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El guet, el guardián de la noche de Lausana

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«La misión principal del guet comienza tras los tañidos de la campana, que aquí arriba son ensordecedores». Thomas Kern / SWI swissinfo.ch

Cuando la campana de la catedral de Lausana da las diez, comienza el trabajo de Alexandre Schmid, encargado de anunciar la hora a los cuatro puntos cardinales. Esa es la misión del guet, el vigilante de la noche que vela por la ciudad desde hace más de seis siglos. Hoy, esta figura forma parte de la identidad de esta ciudad suiza a orillas del lago Lemán.

Alexandre sube jadeando, pedaleando con fuerza. Cuando se queda sin aliento, se baja de la bicicleta y la empuja por las empinadas calles de Lausana. Su destino, la catedral, se alza en lo alto. Él vive abajo, cerca de la orilla del lago.

Es una noche de lluvia y viento, y todavía faltan quince minutos para las 22:00. No hay prisa. Aún queda tiempo para apoyar la antigua bicicleta contra un muro, subir los 153 escalones de la torre campanario, ponerse la gorra de fieltro, enfundarse la capa negra y convertirse en el guet.

«Es el guardián. ¡Ya dieron las diez! ¡Ya dieron las diez!»

Alexandre Schmid es, desde hace casi dos años, el guardián principal de la catedral de Notre-Dame de Lausana (Cathédrale Notre-Dame de LausanneEnlace externo). Un oficio heredado de otro tiempo. «Es un lugar magnífico. Me maravillo cada vez que subo hasta aquí. Disfruto de una vista única de la ciudad; amo Lausana», dice este hombre de 34 años, cuya barba negra se recorta bajo la tenue luz de la linterna colgada de la baranda del campanario. De pronto, el viento trae las campanadas del reloj de la vecina iglesia de Saint-François (Église Saint-FrançoisEnlace externo). Ya casi es la hora.

Una persona grita desde el campanario de la catedral
Entre las 22:00 y las 2:00, cada hora en punto, Alexandre Schmid grita la hora hacia los cuatro puntos cardinales. Thomas Kern / SWI swissinfo.ch

Alexandre se tapa los oídos con los dedos índices. Poco después, la centenaria campana de la catedral repica diez veces. Allí arriba, a treinta metros de la base del imponente edificio gótico, el sonido resulta ensordecedor. Cuando el eco se disipa sobre los tejados de la ciudad, le corresponde anunciar la hora. Ahueca las manos frente a la boca y, a pleno pulmón, grita hacia el este: «C’est le guet. Il a sonné dix! Il a sonné dix!» («¡Es el guardián! ¡Han dado las diez! ¡Han dado las diez!»).

Luego retira la linterna del gancho, se desplaza hacia el lado norte y repite el anuncio. A continuación, sigue con las demás direcciones cardinales. El orden es siempre el mismo: este, norte, oeste y sur.

En este vídeo de la ciudad de Lausana escuchamos la señal de las diez del guardián:

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Guardián de una tradición centenaria

Por una hora, su tarea ha terminado. El centinela regresa a la garita, la loge du guet (logia del guardián), como indica una placa de madera colgada en la puerta. Es una especie de alcoba, una habitación de pocos metros cuadrados con paredes de madera, calentada por una pequeña estufa eléctrica.

Alexandre cuelga el sombrero y la capa en un clavo. «El término guet deriva del verbo francés guetter («vigilar», «observar con atención»)», explica el guardián principal, quien pasa cinco noches a la semana, desde las 22:00 hasta las 2:00, en la cima de la torre campanario, marcando con su grito las horas en punto. No vigila, ni hace guardia, ni toca las campanas; es simplemente el custodio de una tradición secular.

«La primera mención documentada de la presencia de un ‘guet de la cathédrale’ se remonta al 4 de noviembre de 1405. Esta figura existía, sin embargo, desde mucho antes. Su tarea principal era dar la alarma en caso de incendio», relata Alexandre, quien estudió historia en la universidad y que ahora logra combinar su pasión por el pasado con un oficio que se pierde en la noche de los tiempos. «El guet – explica- debía también tocar y gritar las horas, además de velar por el orden público en la ciudad».

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«Incluso en la Edad Media, las casas estaban hechas casi en su totalidad de madera y paja. La única manera de cocinar o calentarse era encender un fuego y, por lo tanto, los incendios eran constantes. Cuando esto sucedía, el único sistema para apagarlos consistía en formar una cadena humana y pasarse baldes de agua. Era un método poco eficaz y, a menudo, se quemaban barrios enteros», cuenta el vigilante.

Campanas
Las dos campanas situadas a la izquierda y a la derecha de la garita marcan las horas. Los grafitis en el interior de las campanas sugieren que algunos visitantes subieron a la torre sin anunciar oficialmente su visita. Thomas Kern / SWI swissinfo.ch

Un pilar del sistema de vigilancia contra incendios

Fue en 1405 cuando se produjo uno de los incendios más graves de Lausana: gran parte de las viviendas situadas alrededor de la catedral quedaron reducidas a cenizas. Según un informe de la época, redactado por los delegados del barrio y por el obispo de la ciudad, una de las causas fue la demora de los centinelas en dar la alarma. «Cuando veía un incendio, el guardián de la catedral tomaba un martillo y golpeaba una campana para alertar a la población de que se había declarado un fuego», relata Alexandre. «Pero aquella noche se dio cuenta demasiado tarde. Probablemente se había quedado dormido».

