En Lima hubo esclavos indígenas de América y Asia en los siglos XVI y XVII, revela libro
David Blanco Bonilla
Lima, 15 mar (EFE).- La esclavitud, servidumbre y explotación laboral de indígenas de diferentes regiones de América y Asia «existió y se toleró» en Lima, la capital del Perú, en los siglos XVI y XVII, a pesar de que desde 1500 la corona española había prohibido esa práctica para sus súbditos americanos, reveló una investigación del periodista peruano Ítalo Sifuentes.
«Poca estudiada, y menos aun difundida, es la existencia de la esclavitud, la servidumbre de aborígenes, de nativos de Asia y América en el reino del Perú», declaró a EFE Sifuentes, autor del libro ‘Secretos de Lima. Hechos de América y Asia’.
La investigación revisa documentos coloniales para revelar la existencia de hasta «300 esclavos, sirvientes y migrantes indígenas de origen no peruano encontrados en las casas, conventos y tiendas de la opulenta capital del virreinato del Perú».
Los documentos prueban que en Lima residían bajo esas condiciones indígenas nacidos en 17 diferentes territorios de actuales países de América y Asia, a los que se conocía como «esclavos de la tierra».
Sifuentes presenta los antecedentes históricos, procedencia geográfica, sexo, situación social y otras informaciones de las personas bajo estas condiciones y sus respectivas etnias, junto con un listado con sus identidades.
Los documentos coloniales
La novedosa información histórica fue encontrada por el autor al revisar los documentos ‘Protocolo Ambulante de los Conquistadores’ (1533-1537), el ‘Libro del Cabildo de Lima’ de 1539, y el ‘Padrón de Indios de Lima’ (1613-1614).
El grueso de los datos figura en el ‘Padrón de Indios de Lima’, un censo elaborado durante cuatro meses, entre 1613 y 1614, cuando se visitaron 3.163 casas, conventos, tiendas y otros establecimientos de Lima.
Se menciona que 226 indígenas de América residían en Lima, de los cuales 94 procedían del actual Chile, 76 de Ecuador, 18 de Colombia, quince de Bolivia, dos de Panamá, dos de Argentina, dos de México y 17 de Nicaragua y Guatemala.
También se encontraban 74 indígenas procedentes de Asia, de los cuales 26 eran de la India Portuguesa, catorce de Filipinas, trece de China, diez de Malasia, siete de Japón, dos de Macao, uno de Bengala, uno de Camboya.
De los indígenas americanos, veinte eran esclavos, 77 sirvientes y 129 vivían bajo explotación laboral, mientras que entre los de Asia, 29 eran esclavos, veinte sirvientes y 25 trabajadores explotados.
Sifuentes recordó que la reina Isabel la Católica había prohibido en 1500 la esclavitud de indígenas en América, aunque los documentos prueban que esa orden se desobedeció «con total impunidad».
«Los traficantes, los esclavistas, hacían caso omiso de estas disposiciones de la monarquía española y encontraron un negocio, al igual que los procedentes de África, contraviniendo todas las normas», sostuvo.
En los documentos se revela, incluso, «que estos nativos tenían las caras marcadas, que los encuentran con herrados, con la marca que usaban para los esclavos» procedentes de África, anotó.
Un niño mapuche llamado Colo Colo
El investigador también menciona otras informaciones desconocidas, como el hallazgo de un niño de ocho años de origen mapuche llamado Pedro Colo colo, como el famoso líder indígena, que residía en Lima durante el censo de 1613 y 1614.
Otro documento, el ‘Memorial de las Historias del Nuevo Mundo. Perú, méritos y excelencias de la Ciudad de los Reyes’, terminado de escribir en 1630, «permite conocer la opulencia de Lima durante las primeras décadas del siglo XVII».
Esta opulencia, basada en la riqueza minera del país, «explica de alguna manera por qué Lima era prácticamente el ombligo de la esclavitud de este lado del nuevo mundo», comentó Sifuentes.
Para el autor, la confirmación de la existencia de esta esclavitud indígena «definitivamente trastoca todo lo que se conocía», ya que siempre se habló solo de la procedente de África.
«Este es un pedazo de la historia peruana, de América y de Asia, que ha quedado en el olvido, pero con este libro se pone en relieve la necesidad de mirar nuevamente los documentos antiguos y encontrar novedades que permitan irnos conociendo mejor», concluyó. EFE
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