Dinero, relojes de cuco y confusión con Suecia: la imagen de Suiza desde fuera
Puntualidad, multilingüismo, neutralidad, oro, queso, yodel y, por supuesto… el acento sueco. Preguntamos a nuestras lectoras y lectores suizos en el extranjero qué clichés sobre la Confederación -verdaderos o falsos- escuchan con más frecuencia en sus países de residencia.
Cada país tiene sus clichés por los que es conocido en el resto del mundo. A veces reflejan la realidad, o al menos una parte de ella; otras son fruto de malentendidos y de una buena dosis de confusión. Y son precisamente estos últimos los que parecen exasperar más a nuestro público lector residente en el extranjero.
De hecho, la mayoría de los falsos tópicos que la diáspora helvética se ve obligada a desmentir son estereotipos… ¡sobre Suecia! «¿Eres suiza? ¿Por qué no eres alta y rubia?», es una pregunta que nuestra lectora Angela ha escuchado más de una vez. «Ustedes fabrican ese bonito automóvil, el Volvo, ¿verdad?», le preguntaron a Petra. «¡Ah, eres suiza!», le dijeron a Ruth. «¡Se nota por tu acento sueco!».
«Nunca aciertan», cuenta Mark. «Nos preguntan por Escandinavia o se muestran decepcionados cuando quieren oírnos hablar nuestra lengua materna y les respondemos en alemán, francés o italiano. “¡No, no, no, me refiero al sueco!”, dicen».
Es una situación a la que hay que acostumbrarse, aunque cuando entra en juego el orgullo nacional puede resultar más difícil de digerir, como ocurrió con este desliz de la realización internacional de los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina:
Por cada persona suiza que debe escuchar, con una complicidad mal entendida, un chiste sobre IKEA, seguramente hay una persona sueca que tiene que soportar una broma sobre el queso con agujeros. De esta confusión entre ambos países surgió en 2023 un divertido video promocional de la oficina de turismo de Suecia:
Las confusiones también afectan a otros países, pero esta vez no se deben a una similitud lingüística, sino al cine.
«¿La novicia rebelde? Nunca había oído hablar de ella hasta que me fui al extranjero», escribe Sibylle. El musical estadounidense, famoso por canciones como «Do-Re-MiEnlace externo» o «EdelweissEnlace externo», está lleno de hermosos paisajes alpinos. Austriacos, eso sí, no suizos.
¿Cómo no mencionar el reloj de cucú (o cuco)? Este invento, originario de la región de la Selva Negra en Alemania, es el ejemplo perfecto de lo que podríamos llamar «apropiación cultural involuntaria».
«Siempre me preguntaban por los relojes de cucú», escribe nuestra lectora Annie, «hasta que empecé a responderles dando prácticamente conferencias sobre el tema… y entonces dejaron de hacerlo».
Lamentablemente no disponemos de una transcripción de las clases impartidas por Annie, pero probablemente buena parte giraba en torno a Orson Welles y a su tan genial como impreciso (al menos para los oídos helvéticos) «discurso del reloj de cucú». Esos veinte segundos de gran cine en El tercer hombre son la razón por la que el reloj mecánico de madera alemán seguirá siendo atribuido a Suiza hasta el fin de los tiempos.
Dinero, dinero, dinero
La gran mayoría de los comentarios de nuestros lectores y lectoras se refieren a la supuesta riqueza de quienes provienen de la Confederación. Es cierto que, en términos de PIB per cápita, el país figura regularmente entre los diez primeros del mundo. Si a esto se suma la fama de los bancos suizos y de los relojes de lujo, no es de extrañar que a nuestra lectora Denise le hayan dicho: «Suiza es rica, se ganan 7.000 francos al mes y hasta se encuentran lingotes de oro por el suelo».
Muchos artículos de SWI swissinfo.ch relativizan esa visión. La pobreza también existe en Suiza y el elevado costo de vida también se refleja en los comentarios sobre los estereotipos helvéticos. Como el que escuchó Phillippa, a quien le preguntaron: «¿Es realmente tan cara Suecia?».
