«Niños traumatizados»: El suroeste de Colombia vota marcado por la violencia
«Aquí vivimos con mucha zozobra, con mucho nerviosismo», dice José Morán, habitante de una de las regiones más afectadas por la violencia de grupos armados en el suroeste de Colombia, que implora paz en vísperas de las elecciones presidenciales del domingo.
Esta semana, Morán llegó como de costumbre al centro de reuniones del pueblo y encontró el techo de zinc destrozado por otro de los frecuentes ataques con drones cargados de explosivos en el municipio de Suárez, en el departamento del Cauca.
En medio de la peor ola de violencia de la última década, los lugareños elegirán el domingo al sucesor de Gustavo Petro, el primer mandatario de izquierda en la historia del país, que impulsó sin éxito negociaciones de paz con distintos grupos armados.
«Y lo más triste es que los niños, pues ya ven un helicóptero (…) oyen cualquier cosita y ahí mismo dicen ‘¡ya viene la guerra, ya viene la guerra!’, entonces los niños están muy traumatizados», dice a la AFP Morán, un líder comunitario de 73 años.
Rodeado de montañas andinas cubiertas por nubes y vegetación tropical, Suárez es un caserío rural cerca de una base militar constantemente atacada por disidencias que se apartaron del acuerdo de paz con la extinta guerrilla de las FARC en 2016.
Habitado en su mayor parte por afrodescendientes e indígenas campesinos, en Suárez operan las filas de Iván Mordisco, uno de los principales comandantes de las disidencias de las FARC, que llevan a cabo constantes ataques contra la fuerza pública y la población civil.
Los rebeldes se enfrentan con otras organizaciones por el control de la minería ilegal y el narcotráfico, en un país considerado el mayor productor de cocaína del mundo, según datos de Naciones Unidas.
«Sus razones tendrán para tener sus conflictos pero el problema es que quedamos nosotros en el medio», lamenta Morán.
– «Un poquito de paz» –
En las presidenciales se enfrentarán dos visiones sobre cómo terminar con el conflicto armado de medio siglo en Colombia.
El líder en la intención de voto según las encuestas, el senador izquierdista Iván Cepeda, apuesta por continuar con la política de «Paz Total» de Petro, criticada por la oposición al considerarla indulgente con los grupos armados.
Su rival más cercano, el abogado derechista Abelardo de la Espriella se compromete en cambio a enfrentar con mano de hierro a las organizaciones. También planea eliminar el tribunal surgido del acuerdo con las FARC, que juzga los peores crímenes del conflicto con penas alternativas a la cárcel para quienes cuenten la verdad sobre sus delitos.
Independientemente de quién gane, que «se ponga la mano en el corazón (…) y que pueda traer un poquito de paz y de tranquilidad», dice Flor Valencia, que administra una escuela en Suárez y ha visto el impacto del conflicto en los niños.
Petro mantuvo negociaciones de paz durante un año con una facción de las disidencias liderada por Iván Mordisco, pero el líder rebelde abandonó las conversaciones en 2024 y redobló su ofensiva contra el Estado.
«Cuando empiezan a sonar esas cosas (las explosiones), a uno le da por llorar del desespero» y «a los niños les da mucho miedo», relata Valencia y explica cómo debe resguardarlos de las balas.
– Violencia «desbordada» –
En 2025, Suárez registró 77 acciones con explosivos y drones, principalmente dirigidas a la base militar y la estación de policía, aunque los civiles regularmente resultan afectados, asegura el alcalde César Cerón.
La violencia está «desbordada», añade.
En un hotel ubicado frente a la estación de policía, los trabajadores afirman estar desesperados por los constantes ataques con coches bomba y drones.
«Los turistas, por temor a la violencia, no han querido hospedarse» aquí, se queja Tania Cervantes, administradora del negocio.
«Que por favor llegue la paz», pide esta joven de 25 años.
En Suárez nació Francia Márquez, vicepresidenta de Petro y galardonada en 2018 con el Premio Goldman, considerado el Nobel del medioambiente.
En 2019, Márquez sobrevivió a un ataque con ráfagas de fusil y granadas por defender el agua de las comunidades negras frente a la minería en esta región.
«El próximo presidente (…) sí tiene que brindarnos totalmente seguridad», dice el alcalde Cerón.
Pero la paz no se logra «solamente con la bota militar», asegura, sino con políticas sociales que «brinden garantías económicas a las familias».
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