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El campeón mexicano que triunfa en la lucha libre ultraviolenta de Japón

Jorge Dastis

Tokio, 12 jun (EFE).- El luchador mexicano Violento Jack lleva más de 200 días en la cima de su promotora, un grupo pequeño pero influyente dedicado al ‘deathmatch’, la lucha libre ultraviolenta de Japón, pero con una hija pequeña y a tres años de cumplir los 40, mira ahora más allá del espectáculo para intentar dejar su impronta en el mundo.

«La lucha puede ser tan profunda o tan superficial como tú quieras», asegura Jack a EFE, sus brazos llenos de cicatrices, el cinturón de campeón en su bolsa.

El ‘deathmatch’ es el nicho dentro del nicho, un estilo de lucha libre dominado por la sangre y la violencia extrema. Los combates son viscerales y difíciles de digerir para los no iniciados.

En un combate ‘deathmatch’ todo vale como arma: tubos fluorescentes, navajas de afeitar, explosivos… Los luchadores pasan gran parte de su tiempo montando artefactos caseros para hacer las luchas más dramáticas, como tablas llenas de cuchillas o bates recubiertos de alambre de púas.

Aunque existen promotoras y luchadores que se dedican al ‘deathmatch’ en todo el mundo, el estilo se asocia generalmente a Japón, donde figuras como Atsushi Onita o Jun Kasai han logrado traspasar la frontera de la ultraviolencia y convertirse en auténticas leyendas de la industria.

De México a Japón

Jack llegó a Japón de la mano de Jun Kasai, que en 2012 andaba en busca de nuevos rivales. «En verano se había enfrentado a un estadounidense y había sido algo grande. Un amigo le comentó: ‘Oye, ¿has visto la lucha extrema de México?'», cuenta.

Por aquel entonces, Jack llevaba ya algunos años compitiendo en México y aunque ganaba algo de dinero, todavía pensaba que se acabaría dedicando a la psicología organizacional, que estudió en la universidad.

Pero su primer combate con Kasai, en el mítico recinto Korakuen Hall de Tokio, especializado en deportes de combate, y junto a Aeroboy, su amigo de toda la vida, le cambió los planes.

«Regresando a México ya fue cuando dije: ‘No, yo quiero hacer esto'», recuerda.

FREEDOMS, la promotora para la que ahora trabaja Jack, lo llamó en 2013 para participar en un torneo de verano. Unos años después lo invitó un mes a combatir en Japón. Jack empezó a estudiar japonés. En 2016 empezó a salir con la que se acabaría convirtiendo en su esposa, una aficionada japonesa que había visto en algunas de sus funciones.

Para 2018, ya había tomado la decisión de quedarse en Japón. FREEDOMS lo ayudó a tramitar el visado y, desde entonces, ha ganado cinco veces su máximo campeonato, la última en agosto del año pasado.

Fantasía y realidad

En 2020 nació su primera hija. Jack reconoce que convertirse en padre ha cambiado su forma de ver la lucha libre. «No puedo comportarme como un chaval de veintitantos y ser un idiota», dice. Su plan es llegar combatiendo a los 50 años, por lo que quiere bajar el ritmo de la violencia y centrarse en hacer combates más técnicos.

Pero incluso con las caídas, los golpes y los cortes, Jack defiende que los luchadores de ‘deathmatch’ están en mucha mejor forma física que un empleado de oficina que se pasa ocho horas al día delante de un ordenador.

«A veces la gente no se da cuenta de que hay cosas que hacemos que te lastiman mucho más que esto», dice señalando sus cicatrices.

Más allá del cuadrilátero, el luchador busca una manera de dejar su marca en el mundo. Quiere escribir un libro de memorias y confía en que, tras años de retrasos, está cerca el momento de comenzarlo.

Dentro del cuadrilátero Jack ha empezado a utilizar momentos de su día a día como inspiración para construir historias. Cuando su hija le confesó un día que le preocupaba no recibir un premio en clase, él le explicó que lo importante no es el objeto en sí, sino saber por qué te esfuerzas.

Poco después, en un combate por el título de campeón, su retador lamentó que después de nueve años haciendo ‘deathmatch’ no había conseguido ningún cinturón.

«Lo que te hace campeón no es el cinturón», le dijo entonces Jack. «Para ser un campeón necesitas sentirlo, esforzarte. El cinturón no es más que lo que recibes», recuerda.

Unos días después del combate, durante una convención, una aficionada se acercó a darle las gracias. Le dijo que había aplicado sus palabras al trabajo y el mensaje le había ayudado muchísimo.

«Alguien me va a decir: ‘No, solo es golpes, sangre, violencia'», dice Jack sobre el ‘deathmatch’. «Si solo ves eso, puede ser solo eso, nada más. Pero si rascas más en el fondo…», explica el luchador, y el público conecta con la historia, puedes llegar a mucha gente: «Se junta la fantasía con la realidad». EFE

jdg/pav/mra

(foto)(vídeo)

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