Sin embargo, no era el único en estar de guardia. Otro centinela vigilaba el campanario de la iglesia de Saint-François. Además, existían otros guardianes, llamados «guardias de tierra», que patrullaban los distintos barrios. «Se comunicaban entre sí a gritos, señalando los focos de incendio y anunciando la hora. También era una forma de asegurarse de que el compañero no se hubiera dormido durante la ronda, quizá después de haberse quedado demasiado tiempo en una taberna», explica Alexandre.

Hasta comienzos del siglo XX, el guardián de la Catedral siguió siendo el pilar del sistema de vigilancia contra incendios de Lausana. Con el paso de las décadas, sin embargo, perdió progresivamente importancia. En 1907, la alarma fue encomendada a las sirenas de la ciudad y ya no al guet, quien continuó, no obstante, custodiando la torre día y noche. El verdadero cambio llegó, sin embargo, en la posguerra, con la instalación de un reloj automático y de un sistema mecanizado para tocar las campanas. Desde entonces, su función se limitó al anuncio de las horas. En el pasado, este servicio estaba dirigido sobre todo a quienes no sabían leer la hora o contar.

Una parte de la identidad de la ciudad

Desde 1960, ante la creciente dificultad para encontrar candidatos para este cargo, las autoridades de Lausana decidieron limitar su actividad al horario comprendido entre las 22:00 y las 2:00.

«Dado que la utilidad del centinela se ha vaciado de todo contenido práctico, esta actividad entra en otra categoría, ciertamente más fantasiosa, quizá más mítica. El guet se convierte en un personaje atemporal que sorprende y fascina», puede leerse en la descripción del sitio de las Tradiciones Vivas en Suiza.Enlace externo

Persona leyendo tumbada
Durante la noche, Alexandre dispone de la tranquilidad y el tiempo necesarios para dedicarse a sus lecturas. Hoy se trata de un libro sobre la lucha de clases en el Imperio romano. Thomas Kern / SWI swissinfo.ch

«¿Será precisamente esta aparente inutilidad la que convierte al guet en un personaje tan legendario?», le preguntamos con cierta provocación al nuevo guardián.

«Creo que es el hecho de estar fuera del tiempo lo que hace a esta figura tan fascinante», observa Alexandre. «El sentido de este oficio radica sobre todo en el vínculo con el pasado y en el afecto que sienten la gente de Lausana hacia él. Es un elemento que contribuye a crear la identidad de la ciudad y de quienes viven en ella, haciéndonos decir: “¡En otros lugares no es como aquí!”». Y, en efecto, las ciudades europeas con un guardián activo los 365 días del año se cuentan con los dedos de una mano: Ripon, en el Reino Unido; Cracovia, en Polonia; Ystad, en Suecia; Annaberg-Buchholz y Celle, en Alemania.

Además de Alexandre Schmid, siete vigías suplentes garantizan la continuidad de la tradición. Entre ellos, Cassandre Berdoz se convirtió en 2021 en la primera mujer en la historia en desempeñar este cargo.

Aunque el progreso tecnológico ha vuelto innecesaria la función original del guet, Lausana nunca ha querido renunciar a su centinela nocturno.

En 1946, el traslado de la sala del vigía del segundo al primer piso de la torre generó una fuerte preocupación entre los habitantes, que temían que se tratara del inicio de la desaparición de una figura a la que estaban profundamente vinculados.

En 1960, cuando las autoridades decidieron limitar la presencia del guet en la torre a cuatro horas por noche, de 22:00 a 2:00, la prensa regional publicó titulares como «Sauvons le guet» («Salvemos al guet») y «Serait-ce l’agonie du guet?» («¿Será esta la agonía del guet?»). Fue una muestra del profundo apego de la población de Lausana a una tradición que se ha convertido en parte de la identidad de la ciudad.

«No creo que exista otro lugar igual»

Amante de la tranquilidad y de los libros, Alexandre Schmid no tuvo dudas cuando descubrió que la ciudad buscaba un nuevo guardián principal para la Catedral. Debía tomar el relevo de Renato Häusler, quien, primero como suplente entre 1987 y 2002 y luego como titular hasta 2024, dedicó casi cuatro décadas a esta función. En la cara interior de una de las puertas del armario de la habitación de la torre, Häusler dejó una silenciosa huella del tiempo transcurrido allí: una larguísima serie de rayas hechas con bolígrafo, una por cada noche pasada sobre los tejados de Lausana. En 22 años fueron 3.398 noches.

Tras haber conversado durante casi una hora, Alexandre se levanta, toma de nuevo el sombrero y la capa del clavo. Debe volver al exterior para anunciar la hora a los cuatro puntos cardinales. En el umbral le preguntamos si, después de dos años, se ha arrepentido de su elección. «No, nunca», responde sonriendo mientras observa las luces de la ciudad a sus pies. «Para dejar un lugar así tendría que encontrar otro igual de excepcional. Pero no creo que exista».

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moderado por Zeno Zoccatelli

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Editado por Zeno Zoccatelli. Adaptado del italiano por Norma Domínguez. Revisado por Carla Wolff.

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