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China rememora la derrota del fascismo para reforzar su relato de resistencia y sacrificio

Jesús Centeno

Pekín, 2 sep (EFE).- China celebra mañana miércoles un desfile militar en el que, además de mostrar su poderío armamentístico, busca resaltar el papel que jugó en el agotamiento de los recursos castrenses japoneses durante la Segunda Guerra Mundial, contribuyendo a la derrota final de las potencias del Eje.

El evento, que celebra el 80º aniversario del fin de la contienda en el Pacífico, cuenta con la presencia del presidente ruso, Vladímir Putin, y del norcoreano, Kim Jong-un, en representación de naciones que también sufrieron, en distinta medida, las consecuencias del militarismo japonés.

El desfile marca la rendición formal de Japón en 1945 y enfatiza el papel de Pekín en la lucha contra el fascismo dentro del teatro de operaciones asiático que, según la prensa oficialista china, fue «selectivamente ignorada y subestimada» en Occidente.

«La victoria de China sobre Japón en 1945 y el papel del Partido Comunista (PCCh) en ella son parte fundamental de la mitología nacional china moderna», señala a EFE Joe Mazur, analista de la consultora Trivium, quien prevé que el mensaje probablemente se centre «en la unidad del pueblo chino y la resistencia contra la agresión extranjera para aglutinar apoyo interno».

Los historiadores chinos defienden que la Segunda Guerra Mundial comenzó en realidad en 1931 con la invasión japonesa de China (1931-1945), que causó más de 35 millones de bajas entre tropas y civiles hasta 1945, según Pekín, representando un tercio de las bajas de aquella contienda en todo el mundo.

Las habituales rencillas históricas con Japón se hallan más visibles en China con el estreno de series y películas taquilleras como ‘Dead to Rights’, de este mismo 2025, que ha desatado muestras de fervor patriótico en salas donde algunos espectadores incluso realizan saludos militares y corean consignas.

Nanjing, el «holocausto» asiático

El episodio más cruento de la invasión japonesa tuvo lugar a partir del 13 de diciembre de 1937, cuando el Ejército nipón atacó la ciudad de Nanjing, en el sur del país. En las seis semanas siguientes, las fuerzas niponas incendiaron y saquearon la localidad, violaron en masa a decenas de miles de mujeres y asesinaron a entre 150.000 y 340.000 personas, según Pekín.

Cada año, China rememora en esa fecha su particular «holocausto», del que quedan apenas una treintena de sobrevivientes. Entre los crímenes de guerra, denuncian matanzas sistemáticas de civiles, experimentación con armas biológicas o el uso de mujeres chinas como «esclavas sexuales» por parte de oficiales del Ejército nipón.

China también aporta diarios de soldados japoneses que pormenorizan su experiencia durante la toma de Nanjing, una de las ciudades con más historia -y más sucesos sangrientos- del país, ya que fue capital imperial y también de la República de China, con anterioridad al régimen comunista instaurado por Mao Zedong.

Por otra parte, Pekín ha criticado con frecuencia a Tokio por adoptar una postura que consideran «revisionista» sobre la invasión, y continúa recopilando documentos, periódicos y fotografías para probar «las atrocidades de las tropas invasoras».

Los «olvidados» de la guerra

Pese a la limitada presencia de altos líderes occidentales en los actos conmemorativos del desfile, China insiste en que quiere trabajar con «todos los amantes de la paz» y «afianzar una visión correcta de la Historia» en la que se reconozcan los «enormes sacrificios» de Pekín.

Hasta los portavoces del Ministerio de Exteriores se han pronunciado al respecto: según el vocero Guo Jiakun, China sostuvo «el principal frente en Asia de la lucha contra el fascismo» y realizó «una importante contribución histórica» a la victoria aliada.

Al ser preguntado por la ausencia de países occidentales, Guo replicó que China organiza estos actos «para recordar la historia, honrar a los caídos, atesorar la paz y abrir el futuro».

También subrayó que, en aquel momento, «muchos países europeos y amigos ofrecieron ayuda valiosa e incluso dieron su vida, y sus gestas siempre serán recordadas por el pueblo chino».

No obstante, uno de los grandes olvidados de estas conmemoraciones son los «Tigres voladores», un escuadrón aéreo integrado por pilotos estadounidenses que combatieron en ciudades chinas como Kunming y Chongqing, bombardeadas por la aviación japonesa entre 1941 y 1942.

El escuadrón combatió en colaboración con el Gobierno nacionalista de Chiang Kai-shek, entonces con sede en la ciudad sureña de Chongqing, cuando Mao aún no había tomado el poder, protegiendo líneas de suministro vitales y derribando más de 200 aviones nipones en sus meses de actividad.

Y es que la invasión japonesa (1931-1945) transcurrió de forma paralela a la guerra civil entre nacionalistas y comunistas en China (1927-1949), quienes acordaron una tregua para hacer frente, de forma conjunta, a las tropas japonesas.

Aunque en China aún se mantiene viva la memoria del escuadrón, su papel suele quedar en segundo plano en las grandes ceremonias porque la narrativa del PCCh prioriza la resistencia del Ejército de Mao, minimizando la ayuda estadounidense o los esfuerzos de las tropas de Chiang, que acabaron exiliadas en Taiwán. EFE

jco/vec/cg

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