Zimbabue busca apoyo de líderes tradicionales de Sudáfrica ante los ataques xenófobos
Nairobi, 7 jul (EFE).- El presidente de Zimbabue, Emmerson Mnangagwa, recurrió a líderes tradicionales de Sudáfrica para intentar frenar la escalada de ataques xenófobos contra zimbabuenses y otros extranjeros en aquel país.
El portavoz del partido gobernante Unión Nacional Africana de Zimbabue – Frente Patriótico (ZANU-PF), Christopher Mutsvangwa, afirmó que el mandatario zimbabuense mantiene diálogos con líderes zulúes y xhosa en las regiones que registran un repunte de ataques contra inmigrantes.
«Aquí es donde se está gestando una creciente ola de pobreza instrumentalizada, utilizada contra la población local. Buscamos determinar cómo pueden intervenir los líderes tradicionales de esas regiones y ayudarnos a afrontar esta situación», dijo Mutsvangwa en una rueda de prensa a última hora del lunes.
«Seguimos creyendo que el gobierno sudafricano tiene la capacidad de resolver la situación. No queremos que se nos vea como intrusivos en la política interna de Sudáfrica», añadió Mutsvangwa.
Los zulúes y los xhosas son los dos grupos tradicionales y culturales más grandes de Sudáfrica, con estructuras monárquicas y de liderazgo arraigadas que coexisten con el Gobierno constitucional sudafricano y ejercen influencia sobre la población local.
El territorio ancestral de la comunidad zulú es la provincia de KwaZulu-Natal (este), que se ha vuelto un foco de ataques contra migrantes, mientras que el hogar de la comunidad xhosa es en el Cabo Oriental, aunque cuentan con gran presencia en la Ciudad del Cabo (Cabo Occidental) donde hay tensiones entre comerciantes locales y extranjeros indocumentados.
El rey zulú, Misuzulu kaZwelithini, ha condenado los ataques perpetrados por la población local contra africanos migrantes y advirtió a su comunidad que la violencia xenófoba «daña el prestigio internacional de Sudáfrica» y pone en riesgo a los propios sudafricanos que viven en otras partes del continente, según recogen medios locales.
Los convocantes de las protestas antiinmigración culpan a los extranjeros de los problemas económicos del país, la deficiente prestación de servicios públicos o las altas tasas de delincuencia, y han llegado a impedir que accedan a atención médica y a educación en instalaciones públicas.
Frente a esta situación, cerca de 60.000 zimbabuenses han regresado a su país (más de 47.000 por sus propios medios, y unos 11.000 con ayuda del Gobierno), mientras los nigerianos retornados ascienden a más de 800.
También han repatriado a nacionales Uganda (560), Kenia (más de 200), Mozambique (unos 740) y Ghana (más de 650), mientras que las autoridades sudafricanas dicen haber procesado a más de 15.000 malauís para su deportación.
El Gobierno sudafricano ha condenado estos ataques, pero reivindicó su derecho a frenar la inmigración irregular.
Las tensiones xenófobas son un problema recurrente en Sudáfrica y, a menudo, han desembocado en oleadas de protestas violentas, especialmente en los barrios más vulnerables.
El peor estallido xenófobo que se recuerda tuvo lugar en 2008, cuando murieron más de 60 personas. Las protestas de este tipo más graves de los últimos tiempos fueron a finales de 2019, con al menos 18 extranjeros muertos. EFE
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