Béa, que también ha oído a menudo el comentario «ustedes están podridos de dinero», recuerda que muchos ciudadanos y ciudadanas helvéticos «se mudan al extranjero porque es sencillamente imposible sobrevivir en Suiza sólo con la pensión».
Felizitas, una ciudadana suiza residente en Australia, no pudo evitar encontrar hilarante el comentario de una mujer australiana que le dijo sin rodeos: «Si yo viniera de un país pobre como el tuyo, también intentaría emigrar a un lugar mejor».
¿Y la famosa limpieza y precisión suizas?
Un tópico recurrente, presente de diversas formas en los comentarios de nuestros lectores, es el de una Suiza impecable. «No veo que nadie mencione su legendaria limpieza», escribe Pierre, sorprendido de que no haya surgido antes.
Puntualidad, orden, trabajo bien hecho. Estas cualidades son clichés positivos muy extendidos, aunque a menudo tienen su reverso: una imagen de poca flexibilidad y excesiva regulación.
Suiza es «rica, segura, limpia, bonita, fría, precisa… y, por lo tanto, rígida», resume Jean Louis. «Siempre escucho dos versiones opuestas: por un lado, la precisión, el orden y la puntualidad; por otro, una cultura aburrida, gente ruda y tacaña», añade Ramiro. En Suiza se piensa «en términos de límites y prohibiciones, no de crecimiento y oportunidades», agrega Jorg.
Una vaca para Roger
Los estereotipos alpinos tampoco faltan. «No crecí en un chalet de madera ni sé cantar yodel», ha tenido que aclarar varias veces Alicia. «¿Duermen en camas de heno como Heidi?», le preguntaron a Tony. «¿No echas de menos la nieve y el esquí?», le preguntaron a Ruth, que sin embargo se siente muy a gusto en Florida y no sabe esquiar en absoluto.
«La gente da por sentado que me gusta el chocolate y el queso, y que soy un buen esquiador. ¡Todo eso es cierto!», escribe Stephan.
Hay que decir que la propia Suiza también contribuye a promover en el extranjero la imagen de un país bucólico dedicado al pastoreo. «¿Por qué Roger Federer recibe una vaca cuando gana… y dónde la guarda?», le preguntaron a Nick. Para quien no lo sepa, ocurrió de verdad. Tras su triunfo en Wimbledon en 2003, los organizadores del torneo de Gstaad, en el cantón de Berna, regalaron una vaca -Juliette- al campeón de tenis. En 2013, pese a la derrota en Inglaterra, le regalaron otra, Désirée. Las dos vacas, sin embargo, permanecieron en los pastos alpinos y nunca habitaron el jardín de la villa de Federer.
Neutrale, por lo tanto, sin ejército
La neutralidad aparece con menos frecuencia de lo que cabría esperar en los comentarios de nuestros lectores y, por lo general, está vinculada a una concepción inexacta de la Confederación.
«La neutralidad significa no tener ejército», escribe Jaime, resumiendo una idea muy extendida: un país neutral carecería, por definición, de fuerzas armadas. «¿Tiene Suiza ejército? ¿Es la navaja suiza su mejor arma?», le preguntaron con ironía a Víctor.
Y luego está la confusión entre la bandera suiza y el símbolo de la Cruz Roja, evocada por Christian. Un malentendido que, sin querer, refuerza la imagen de una nación más inclinada a la mediación que al conflicto. En otras ocasiones, sin embargo, la neutralidad se interpreta como sinónimo de oportunismo: una excusa que el país utilizaría «para comer de todos los platos», una crítica que A. recoge en nuestro debate.
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Neutralidad suiza: ¿qué camino tomar?
La mayoría de las suizas y los suizos no guarda en secreto un montón de lingotes de oro en la bóveda de un banco, no sabría sacar ni una sola nota en si bemol de un cuerno alpino y tampoco sería capaz de ordeñar una vaca con éxito. Pero de los comentarios de nuestros lectores y lectoras se desprende que la diáspora helvética ha desarrollado notables dotes pedagógicas para explicar su país de origen, demostrando a menudo una sorprendente -y muy suiza- capacidad de autoironía.
Texto original editado por Samuel Jaberg. Adaptado del italiano por Norma Domínguez. Versión en español revisada por Carla Wolff.
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