022) con amplias mayorías.

Ese dominio parlamentario le permite a Orbán controlar estructuras del Estado, incluido el Tribunal Constitucional, siempre con el respaldo de medios de comunicación estatales y también privados gestionados por empresarios cercanos.

Su modelo de la «democracia iliberal», contrario al liberalismo político tradicional, intolerante con la inmigración y defensor de valores conservadores y cristianos, es aclamado por formaciones soberanistas en Europa y fuera de ella.

Por eso, mantiene una estrecha sintonía con Donald Trump, a quien apoyó en las elecciones de Estados Unidos en 2016 y 2020, y volvió a felicitar tras su elección en 2024 asegurando tener «grandes planes».

Orbán también defiende la necesidad de un «nuevo orden mundial soberanista» y llama a un «renacimiento de la derecha en Europa», pidiendo alianzas entre líderes de la derecha europea como la italiana Giorgia Meloni y la francesa Marine Le Pen.

Crítico de Bruselas, a la que acusa de actuar como un «imperio» que abusa de su poder, denuncia las políticas comunitarias en materia de inmigración y género, y aboga por reformar la UE para devolver competencias a los Estados.

Su enfrentamiento con las instituciones europeas y con lo que llama «burócratas de Bruselas» ha derivado en la congelación de miles de millones de euros en fondos por preocupaciones sobre corrupción y Estado de derecho en Hungría.

Desde 2015 Orbán viene vinculando la llegada de refugiados con el terrorismo, defiende el uso del Ejército para frenar la inmigración ilegal y promueve consultas populares con preguntas sesgadas que sugieren que los inmigrantes ponen en peligro el trabajo y la cultura húngara.

Presenta su acción política como una «lucha» constante para defender la nación y la Europa cristiana frente a amenazas externas.

Desde la invasión rusa de Ucrania, en lugar de mostrar su apoyo al país vecino invadido, Orbán veta y frena cuando puede cualquier ayuda militar y económica para Kiev.

Inicialmente, alegaba un supuesto maltrato de la minoría magiar en Ucrania, aunque en los últimos meses habla directamente de un supuesto intento de Bruselas y de Ucrania de arrastrar a Hungría a la guerra.

Más allá de la política, el fútbol es una de las grandes pasiones de Orbán desde la infancia que pasó en Felcsút, su aldea natal, donde descubrió su afición por ese deporte que llegó a jugar hasta en segunda división.

Ya como primer ministro, ordenó la construcción de un estadio desproporcionadamente grande en esa pequeña localidad.

El largo mandato de Orbán, casado y padre de cuatro hijos adultos, ha estado acompañado de reiteradas acusaciones de corrupción que afectan a su entorno más cercano.

La Oficina Antifraude de la Unión Europea (OLAF) relacionó a su yerno con prácticas corruptas en el uso de fondos comunitarios.

La Comisión Europea mantiene hasta hoy congelados fondos a Hungría por preocupaciones sobre corrupción y deriva autoritaria, y el país figura entre los peor situados de la UE en el Índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional.

Si bien Orbán y su entorno rechazan todas las acusaciones, lo cierto es que su propio yerno ha acumulado una fortuna de varios cientos de millones de euros, mientras que su mejor amigo de la infancia, el antiguo gasista y fontanero Lorinc Mészáros, es hoy el hombre más rico del país con una fortuna milmillonaria. EFE

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