Los conductores de Uber luchan desde Suiza contra los algoritmos
Los conductores de Uber de toda Europa cuestionan los algoritmos opacos que determinan lo que cobran y los viajes que se les asignan. Su lucha por la transparencia tiene sus raíces en Ginebra.
Poco después de empezar a trabajar con Uber, Brahim Ben Ali, un exconductor de cuarenta años de las afueras de Lille (Francia), se da cuenta de que algo no cuadra. «Veía a gente que ganaba más que yo, aunque yo pasara ocho o diez horas en la calle. No entendía por qué». A veces Ben Ali —conductor para Uber entre 2015 y 2019— pasaba entre 60 y 70 horas a la semana al volante y ganaba menos de 6 euros a la hora: muy por debajo del salario mínimo francés.
Ben Ali cuenta que la aplicación animaba a los conductores a desplazarse a determinadas zonas, atraídos por tarifas más altas y una mayor demanda, que, una vez allí, desaparecían. Según explica, los conductores que rechazaban demasiados viajes recibían menos ofertas o eran desconectados de la plataforma. «Se divertían con nosotros como si fuéramos Pokémon», afirma Ben Ali.
Cada vez más receloso y con la esperanza de poder entender mejor el funcionamiento de la aplicación, Ben Ali pidió a la plataforma todos los datos concernientes a él. Pero rechazaban sus solicitudes o las atendían solo de manera parcial.
Así es como comenzó a luchar contra los algoritmos y las prácticas del gigante tecnológico estadounidense. Junto con su sindicato, Ben Ali organizó en 2019 grandes manifestaciones por toda Francia. Fue dado de baja de la plataforma sin ninguna explicación después de estas manifestaciones. «El equivalente a un despido», señala.
Ben Ali está convencido de que quien decidió darle de baja de la aplicación no fue un equipo de recursos humanos, sino un algoritmo. Para demostrarlo, primero se dirigió a la autoridad francesa de protección de datos. Después, a través de un conocido común, conoció a Paul-Olivier Dehaye, matemático y fundador de PersonalData.IO, una asociación con sede en Ginebra que ayuda a ejercer sus derechos sobre los datos personales a quienes trabajan para las plataformas, como conductores y repartidores, entre otros.
De este modo, el sindicato francés y la asociación suiza han unido fuerzas para sacar a la luz las prácticas de Uber.
Reconstruir el «sistema Uber» desde Ginebra
Dehaye sostiene que «todo el mundo tiene derecho a obtener los datos que documentan sus condiciones laborales». Un derecho que se reforzó en 2018, cuando en la Unión Europea entró en vigor el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD). Dehaye ayuda a los conductores de toda Europa a obtener sus datos aprovechando el RGPD.
No resultó fácil. Incluso supuso todo un reto averiguar a quién enviar una solicitud formal. Y cuando Uber respondía, la información solía estar incompleta, dice Dehaye. «Siempre faltaba algo», afirma. Dehaye insistió durante meses, sin dejar de presionar a Uber. «Fui hasta la sede central (europea) en Ámsterdam para obligar a Uber a escucharnos».
Una vez que por fin consiguieron acceder a los datos, Dehaye y los conductores comenzaron a reconstruir las piezas del sistema de Uber. Descubrieron que la plataforma recopila grandes cantidades de información: durante cuánto tiempo ha estado disponible el conductor; cuánto tiempo ha estado esperando antes de recibir un servicio; dónde estaba antes de aceptarlo; cuántos servicios rechazó; cuándo se dirigió hacia un cliente y cuándo lo transportó.
Según Dehaye, lo que de estos datos se desprende es un control algorítmico estricto sobre el trabajo de los conductores. Él argumenta que los algoritmos de Uber hacen mucho más que simplemente poner en contacto a conductores y pasajeros: utilizan la inteligencia artificial (IA) y modelos de aprendizaje automático para determinar las tarifas y desempeñan un papel a la hora de decidir cómo se asignan los viajes. Los sistemas automatizados pueden intervenir, además, en las decisiones de desconectar a los conductores.
¿Manipulación algorítmica?
En Zúrich, el conductor de Uber Cem Kurun ha contado a Swissinfo que, una vez, comparó lo que había ganado por un trayecto con lo que el pasajero decía haber pagado, y había una diferencia de casi el 50 %. Menciona, además, el caso de un colega que habría recibido poco más de 30 francos por un trayecto por el que el pasajero habría pagado 80 francos.
Igual que Ben Ali, Kurun sospecha que el comportamiento de los conductores puede influir en la asignación de los trayectos y que quienes rechazan muchas ofertas pueden verse penalizados.
«Cuando espero junto con otros conductores, a menudo me doy cuenta de que ellos siguen recibiendo pedidos mientras yo me quedo ahí esperando», afirma. El día que habló con Swissinfo, Kurun declaró que había trabajado unas nueve horas, desde las 8 de la mañana, y que apenas había ganado 70 francos.
Uber rechaza de manera categórica estas acusaciones. Para la empresa las afirmaciones según las cuales modificaría los precios o los viajes propuestos a los conductores en función de su comportamiento individual, como el rechazo de un viaje, son «completamente falsas».
Multas millonarias contra Uber
Dehaye y su asociación —uniendo fuerzas con conductores activistas como Ben Ali en Francia— han contribuido a varias acciones legales contra Uber.
En 2023, la empresa fue multada con 10 millones de euros por una serie de incumplimientos de las obligaciones de transparencia y de los derechos de los conductores en relación con sus datos. Al año siguiente, recibió una multa de 290 millones de euros por haber transferido a Estados Unidos los datos personales de conductores europeos.
Este verano, la autoridad neerlandesa de protección de datos impuso a Uber una multa de casi 825 millones de euros por haber suspendido temporalmente o desactivado definitivamente las cuentas de los conductores mediante procesos de toma de decisiones totalmente automatizados, lo que supone una infracción de las normas del RGPD.
Estos resultados están impulsando nuevas acciones en toda Europa.
Con el apoyo inicial de Dehaye y su organización con sede en Ginebra, el exconductor británico James Farrar se ha sumado a la lucha por conseguir acceder a los datos de los conductores. La organización dirigida por Farrar, Worker Info Exchange International, recientemente ha iniciado una nueva demanda colectiva en nombre de unos 240.000 conductores de toda Europa. Lo ha hecho en los Países Bajos, donde Uber tiene su sede europea.
Worker Info Exchange estima que los cambios en el sistema de remuneración de Uber han reducido en unas 5.000 libras esterlinas los ingresos anuales de los conductores. Uber rechaza estas acusaciones y sostiene que las tarifas de los viajes solo se basan en información en tiempo real sobre el trayecto, como la duración, el punto de partida y el destino.
Ben Ali considera que, tras años de «condiciones laborales miserables» —según sus palabras—, las pérdidas de los conductores son mucho más cuantiosas. Ahora, junto con Dehaye y unos 19.000 conductores, trabaja en una demanda colectiva independiente. Las reclamaciones de indemnización podrían ascender a unos 40.000 euros por conductor, de acuerdo a sus cálculos.
«¿Por qué Uber debería ser quien se enriquezca a nuestra costa gracias a nuestros datos?», se pregunta Ben Ali. «Tenemos que recuperar el control de nuestra información», señala, al tiempo que promete seguir luchando. «Seré la peor pesadilla de la IA», dice.
Artículo editado por Gabe Bullard. Adaptado al español por Lupe Calvo y revisado por Carla Wolff.
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