Zohar Regev, israelí en la Flotilla: «Los palestinos no quieren caridad, quieren libertad»
Paula Bernabéu
Jerusalén, 25 may (EFE).- La activista Zohar Chamberlain Regev, la única israelí a bordo de la Flotilla Global Sumud, defiende en una entrevista con EFE en Jerusalén, tras su detención junto al resto de activistas en aguas internacionales, el rol simbólico de la iniciativa: «Los palestinos no quieren nuestra caridad. Quieren su libertad».
Al caminar a través de la Ciudad Vieja de Jerusalén, un hombre palestino hace sonriente el gesto de la victoria al paso de Regev (Kfar HaHoresh, 1970). El pasado jueves, su imagen esposada corrió por prensa local al comparecer ante el tribunal de Ascalón (sur) antes de su liberación.
«Más que nada traemos solidaridad. Los palestinos no quieren nuestra caridad. Quieren su libertad, sus derechos humanos», explica días después de quedar en libertad tras ser detenida intentando romper el bloqueo marítimo que Israel impone a Gaza desde 2009.
Responde así al descrédito constante de las autoridades israelíes a la iniciativa. Después de ser detenida en aguas internacionales junto a otros 430 activistas, el Ministerio de Exteriores de Israel denunciaba que los navíos no cargaban ayuda humanitaria.
«Incluso sin llegar (a Gaza) estamos mostrando al mundo que se puede hacer algo. El mensaje que queremos pasar a la gente es de perder el miedo y reconocer que al organizarnos tenemos fuerza, tenemos fuerza para cambiar las cosas», continúa.
También en un café otro jerosolimitano la reconoce y saluda con gesto agradecido: «¿Ya te han soltado?».
El 21 de mayo, el tribunal de Ascalón dejó en libertad a Regev, con una prohibición de acceder a Gaza (igualmente inaccesible para el público) de 60 días y una posible multa de unos 1.500 euros en caso de incumplir las restricciones impuestas por la corte.
Su proceso, al ser la única con pasaporte israelí de la Flotilla, fue el último en concluir. Ahora pasa con familiares y amigos los últimos días antes de volver a Alemania, donde reside.
Agresiones y tratos vejatorios a la Flotilla
Viajaba junto a otros seis compañeros en una nave con bandera polaca cuando las lanchas israelíes los rodearon para su detención, en aguas internacionales próximas a Chipre. Los soldados de la Armada de Israel iban enmascarados, nerviosos, y se encargaron en primer lugar de destruir las cámaras y otros materiales electrónicos del barco.
«No tienen miedo de nosotros, tienen miedo de la verdad y todo lo que está documentado está en su contra», afirma.
Una vez detenidos, fueron trasladados al barco prisión en el que pasarían dos noches, encerrados con otros 200 activistas, antes de desembarcar en la ciudad portuaria de Ashdod.
En el navío, explica que las condiciones eran precarias: sólo les daban pan, no tenían colchones en un espacio con suelos húmedos y por la noche les negaron el acceso a su propia ropa a pesar del frío. Gritos como «Palestina libre» se castigaban con disparos de balas de goma.
Una vez en Ashdod, los agentes de Policía pidieron a Regev que se quitara la pierna ortopédica que utiliza para pasarla por un escáner. Estaba esposada con bridas de plástico y uno de los policías la tenía agarrada del cuello, estrangulándola y haciendo imposible cumplir: «Todo así, como muy ridículo».
La única israelí a bordo
No fue testigo del paso del ministro ultranacionalista Itamar Ben Gvir, que se grabó en el puerto humillando a los activistas. A Regev la llevaron aparte al ser la única ciudadana israelí.
Nació en una comunidad agraria próxima a Nazaret (norte), donde creció cerca de los palestinos residentes en la zona. Su padre participó en la guerra de 1967, pero salió de ella convencido de que la ocupación que conllevó la Guerra de los Seis Días era un error.
Pese a crecer con una familia crítica con la ocupación, también la rodeaba un discurso imperante en Israel: que los palestinos expulsados en la Nakba de 1948 se habían marchado y los israelíes habían ganado. «Eso no puede ser. Hay una guerra y la gente se va, termina la guerra y la gente vuelve. Aquí nunca se ha respetado el derecho al retorno».
Con 34 años abandonó el país y en 2011 se enroló con la iniciativa española Rumbo a Gaza en la primera de las tres flotillas en las que ha navegado.
Salvando su paso por las flotillas, Regev apenas vuelve a Israel. Sólo ir a las urnas la trae de vuelta y los próximos comicios se celebrarán este otoño. Aunque vé con escepticismo que puedan cambiar la situación, defiende a ultranza votar y echa en falta que muchos israelíes que piensan como ella acudan a los colegios electorales cuando llega el momento.
Esta posición también se coló en su proceso de detención. De camino a la prisión en Ascalón, uno de los agentes la increpó, preguntándole por qué mantiene la nacionalidad israelí. «¿Por qué la voy a dejar, si quiero votar aquí en las elecciones?», respondió.EFE
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