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La Indonesia del exgeneral Prabowo tropieza en su camino hacia la élite económica mundial

María Carcaboso Abrié y Steven Handoko

Bangkok/Yakarta, 3 jun (EFE).- Indonesia, una de las grandes promesas del mundo emergente por su abundancia de recursos naturales y vasta población, venía sonando como candidata a convertirse en la cuarta economía mundial para 2050, pronóstico que pierde ahora fuerza por el intervencionsimo y deriva autoritaria, según sus críticos, del presidente Prabowo Subianto.

La última decisión polémica del mandatario, un exgeneral que llegó al poder en octubre de 2024 como sucesor del popular Joko Widodo, quien elevó el perfil internacional de Indonesia durante su década de mandato, ha sido la centralización de las exportaciones de materias primas estratégicas a través de una nueva agencia estatal.

La iniciativa, cuya implantación comenzó esta semana, afecta al aceite de palma -del que Indonesia es el mayor productor mundial junto a Malasia-, el carbón y las ferroaleaciones, y analistas sostienen que va en línea con las medidas de control empresarial e intervención estatal emprendidas por Prabowo.

«El principal riesgo es que los inversores empiecen a percibir a Indonesia -que cuenta con las mayores reservas de níquel del planeta- como un país cada vez más impredecible e intervencionista», asegura a EFE Qi Hang Tay, analista de la Economist Intelligence Unit.

Según Tay, esa percepción podría desalentar la entrada de capital privado en la principal economía del Sudeste Asiático, especialmente de inversores institucionales occidentales, lo que acabaría lastrando la creación de empleo, el crecimiento de la productividad y la expansión de la clase media.

Políticas «autoritarias»

Su valoración coincide con la de otros expertos y oenegés que alertan del periodo de incertidumbre que atraviesa la tercera mayor democracia del mundo bajo políticas «autoritarias», según organizaciones de derechos humanos, que suscitan dudas sobre la dirección institucional y económica del país.

Entre ellas, la militarización de las instituciones o la creación del fondo soberano Danantara Indonesia, supervisado por el propio presidente y que tomó el control de decenas de empresas estatales. La agencia Danantara Sumberdaya (DSI), dependiente del fondo, será asimismo la encargada de centralizar las exportaciones de recursos.

En una primera fase que durará hasta diciembre, DSI actuará como tasadora e intermediaria en operaciones de ventas al exterior y, a partir de enero de 2027, comprará las materias primas a exportadores nacionales para revenderlas en los mercados internacionales.

«Queremos saber con exactitud cuánta de nuestra riqueza se está vendiendo», afirmó Prabowo en mayo, cuando señaló que el objetivo es combatir prácticas como la subfacturación o la manipulación de precios de transferencia.

Inquietud en el sector privado

En el sector privado, surgen dudas: el director del Foro de Productores de Aceite de Palma de Indonesia (POPSI), Mansuetus Darto, advierte a EFE que «el Gobierno debería ser cauto» y considerar también las «implicaciones globales».

Según Darto, compradores internacionales y empresas de la industria de derivados en países como Reino Unido y Francia ya están tratando de obtener claridad sobre el nuevo sistema indonesio, que convertirá a DSI como ventanilla única para la exportación de aceite de palma, carbón y ferroaleaciones.

Tanto Goldman Sachs como la agencia de calificación de riesgo Moody’s han alertado sobre los riesgos de invertir en activos indonesios; y el proveedor de índices bursátiles MSCI advirtió que podría degradar al país de mercado emergente a frontera.

En este contexto, Singapur superó recientemente a Yakarta como el mayor mercado bursátil del Sudeste Asiático.

Todo ello «ya refleja una pérdida de confianza de los inversores en Indonesia, en un momento en que aumentan las preocupaciones sobre la gobernanza, la credibilidad fiscal y la dirección de las políticas públicas», afirma Tay.

En la misma dirección opinan empresarios como Nadiem Makarim, exministro de Educación (2019-2024) y uno de los emprendedores más exitosos de Indonesia, cofundador de la plataforma de transporte y reparto Gojek, entre las principales compañías del país.

Makarim está siendo juzgado en un controvertido caso de supuesta corrupción relacionada con la compra de ordenadores Chromebook para empresas públicas entre 2020 y 2022, que la Fiscalía asegura causó pérdidas de unos 2 billones de rupias (112 millones de dólares) al Estado, por lo que piden 18 años de cárcel para él.

El potencial de Indonesia para convertirse en cuarta economía mundial para 2050 -actualmente se sitúa en el puesto 16, según el Fondo Monetario Internacional (FMI)- ha sido destacado durante años, debido a factores demográficos favorables (con alrededor del 28 % de sus 288 millones de habitantes con edades entre 10 y 24 años, según la ONU), abundantes recursos naturales y un amplio mercado interno.

«Sin embargo, la narrativa ha cambiado ligeramente: de considerar a Indonesia como la próxima gran historia de éxito entre los mercados emergentes, se ha pasado a una creciente preocupación por la gobernanza, la imprevisibilidad de las políticas y el deterioro institucional» bajo Prabowo, concluye Tay. EFE

sh-mca/pav/alf

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